Este miércoles, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos subió sus tasas de interés en un cuarto de punto porcentual. Este es el décimo aumento consecutivo desde 2022, pensado para seguir cerrándole el paso a la inflación, a pesar de las señales de dificultades de la economía y la reciente crisis bancaria.
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“El comité seguirá de cerca la información entrante y evaluará las implicaciones para la política monetaria”, dijo el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en inglés) en un comunicado publicado en paralelo con el anuncio de la decisión.
El documento tiene un punto de vital importancia, pues omitió una línea del comunicado publicado en marzo, que decía que el comité “anticipa que podría ser apropiado un endurecimiento adicional de la política”.
En otras palabras, la Fed parece ver en el horizonte una posible pausa en la subida de las tasas de interés. En lugar de la frase faltante, el FOMC tomará en cuenta varios factores “para determinar hasta qué punto podría ser apropiado reafirmar políticas adicionales”.
Sin embargo, en una rueda de prensa posterior al anuncio, Jerome Powell, presidente de la Fed, no se comprometió con esta pausa, sino que (como es costumbre con los banqueros centrales) dijo que la Reserva continuará monitoreando el comportamiento de la inflación, pero también los coletazos de la crisis bancaria que arrancó en marzo y que hasta hoy sigue impactando algunos mercados (aunque sin la escala apocalíptica que se pensó en un principio).
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Con este aumento, las tasas de la Reserva se ubican en una horquilla del 5 % al 5,25 %. Este es su nivel más alto desde 2007 y contrasta con el que registraba a principios del año pasado, cuando aún se encontraban cercanas al cero, luego del paquete de estímulos que impulsó la Fed para contrarrestar los efectos derivados de la pandemia de covid-19.
Vale resaltar que la votación del Comité, en esta ocasión, fue unánime.
Los miembros de la Fed afirmaron que observarán los efectos de sus decisiones y el plazo en que tengan efecto en la economía real, pero también considerarán “la evolución económica y financiera” para decidir si es necesario un mayor endurecimiento para que la inflación vuelva a la meta del 2 %.
Powell dijo a la prensa que la política monetaria es ahora “restrictiva”; es decir, que impide que la actividad económica se siga recalentando. En consecuencia, dijo, “hoy no se tomó ninguna decisión sobre una pausa”. El apoyo a una subida de un cuarto de punto porcentual “era muy fuerte en el Comité”, subrayó y añadió que “se hablaba de una pausa, pero no realmente para esta reunión”. Y no se prevé ninguna reducción de las tasas antes de fines de año, porque la inflación “no va a bajar rápidamente”, dijo Powell.
Entre espadas y paredes
La decisión de la Fed llega no solo en un escenario en el que la inflación no termina de bajar (al menos no con la velocidad esperada), sino también con una crisis de confianza en algunos bancos de mediano tamaño en Estados Unidos.
El rápido endurecimiento de la política monetaria en el último año, destinado a frenar las tasas de inflación más altas en décadas, también ejerció presión sobre las instituciones financieras, lo que provocó las mayores quiebras bancarias desde 2008.
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En marzo, Silicon Valley Bank, de California, y Signature Bank, de Nueva York, quebraron en medio de fuertes salidas de depósitos, lo que llevó a la Fed a poner en marcha un mecanismo de préstamos de emergencia destinados a reforzar la confianza en el sistema bancario.
Las medidas de emergencia apagaron la agitación del mercado, lo que permitió a la Fed continuar su batalla contra la inflación, pero las tensiones han resurgido.
El lunes, en una operación financiada por el Gobierno, JP Morgan Chase acordó adquirir el First Republic Bank, lo que provocó que las acciones de otros prestamistas regionales se desplomaran el martes. Eso plantea nuevas preguntas sobre cuánto tiempo podrá mantener la Fed elevadas las tasas de interés.
En su comunicado del miércoles, el FOMC reiteró que “EE. UU. es sólido y resistente”. Sin embargo, las presiones, tanto inflacionarias como bancarias, llevan a pensar a algunos que el margen para esquivar una recesión es cada vez menor, si es que acaso aún sigue sobre la mesa. Esto es lo que se conoce como un aterrizaje suave: poner en línea la inflación mediante el aumento de tasas, pero sin ahogar la principal economía global al imponer demasiadas cargas sobre el crédito y el consumo de los hogares.
“Es probable que el endurecimiento de las condiciones crediticias para hogares y empresas lastre la actividad económica, el empleo y la inflación”, advirtió la Fed en su comunicado, e insistió en que “el sistema bancario estadounidense es sólido y resistente”.
Aunque resista, la economía estadounidense muestra signos de ralentización, esperados desde hace tiempo y ahora visibles. En el primer trimestre la mayor economía mundial creció 0,3 % con respecto a los tres últimos meses de 2022 y solo 1,1 % anualizado. Y la probabilidad de recesión es ampliamente anticipada por los mercados.
“La posibilidad de evitar una recesión es, en mi opinión, más probable que la posibilidad de tenerla”, dijo Powell.
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