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Tasas de interés en Colombia: ¿es el momento de acelerar en la bajada?

La junta directiva del Banco de la República se reúne esta semana para tomar una nueva decisión sobre sus tasas de interés. Aunque prácticamente se da por descontado que habrá un recorte más, la pregunta clave es si se mantendrá el ritmo que ha habido hasta el momento o si la baja será más precipitada.

28 de octubre de 2024 - 06:16 p. m.
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Foto: El Espectador
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Esta semana, el Banco de la República debe tomar una nueva decisión sobre sus tasas de interés, en una reunión que adelantará este viernes la junta directiva del Emisor.

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Para este punto, el banco central ha reducido en siete ocasiones consecutivas sus tasas de interés, el camino de bajada comenzó en diciembre del año pasado, luego de una subida histórica para combatir el pico inflacionario que sobrevino luego de los días más duros de la pandemia.

Si bien el consenso en el mercado es que la junta directiva volverá a recortar las tasas, la incógnita que resta en la ecuación es si la baja será más profunda que en las últimas decisiones de la junta directiva.

Hasta el momento, la medida preferida por el Banco para recortar sus tasas ha sido de 50 puntos básicos, que se ha aplicado en las últimas cinco decisiones; en los dos primeros ajustes a la baja (diciembre de 2023 y enero de este año) esta cifra fue de 25 puntos básicos.

En general, una de las palabras que más se ha repetido durante este ciclo de recortes en las tasas ha sido cautela: lo ha dicho el Banco (en voz de su gerente, Leonardo Villar), pero también una larga lista de analistas y actores del mercado.

Y se entiende, la inflación ha mantenido un ritmo constante a la baja, pero por momentos el ritmo de su descenso no ha sido tan rápido como esperaba el Banco, o necesitaba la economía. Incluso, por algunos momentos de este año, el indicador mostró una suerte de ralentización en su descenso, lo que a su vez reforzó el argumento de cautela alrededor de las tasas del Emisor.

Pero en este momento de la historia, el IPC está en casi la mitad de lo que registró hace un año (5,81 %, con datos de septiembre), con los descensos más pronunciados mes a mes en las últimas tres mediciones. El Banco proyecta que la inflación alcanzará su meta en el segundo semestre del próximo año.

En este escenario sorprendió en la última junta que el Banco mantuviera el ritmo de descenso en 50 puntos básicos, cuando el mercado esperaba, por una amplia mayoría, un recorte de 75 puntos básicos.

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La decisión, como mostraron las minutas, y los pronunciamientos de Ricardo Bonilla, ministro de Hacienda, después de la junta, fue una de las más divididas en los últimos tiempos: cuatro votos contra tres.

Durante la rueda de prensa que sigue a la reunión de la junta directiva, Ricardo Bonilla, ministro de Hacienda, lamentó que no se diera una reducción de 75 puntos básicos y dijo que “era el momento para hacerlo”, con un tono más seco de lo usual.

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Aunque los votos son anónimos, se da por descontado que la voz que siempre pide más celeridad es la del propio Bonilla, que representa a un Gobierno que ha pedido velocidad y mano dura en la reducción de las tasas (incluso culpando al Banco de algunos males económicos que no tienen mucho que ver con la entidad).

En su momento, el ministro Bonilla aseguró que la duda de la mayoría de los miembros de la junta directiva estaba “con los resultados de la inflación en septiembre, cuando debería continuar la senda bajista del IPC, pero algunos tienen el temor por el impacto de los días del paro y del ajuste del diésel”.

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Aquí es importante recordar que, durante unos cuatro días, los transportadores del país paralizaron buena parte de las vías nacionales, con especial intensidad en las entradas a Bogotá y en los Santanderes. Esto generó problemas en el abastecimiento de alimentos y combustibles, entre otros productos esenciales para la vida de millones de colombianos.

En medio de esto, el alza proyectada de $2.000 en el diésel terminó diluyéndose con dos incrementos pactados de $800 (divididos en subidas de $400), acuerdo que llevó al fin del paro (además de revisar temas de fondo en el sector transporte).

