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América Latina completa una década sin avances de fondo en su mercado laboral

La OIT señala que la región llega a 2026 con un mercado laboral que, pese a la estabilidad de 2025 y al repunte salarial en varios países, no ha logrado transformar sus bases: la participación laboral, la productividad y la informalidad permanecen prácticamente estancadas desde hace más de una década, mientras las brechas de género y juventud siguen limitando la capacidad de generar empleo decente.

11 de diciembre de 2025 - 09:00 p. m.
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Foto: Getty Images/iStockphoto - Feodora Chiosea
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América Latina llega a 2026 con un mercado laboral que muestra señales positivas en la superficie, pero con desequilibrios estructurales que siguen intactos cuando se analiza en profundidad.

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Según el ‘Panorama Laboral 2025′ de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado este jueves 11 de diciembre, este año la región logró bajar la tasa de desempleo al 5,8 %, una de las más bajas de la última década, y con repuntes de salarios en la mayoría de los países, tanto en el salario mínimo real como en el salario por hora.

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Pero estos logros se quedan cortos frente a un diagnóstico estructural que cae como un baldado de agua fría: las bases del mercado laboral latinoamericano -y, de paso, sus grandes problemas- prácticamente no han cambiado en más de una década.

“La región lleva más de una década sin avances sustantivos en participación laboral y productividad, lo que limita su capacidad para generar trabajo decente de manera sostenida”, se lee en el informe.

Es esta falta de transformaciones de fondo, pese a la estabilidad que destaca la OIT en 2025, la que prepara el terreno para un 2026 más desafiante.

La OIT proyecta que la economía de la región crecerá solo 2,3 % en 2026, por debajo del 2,4 % estimado para 2025, y advierte que factores como la alta informalidad (46,7 % de los ocupados), las brechas de género y juventud y el bajo dinamismo de la productividad pueden frenar la creación de empleo formal y dificultar que las mejoras recientes se sostengan en el tiempo.

Entre la estabilidad y el estancamiento

Aunque 2025 cerrará con indicadores laborales relativamente favorables, la OIT advierte que esa estabilidad no es necesariamente una buena noticia.

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La tasa de participación laboral, por ejemplo, se mantuvo prácticamente constante desde 2022 y llegó a 63,3 % en el primer semestre de 2025. Sin embargo, sigue siendo más baja que en 2019 y se ubica en niveles similares o ligeramente inferiores a los observados entre 2012 y 2019, lo que da fuerza a la idea de que la región no ha recuperado plenamente su capacidad de incorporar trabajadores al mercado laboral desde los años de pandemia.

La tasa de ocupación, por su parte, sí mostró un movimiento algo más dinámico. Tras la recuperación pospandemia, la ocupación registra pequeños avances continuos: aumentó 0,5 puntos porcentuales entre 2022 y 2023, otros 0,4 puntos entre 2023 y 2024, y volvió a crecer en la misma magnitud entre los primeros semestres de 2024 y 2025.

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Con este comportamiento, la ocupación de 2025 quedó 1 punto porcentual por encima de su nivel de 2019, aunque aún en valores similares a los de 2012. De nuevo, hay mejoras evidentes en el grueso del mercado laboral latinoamericano, pero no un salto de fondo.

La tasa de desocupación siguió reduciéndose (la OIT habla de una tendencia descendente) y alcanzó 5,8 % en el primer semestre de 2025. El organismo explica que este resultado es producto del crecimiento del empleo y de la estabilidad en la oferta laboral.

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Si esta tendencia se mantiene hasta el cierre del año, la desocupación quedará casi 3 puntos porcentuales por debajo de los niveles de 2019, situándose en su valor más bajo del periodo analizado.

Por países, solo Bolivia y República Dominicana registraron un aumento de al menos 1 punto en la tasa de participación entre 2024 y 2025, mientras que México fue el único con una caída. En los otros nueve países analizados, no hubo cambios significativos.

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En contraste, la tasa de ocupación sí mostró un avance más generalizado: creció en 7 de los 14 países estudiados (entre ellos Brasil, Colombia, Jamaica, Paraguay, República Dominicana, Trinidad y Tobago y Uruguay) con variaciones de al menos 1 %. México fue nuevamente la excepción: registró una caída superior a un punto porcentual, asociada al menor dinamismo de su actividad económica.

