Antes de comenzar a hablar en la rueda de prensa de tasas de interés del Banco de la República, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, tomó aire y se hizo el silencio. En “El señor de los anillos” hay un momento similar, de plena quietud mientras Gandalf mira hacia las tierras de Mordor (en donde habita el mal) y dice algo como: “Es el respiro antes de dar el salto”.
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Y ahí vino el salto. Ávila dijo: “El Gobierno Nacional quiere expresar el total desacuerdo con la opinión que presentaron cuatro miembros de la junta. Opinión que, en nuestro concepto, y así lo manifestamos, no es responsable con la realidad que tiene la economía del país”.
Minutos antes de estas palabras, el gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, le informó al país que la junta directiva había tomado la decisión de elevar las tasas de interés en 100 puntos básicos, llevándolas así al 10,25 %.
Las palabras de Villar fueron, de cierta forma, una carga de profundidad, acompañada de una sorpresa no menor.
Para este punto, prácticamente todas las proyecciones indicaban que el Banco se decantaría por un alza en sus tasas de interés, un movimiento que no ejecutaba desde abril de 2023, justo después del pico inflacionario pospandemia que llevó este indicador al 13,34 %.
Pero las cuentas de analistas y centros de pensamiento económico en su mayoría ubicaban el alza en el terreno de los 50 puntos básicos, que habría dejado las tasas en 9,75 %. El incremento decidido por la junta duplicó la apuesta, si se quiere y, de paso, los temores por lo que pueda venir río abajo con la inflación y con el conjunto de la economía.
“Con esta decisión, el Banco de la República dio claridad de que la prioridad es tener una inflación a la baja y no al alza, como se espera en los próximos meses”, dijo José Antonio Ocampo, exministro de Hacienda, durante una transmisión en vivo de El Espectador.
El otro punto que, a primera vista, llama la atención de las palabras iniciales de Villar durante la rueda de prensa de este viernes fue el resultado de la votación: cuatro codirectores se decantaron por el aumento de 100 puntos básicos, uno lo hizo por mantener los tipos estables y dos más lo hicieron por efectuar una reducción de 50 puntos básicos.
Si bien desde hace algunos meses ya la junta del Banrep no produce una decisión unánime, la escala de la fractura en las posiciones (una voluntad mayoritaria y dos votos por un camino casi diametralmente opuesto) resulta tan llamativa como preocupante, quizá.
Para Ocampo es normal que haya opiniones divergentes entre los codirectores del Banco: “En varios momentos del tiempo la junta no es unánime en sus decisiones”. Pero ante la votación del viernes reconoce: “No sé en qué momento ha habido una división tan profunda como esta”.
En el centro de todo este debate hay dos tensiones fuertes: inflación y salario mínimo, hoy rebautizado como vital por la administración del presidente Gustavo Petro.
El ojo sobre la inflación
En el comunicado oficial, que acompaña la decisión de tasas, se lee que “las expectativas de inflación en enero tuvieron un fuerte repunte frente a sus mediciones de diciembre. En el caso de los analistas, las expectativas de inflación en la mediana de la muestra aumentaron del 4,6 al 6,4 % para finales de 2026 y del 3,8 al 4,8 % para finales de 2027. Las expectativas obtenidas a partir de los mercados de deuda también aumentaron, y se ubican sobre el 6 % en el horizonte de dos años”.
En otras palabras, lo que analistas y mercado ven en el futuro es un aumento en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), cuando hace apenas un par de meses la conversación incluía términos como senda de bajada y alcanzar el rango meta.
La inflación cerró 2025 en 5,1 %, la meta del Banco (que no se ha cumplido por cinco años consecutivos) es tener la inflación en 3 %, con un rango que oscila entre 2 y 4 %. Los movimientos de las tasas van en la vía de, justamente, mantener a raya el crecimiento de la inflación. ¿Por qué? “Porque la inflación es un impuesto que nos toca a todos: la pérdida del poder adquisitivo es algo que afecta transversalmente y, sin duda, a los más vulnerables”, dice Juanita Villaveces, exviceministra técnica de Hacienda de la administración Petro y catedrática de la U. Nacional.
Villar defendió la decisión que tomó la junta directiva: “El propósito del ajuste fuerte que se hace hoy es facilitar que las perspectivas de inflación más allá de 2026, para 2027 y años siguientes, se mantengan alineadas con nuestra meta. Que la perspectiva sea que en 2027 retornemos a una inflación en el rango admisible del 2 al 4 %. Eso permitirá mantener la capacidad adquisitiva de los hogares y mejorar el financiamiento de las empresas y del Gobierno”.
