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¿Por qué a casi nadie (excepto a Trump) les gustan los aranceles?

Suenan a industria nacional, soberanía y empleo, pero en la práctica suelen encarecer productos, distorsionar mercados y generar guerras comerciales. Trump los ha puesto de nuevo sobre la mesa, y con fuerza.

03 de abril de 2025 - 02:03 p. m.
En la economía global actual, donde el comercio ha creado telarañas que cruzan fronteras, los aranceles suelen crear más problemas que soluciones. Getty Images
Foto: Getty Images/iStockphoto - Nuthawut Somsuk
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Pocas cosas unen tanto a economistas de izquierda o derecha, ortodoxos, heterodoxos y pragmáticos, como su desconfianza hacia los aranceles. Y, sin embargo, ahí están otra vez en el centro del debate global.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de ampliar su política arancelaria con una jugada doble.

El miércoles, el mandatario informó que impondrá una tarifa base del 10 % a todos los países que comercien con Estados Unidos; así mismo, activó un sistema de aranceles recíprocos que castiga con tasas mucho más altas a los países con los que EE. UU. mantiene altos déficits comerciales.

Entre anuncio y anuncio, Trump arrojaba frases como “(los aranceles) nos harán más ricos”; “seremos mucho más grandes que nunca”; “nuestro país ha sido saqueado, violado y expoliado por naciones cercanas y lejanas”, entre otras.

Pero, más allá del patriotismo que el mandatario evocó con sus palabras, la jugada puede salirle cara al comercio global e, incluso, a su propio país.

Primero lo primero: ¿qué es un arancel?

Un arancel es un impuesto que un país cobra sobre los bienes que entran desde el extranjero. Es decir, si una empresa en Colombia quiere importar zapatos de otro país, el Gobierno puede imponer un arancel, digamos, del 5 %. Eso significa que esos zapatos llegan más caros al mercado local.

La idea detrás de esto es sencilla: hacer que los productos extranjeros compitan en desventaja para que los consumidores prefieran los bienes hechos en casa. En otras palabras, proteger la producción nacional.

Los aranceles pueden ser aplicados sobre porcentaje sobre el valor del producto (de ahí que se hable en porcentaje) o específicos (para un volumen específico de las importaciones, por ejemplo, 30.000 toneladas libres de aranceles y al resto se les aplica el impuesto).

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También pueden ser generales (para todos los países, como el 10 % universal anunciado este miércoles) o diferenciados (como los aranceles al acero y al aluminio de México y Canadá).

Impuestos que nadie extraña (y por algo será)

Los aranceles no son una novedad. Han existido durante siglos como una forma de proteger industrias, recaudar ingresos o responder a prácticas comerciales desleales.

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A lo largo de la historia, los aranceles se han usado con distintos fines. Dentro de los más comunes están:

  • Proteger industrias nacientes que necesitan tiempo para fortalecerse antes de competir con gigantes globales.
  • Defender sectores vulnerables, como el agrícola.
  • Responder a prácticas comerciales desleales, como el dumping (vender por debajo del costo para sacar competidores).
  • Recaudar ingresos fiscales

A esta idea se le ha llamado “proteccionismo económico”, y en algunos momentos históricos ha tenido sentido.

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Pero en la economía global actual, donde el comercio ha creado telarañas que cruzan fronteras y los países dependen unos de otros, los aranceles suelen generar más problemas que soluciones.

“Los aranceles de Trump tienen varios problemas”, explica Daniel Rangel, director de investigaciones de Rethink Trade, un centro de pensamiento con sede en Washington.

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“La magnitud y cobertura son excesivas, la dispersión por país es difícil de administrar y la incertidumbre sobre su duración genera inestabilidad”, añade.

¿Qué efectos tienen los aranceles en la economía?

Aquí es donde aparece el consenso. Aunque los aranceles pueden tener efectos positivos puntuales, como proteger temporalmente una industria o responder a prácticas desleales, lo cierto es que en la mayoría de los casos terminan generando más distorsiones que beneficios.