En Colombia, la tasa de ocupación aumentó de 56,7 % a 58 % entre el primer semestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, uno de los avances más altos de la región. La participación laboral, así mismo, pasó de 63,8 % a 64,2 %; mientras que la desocupación se redujo del 11,1 % al 9,7 %, uno de los descensos más marcados entre los países analizados.

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Al poner todos estos indicadores en perspectiva, puede decirse que 2025 fue un año de equilibrio más que de transformación de esos patrones que la OIT mide desde 2012.

“El deterioro registrado antes de la pandemia (en ocupación y desocupación), sumado a la estabilidad de los últimos años, implica que, cinco años después de la crisis de la Covid-19, la región sigue enfrentándose a los mismos retos estructurales en el mercado de trabajo que se habían hecho más visibles desde la segunda década del nuevo milenio”, señala el organismo.

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Crece el empleo por cuenta propia

La OIT explica que otro de los motivos por los que la región sigue sin resolver varios de sus problemas estructurales está en la forma en que crece el empleo.

Entre el primer semestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, el total de ocupados aumentó en promedio 1,3 % en América Latina, pero ese crecimiento se repartió casi por igual entre dos grupos que suelen moverse en direcciones distintas: el empleo asalariado privado y el trabajo por cuenta propia, ambos con incrementos cercanos al 1,6 %. Esta combinación es clave para entender por qué la estructura del mercado laboral no ha cambiado mucho.

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La OIT señala que el fortalecimiento del empleo asalariado privado es una señal positiva (pues suele asociarse con mayor productividad, mejores salarios y más acceso a protección social). Pero cuando, al mismo tiempo, crecen los trabajadores por cuenta propia, la lectura es distinta.

En la región, el trabajo por cuenta propia sigue funcionando como un refugio cuando el empleo formal no crece lo suficiente, y suele concentrarse en actividades de baja productividad y alta informalidad.

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Colombia es un buen ejemplo de esta dinámica. Entre el primer semestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, el total de ocupados en el país aumentó 3,7 %, mientras que el empleo asalariado en conjunto lo hizo un 2,5 % y los asalariados privados, un 2,9 %. Simultáneamente, el número de trabajadores por cuenta propia creció 6,3 %, y el total de empleadores cayó 5,2 %.

Esto significa que Colombia está creando más puestos asalariados y, a mayor velocidad, más empleos independientes, muchos de ellos asociados a ocupaciones de menor productividad y con altas probabilidades de informalidad.

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Patrones similares se observan en otros países de la región donde, como destaca la OIT, crecen simultáneamente los asalariados privados y los cuentapropistas. En Argentina, Brasil, Paraguay o República Dominicana, el empleo asalariado muestra avances, pero el trabajo por cuenta propia también se expande, lo que refuerza la idea de un mercado laboral que combina señales positivas con la persistencia de formas de inserción más precarias.

Informalidad y brechas, al orden del día

La OIT subraya que la informalidad sigue siendo uno de los rasgos más persistentes y determinantes del mercado laboral en América Latina y el Caribe.

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En el primer semestre de 2025, la tasa regional se ubicó en el 46.7 % (promedio de 12 países analizados por la OIT), lo que significa que casi una de cada dos personas ocupadas carece de acceso pleno a seguridad social o estabilidad laboral a través de un contrato de trabajo.

Si se compara con la tasa de 2016 (48 %), en 10 años América Latina solo ha logrado reducir un 1,3 % la informalidad.

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Para el organismo, este nivel de informalidad actúa como un freno estructural que impide que los avances en empleo o salarios se conviertan en mejoras sostenidas.

De acuerdo con la OIT, Uruguay y Chile presentan los niveles más bajos (por debajo del 30 %), mientras que Bolivia y Perú registran las tasas más altas, superiores al 70 %.

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Además, existe una brecha marcada entre áreas urbanas y rurales: aunque la informalidad urbana ha mostrado señales de estabilización o leve descenso, la rural continúa con niveles significativamente más elevados.