Y si bien las proyecciones pueden estar desfasadas (este viernes lo estuvieron, por ejemplo), las expectativas tienen un peso importante sobre la forma como vamos construyendo caminos para navegar la economía y las incertidumbres y volatilidades que plagan la ruta.
Por eso es importante tener en cuenta que el cambio de ánimo entre lo que se esperaba en diciembre versus lo que se proyecta en enero fue drástico, y por eso es relevante. Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, lo puso de esta forma: “Nunca antes en la historia del país, y estoy hablando de todo el siglo XXI, habíamos tenido un ajuste tan grande en las expectativas de inflación”.
El elefante en la habitación: el salario mínimo
La transformación en las perspectivas no sucedió en el vacío. No hubo una junta secreta de pesimistas económicos. El factor decisivo en este timonazo repentino fue el aumento del 23 % en el salario mínimo, que fue decretado por el gobierno Petro con la idea de ofrecer una mejor remuneración a los trabajadores que dependen de este ingreso, pero también para poner a circular más dinero, algo que, en su visión, puede impulsar la demanda y el crecimiento de la economía en general.
Como explica Villaveces, “hay una preocupación sobre el efecto del mínimo sobre la inflación. En primera medida, aumentan precios de bienes que están indexados al mínimo”.
Y añade: “A quienes están contratando a trabajadores que ganan ese salario, obviamente se les van a incrementar los costos de contratación. Sí hay efectos que empiezan a verse en el aparato productivo. Y esto se comienza a traducir en el resto de la economía. Tuvimos un incremento muy grande. Pensar que no se va a trasladar sería desconocer la magnitud de ese incremento. Sí creo que va a haber un efecto”.
La línea oficial del Gobierno es que los efectos del mínimo no son los que están incorporando las proyecciones.
Incluso, uno de los codirectores del Banco, César Giraldo, aseguró recientemente que “el argumento de quienes afirman que el aumento del salario mínimo incrementa la inflación tiene una fragilidad: por un lado, se sostiene que el aumento de los salarios eleva los costos de producción y presiona los precios al alza; pero, por otro lado, se afirma que ese mismo aumento reduce la demanda de trabajo, lo que implica menores ingresos agregados y, por tanto, menor gasto que presiona los precios hacia abajo. Ambos mecanismos operan en direcciones opuestas, lo que muestra que no existe un efecto único ni automático”.
En medio del descontento del Gobierno por la decisión de este viernes, el ministro Ávila aseguró que la decisión del Emisor subirá la inflación. Ocampo refuta esta posición al decir: “No entiendo este argumento. Lo que aumenta la inflación es el aumento del salario mínimo. En ese sentido, la responsabilidad del aumento será del Gobierno, no del Banco de la República”.
La decisión de este viernes que tomó la junta directiva del Banco nos devuelve a tasas que no veíamos desde septiembre de 2024. Y la última vez que se vio un incremento de 100 puntos básicos fue en octubre de 2022, cuando la inflación iba disparada hacia la cima del 13,34 %.
La diferencia en los puntos de inflación para decisiones similares del Banco lo que está diciendo de fondo es que la junta directiva (con las fracturas expuestas) sí cree que el mínimo va a ser como botar una bala de oxígeno al centro de un incendio, por decirlo de una forma.
¿Cómo se ven las perspectivas?
Villar destacó que el equipo técnico del Banco de la República revisó la inflación pronosticada para 2026: en la junta anterior, en diciembre, se había previsto que el IPC cerraría el año en 4,1 %, pero ahora se estima que será de 6,3 %. “Es un aumento considerable y que genera preocupación por el impacto que puede tener en muchos frentes, incluido el impacto sobre sectores más vulnerables de la economía colombiana, por la posibilidad de que el aumento del mínimo se diluya. También tiene impacto sobre las expectativas de largo plazo”, agregó.
En cuanto al futuro de las tasas de interés, Jackeline Piraján, economista principal de Davibank, sostiene que la jugada del viernes es apenas la primera movida en un ciclo de alzas que probablemente llegará hasta el 12 %. La experta considera que con el giro en la política monetaria aumenta la probabilidad de que la inflación se vuelva a estabilizar cerca del rango meta para 2027.
En esa misma línea, para BBVA Research el ajuste acumulado, incluyendo la decisión de este viernes, sería de 300 puntos básicos, llevando las tasas hasta 12,25 %. En cambio, Investigaciones Económicas de Bancolombia estima que las tasas subirán hasta el 11 %.
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