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Una de las principales consecuencias es el aumento de precios para el consumidor. Al encarecerse los productos importados, lo que se paga en tiendas también sube, y hasta los productos locales pueden elevar sus precios al quedar sin competencia directa.

Un análisis de Moody’s, una de las principales firmas calificadoras de riesgo, aseguró que si se aplican aranceles generalizados la recesión pasa de ser una posibilidad teórica a una realidad tangible casi que de forma inmediata. Los efectos económicos adversos durarían al menos un año y la tasa de desempleo pasaría 7 % (actualmente está en 4,1 %).

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Además, al limitar las importaciones, los aranceles también reducen la variedad de bienes disponibles, lo que puede traducirse en menos opciones, menor calidad y poca presión para innovar.

Y muchas empresas locales dependen de materias primas, piezas o tecnologías del exterior. Si estos insumos se encarecen por culpa de los aranceles, sus costos también suben, y con eso pierden competitividad tanto a nivel nacional como internacional.

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El miércoles Trump mencionó que China le impone 65 % de aranceles al arroz estadounidense, pero no mencionó que durante la primera ronda de guerra comercial en su anterior mandato la administración federal tuvo que ofrecer ayuda para agricultores de ese país que se vieron perjudicados por los aranceles de ese entonces.

A todo esto se suma un riesgo que ya es familiar: las represalias. Los países afectados suelen responder con sus propios aranceles, lo que lleva a guerras comerciales en las que todos tienden a perder.

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Y como si fuera poco, los aranceles introducen un ingrediente que la economía odia: la incertidumbre.

Las empresas no pueden planificar a largo plazo, las inversiones se frenan y el comercio se vuelve impredecible, lo que termina pegándole la cotización de las monedas.

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Así lo señala José Ignacio López, presidente del Centro de Estudios Económicos ANIF, quien advierte que, pese a lo agresivas que son las medidas anunciadas, por ahora se observa una depreciación del dólar a nivel global.

En su análisis, eso podría interpretarse como una señal de que el mayor proteccionismo va en contra de la economía y de los consumidores de Estados Unidos. También ve posible que este escenario abra la puerta a una reducción de tasas de interés por parte de la Reserva Federal, lo que, de manera indirecta, podría resultar favorable para Colombia.

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Colombia, entre riesgos y oportunidades

Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia. En 2024, el 28,9 % de nuestras exportaciones fueron a ese país, según datos del DANE. Por eso, cualquier cambio en sus reglas de juego tiene impacto aquí.

  • Lo bueno: productos como el petróleo y sus derivados y el oro, que son clave en nuestras exportaciones, quedaron exentos de los nuevos aranceles.
  • Lo no tan bueno: a falta de mayores detalles técnicos sobre los alcances del arancel universal del 10 %, productos como el café y las flores sí estarían cobijados por esta. Aunque estas exportaciones podrían ganar ventaja frente a competidores como Vietnam, que enfrenta aranceles del 46 %.

“Tomemos el caso del café: Colombia es el segundo país exportador de café a EE. UU., y aunque se enfrenta a un arancel de 10 %, este mismo porcentaje aplica para Brasil, su principal competidor, mientras que Vietnam, otro gran proveedor, enfrenta un arancel mucho más alto, de 46 %. Esta diferencia abre una ventana de oportunidad para Colombia en ese mercado” dice María Claudia Lacouture, directora de la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham).

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Entonces… ¿nunca se deben usar aranceles?

Expertos que han estado encargados de la política exterior de Colombia coinciden en que no se trata de demonizar a los aranceles, porque pueden tener sentido en ciertos momentos y sectores: cuando se aplican de forma temporal y como parte de una estrategia más amplia de desarrollo productivo.

El problema es cuando se usan como herramienta permanente, como gesto político o como medida de fuerza. Ahí, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

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“Este es el momento de fortalecer la productividad, la promoción y la diversificación de mercados. Con inteligencia comercial y unidad, se puede enfrentar y salir fortalecidos”, reitera Lacouture.

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Por Daniel Felipe Rodríguez Rincón

Comunicador Social y Periodista. Desde 2017, se ha desempeñado en diferentes medios de comunicación colombianos. DanfeRodriguez drodriguez@elespectador.com
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