Las brechas de género también contribuyen al estancamiento del mercado laboral latinoamericano. En el primer semestre de 2025, la tasa de participación masculina alcanzó el 75 %, frente a un 53 % entre las mujeres. La diferencia se mantiene en la tasa de ocupación (71 % para ellos frente a 49 % para ellas) y en la desocupación, donde ellas registran niveles más altos (7 % frente a 5 %). Según la OIT, aunque ha habido avances en los últimos años, la convergencia “sigue siendo insuficiente para cerrar las diferencias estructurales por género”.

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El panorama no es más favorable para los jóvenes. La desocupación juvenil llegó al 12,5 %, casi tres veces la registrada entre los adultos, y la informalidad juvenil alcanzó el 56 %, muy por encima del 42,8 % observado en la población adulta.

Aunque el número de jóvenes que no estudian ni trabajan disminuyó respecto a los años de pandemia, el informe advierte que el nivel sigue siendo elevado, especialmente entre las mujeres.

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En conjunto, estas brechas explican por qué la región no logra traducir la estabilidad de 2025 en un cambio profundo. La alta informalidad, las diferencias persistentes entre hombres y mujeres, y la vulnerabilidad del empleo juvenil conforman un conjunto de obstáculos que siguen limitando la capacidad de América Latina para generar empleo de calidad y oportunidades equitativas, incluso en un contexto de recuperación.

Lo que propone la OIT

De cara a 2026, la OIT advierte un panorama menos favorable que el observado en 2025. El organismo proyecta que la economía de América Latina crecerá solo 2,3 %, por debajo del 2,4 % estimado para 2025, en un contexto internacional marcado por incertidumbre global, tensiones geopolíticas, riesgos climáticos y bajo dinamismo económico. A esto se suman desafíos como el alto endeudamiento, el escaso margen fiscal y el persistente estancamiento de la productividad, factores que restringen la capacidad de los países para sostener la creación de empleo formal.

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Según el informe, estos elementos aumentan el riesgo de que la región entre en un escenario de estancamiento laboral, en el que los avances recientes —como la baja desocupación o los repuntes salariales— no logren mantenerse. La OIT advierte que la informalidad podría seguir alta, las brechas de género y juventud podrían ampliarse y la calidad del empleo podría verse afectada.

Frente a este escenario, el organismo plantea la necesidad de políticas integrales que aborden simultáneamente productividad, inclusión y protección laboral. Entre las líneas de acción, la OIT propone fortalecer la formalización, mediante marcos regulatorios y tributarios que reduzcan barreras de entrada y mejoren los incentivos para crear empleo formal, y promover políticas que reconozcan la doble causalidad entre informalidad y productividad.

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Esto implica combinar apoyos a nivel empresarial, como mejoras organizativas y gerenciales, acceso a crédito y tecnología, integración en cadenas de valor y desarrollo de habilidades, con reformas institucionales que simplifiquen el cumplimiento, adecuen la regulación y refuercen la fiscalización donde corresponda.

Asimismo, el organismo recomienda apoyar la transición y reconversión laboral, especialmente en sectores afectados por transformaciones digitales, climáticas o demográficas, y reforzar el diálogo social entre gobiernos, empleadores y trabajadores para activar un círculo virtuoso: aumentar la productividad para ampliar la viabilidad de la formalidad, y aprovechar la formalidad para sostener nuevas ganancias de productividad.

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La OIT sugiere que las mejoras laborales de este año quedarán matizadas por patrones estacionales, y que 2025 cerraría con una desocupación de 5,5 %. Para 2026, en un escenario de crecimiento económico moderado, el organismo prevé que la tasa regional se mantenga en torno a 5,5 %–5,9 %.

Convertir las victorias de 2025 en un camino más sólido hacia el empleo digno dependerá, en gran medida, de la capacidad de los países de articular estas reformas que propone la OIT.

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Por Daniel Felipe Rodríguez Rincón

Comunicador Social y Periodista. Desde 2017, se ha desempeñado en diferentes medios de comunicación colombianos. DanfeRodriguez drodriguez@elespectador.com
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