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Ahora bien, la incógnita sobre el impacto del paro en la inflación ya fue despejada de forma positiva: la protesta no impulsó un crecimiento inusitado en los precios de los alimentos, según varios analistas (el rubro registró una expansión mensual de apenas 0,11 %). Tampoco hubo un impacto en estos bienes por cuenta del alza de $400 en el diésel que se aplicó tan pronto se acabaron estas manifestaciones.

¿Otras presiones en la economía colombiana?

Más allá de las palabras de Bonilla, que ha pedido en varias oportunidades que el Banco efectúe recortes más profundos en sus tasas, la junta del Emisor también citó como bases de su decisión otros factores macroeconómicos más allá del paro de transporte.

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“La mayor restricción que parece enfrentó la Junta en su discusión fue la percepción de un incremento en la percepción de riesgos sobre Colombia y la región”, aseguró en su momento Jackeline Piraján, economista principal de Scotiabank Colpatria.

Y agregó: “Resaltaron que si bien la Reserva Federal bajó más rápidamente sus tasas de interés, en Colombia la prima de riesgo no se dio como se estaba esperando y, por el contrario, puede que la situación de menores precios del petróleo, y también las discusiones alrededor de los riesgos fiscales, hayan impedido que Colombia se beneficiara de mejor manera del entorno internacional. En ese contexto, parece que la macro está apuntando a que hay necesidad de seguir bajando sus tasas de interés, pero los riesgos domésticos y regionales están previniendo que las reducciones sean más fuertes de lo que han venido siendo”.

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En el comunicado del Banco después de la reunión de septiembre se hablaba de la “retadora situación fiscal” del país.

Retadora es una forma de decirlo: actualmente, el país se encuentra en el límite de deuda que permite la Regla Fiscal, en medio de una caída en ingresos tributarios que, de acuerdo con la unidad de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, podría llegar a $12 billones para final de año.

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Hay que recordar acá que este año el Gobierno ya debió recortar $20 billones en el presupuesto por cuenta de dinero por impuestos que no llegó a las arcas del Estado.

Lo que las cifras del recaudo de 2024 permiten vislumbrar de cierta forma es que sería necesario un nuevo recorte presupuestal. Investigaciones económicas cifran la reducción del gasto del Estado entre 20 % y 40 % anual para el cierre de este año.

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A pesar del gris (tirando a oscuro) panorama fiscal, las cifras sobre actividad económica permiten ser algo más optimista sobre cómo acabaría el PIB este año.

El más reciente dato del Indicador de Seguimiento de la Economía (ISE, agosto 2024) dejó ver una expansión de 2,02 % frente a los datos del mismo mes del año pasado. Y, en el año corrido, el Indicador ha experimentado un crecimiento de casi 2 %.

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Varios centros de análisis han ido actualizando sus proyecciones de crecimiento para 2024 con mejoras. En este punto, la mayoría de pronósticos sitúa el PIB entre 1,8 % y 2 %, en promedio.

Estas mejorías podrían impulsar la confianza del Banco en la economía en general, lo suficiente como para soltar la rienda un poco más y efectuar un recorte de 75 puntos básicos, que es la medida esperada por la mayoría de analistas consultados en las encuestas de Fedesarrollo y del propio Emisor.

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Si se materializa este recorte, las tasas llegarían a 9,5, lo que las acercaría a la barrera de 8 %, que es el umbral por debajo del cual las sitúa la mayoría de analistas que participan en los sondeos de Fedesarrollo y del Banco.

Sin embargo, no todo el mundo comparte esta postura. Por ejemplo, para la unidad de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, “dados los argumentos de cautela expuestos insistentemente por varios codirectores y la información conocida durante el último mes, anticipamos que, en la reunión de esta semana, la junta decidirá nuevamente por mayoría de cuatro a tres reducir en 50 pbs la tasa de política monetaria, a 9,75 %”.

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En un reciente informe, este grupo argumentaba que “para la mayoría de la junta, acelerar el ritmo de recortes de la tasa de interés ‘podría conllevar riesgos importantes para la continuidad’ del proceso de relajamiento monetario, pues la inflación aún es más alta que en otros países de la región y les preocupa la persistencia de la inflación de servicios, la incertidumbre sobre el ajuste del salario mínimo y la rigidez de las expectativas de inflación”.

Al final de cuentas, la decisión que tome esta semana el Banco hablará sobre cómo la entidad está leyendo la salud de la economía colombiana.

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