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Panorama del mercado laboral colombiano, entre retos venideros y las brechas existentes

El desempleo en Colombia lleva tres años en disminución, ¿está bajando porque hay más trabajo o porque hay menos participación laboral? Es una de las preguntas que se plantearon desde Anif.

21 de agosto de 2026 - 07:00 a. m.
Imagen de referencia.
Foto: Leidy Barbosa Ramírez
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El mercado laboral se define por las cifras, los estudios y las investigaciones basadas en censos o en encuestas, pero depende, sobre todo, de las realidades que vive cada individuo o cada grupo poblacional desde su propio contexto.

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Las mujeres en Bogotá, por poner un ejemplo, tuvieron la oportunidad de vender sus propias artesanías apenas en 1932, hace menos de un siglo. El proyecto se llamaba “Establecimiento de enseñanza superior práctica de industrias artesanas propias para señoritas” y fue impulsado por el Concejo de Bogotá bajo el acuerdo número 475.

Solo ahí empezaron a integrar el mercado laboral pero además con la condición de ser estudiantes antes que vendedoras, esto puso desde el principio una barrera económica para quienes no podían acceder a estos estudios.

Hoy en día, la cifra de mujeres desempleadas sigue siendo superior a la de los hombres. La tasa de desocupación para las mujeres fue de 10,2 % entre abril y junio de 2026, mientras que la de los hombres fue de 6,8 %. Esto representa una brecha de 3,4 %.

Durante el mismo periodo la brecha más extensa se relaciona a la tasa de ocupación, el porcentaje de mujeres trabajadoras es de 48,3 % mientras que el de los hombres es de 71,5 %.

Las brechas siguen siendo existentes y los retos también. Los trabajos del cuidado no son remunerados y aun así abarcan tiempo y energía que podría utilizar la persona cuidadora en otro empleo que le permita obtener ingresos. Históricamente el cuidado se ha delegado a las mujeres y en Colombia ellas realizan el 75 % del trabajo de cuidado no remunerado.

Anif, el centro de pensamiento económico, plantea también otros retos del mercado laboral como la inestabilidad, el acceso a las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la creación de más ocupaciones con menores salarios y la preocupación de que cada vez más personas ganen exactamente el salario mínimo o menos.

En el seminario “El Futuro del Empleo en Colombia” se discutieron algunas realidades del mercado laboral colombiano, los cambios que se han presenciado y los retos venideros.

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El panorama general

Entre los cambios recientes está la reducción gradual de la jornada máxima semanal, esta pasó de 48 a 42 horas por la Ley 2102 de 2021 que determina también que a pesar de la disminución no se reducirá el salario de las y los trabajadores.

La tasa de desempleo ha venido bajando y desde 2023 ha tenido una caída persistente, según el presidente de Anif, José Ignacio López. Sin embargo, esta disminución del desempleo también puede corresponder a la poca participación de las y los colombianos en el mercado laboral.

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Esta participación puede deberse, por ejemplo, a la migración hacia otros países de personas con edad de trabajar. Además, “los datos que integra el DANE no van al ritmo de lo que reporta, por ejemplo, migración nacional” afirma Hernando Zuleta, decano de Economía de la Universidad de los Andes, para él las tasas de desempleo son correctas, pero están desfasadas de las de la población.

La participación laboral se refiere al número de personas (en edad de trabajar) que participa o no en el mercado laboral. Esta misma no ha logrado recuperar los niveles de 2019, es decir, después de la pandemia hay menos personas registradas como activas en el mercado laboral.

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Esto no quiere decir necesariamente que no trabajen, sino que tal vez no lo hacen de manera formal.

López resalta otra preocupación y es que puede haber dificultades de crear nuevos empleos para el sector privado (empresas, negocios y personas independientes que cumplen cargos con el Estado).

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Los dos campos que más contribuyen a la creación del empleo son el alojamiento y servicios de comida, y la administración pública y defensa. Ambos representan casi la mitad de las ganancias en ocupación y esto refleja que “una buena parte de la creación de empleo está viniendo del sector público o de un ecosistema muy regulado”.

Puede haber subregistro incluso en estos datos tal vez más regulados y contabilizados por instituciones como el DANE, Adrián Garlati plantea en el seminario lo siguiente: “la totalidad de las estadísticas laborales en Colombia son calculadas con la encuesta integrada de hogar. Como dice el nombre, es una encuesta entonces nunca, por definición, se le pregunta a todo el mundo, sino que es una muestra”.

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Formalidad e informalidad

Ahora bien, cinco de cada diez trabajadores no cotizan pensión y eso representa el 54 %, según datos de Anif. De hecho, este es otro de los retos: la informalidad.

Aunque según cifras del DANE, dicha tasa ha mejorado en los últimos cuatro años (pasó de abarcar el 58 % en 2022 al 55,7 % en 2025), la mayoría de los trabajadores de recursos económicos bajos son trabajadores “por cuenta propia”.

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¿Qué quiere decir esto? Son independientes, trabajan en empresas muy pequeñas o unipersonales y con sus empleos cumplen con el día a día que necesitan. Este tipo de sustento no les permite ahorrar ni tener colchones financieros, en caso de enfrentar una emergencia.

Las y los trabajadores “cuenta propia” representan tres de cada cuatro ocupaciones en el 20 % de las personas con menores ingresos.

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Sobre las informalidades, Cristina Fernández, profesora de economía de la Universidad del Rosario, propone que hay diferentes razones que llevan a una o un trabajador a considerarse “informal” ante el mercado laboral.

“Hay un grupo de personas que no puede ser formal porque no alcanzan a tener la productividad para pagar los costos laborales. Esta es una informalidad de exclusión. Más o menos el 36 % de personas que trabajan como independientes, dicen que son independientes porque no encuentran trabajo. Se autoexcluyen del mercado laboral”, dice.

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Pero también para ella existe la informalidad voluntaria “si uno gana menos del salario mínimo le queda dificilísimo ser formal y si uno gana menos de 2.5 salarios mínimos le sale muy costoso ser formal. Es una legislación laboral que impulsa a trabajar tiempos completos y la gente no necesariamente quiere trabajar tiempos completos. ¿Por qué?, por la economía del cuidado”.

Estar de regreso en casa en los horarios donde las niñas y niños regresan de los jardines o escuelas es muchas veces la razón por la cual un trabajo de nueve de la mañana a seis de la tarde no es una opción. Esto sin contar los tiempos de transporte que puede costar llegar y salir del trabajo.

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¿Y la economía del cuidado?

“Sin cuidado no funcionan los hogares, pero tampoco funciona el mercado laboral y, por ende, tampoco la economía” cuenta Deysy Henao, investigadora socio laboral en un artículo de la Escuela Nacional Sindical.

El cuidado puede estar por ejemplo en los centros de educación de la primera infancia y en los sectores sanitario y social pero también puede estar en los hogares. Las y los proveedores del cuidado muchas veces no reciben remuneración por este trabajo que a fin de cuentas otorga bienestar y autonomía a quienes reciben esta atención.

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En 2024, las mujeres aportaron 75,9 % del total de horas destinadas al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, a diferencia de los hombres que le dedicaron el 24,1 % restante, según cifras del DANE.

Aunque gran parte de este trabajo no se paga ni se registra como empleo, el DANE estimó que el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado fue de COP 340,463 billones en 2024. La cifra equivale al 19,9 % del PIB, de acuerdo con un cálculo estimado del DANE del PIB de 2024 porque realmente es una actividad que no hace parte delos datos oficiales.

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Por otra parte, al contrastar el valor económico del TDCNR obtenido mediante el método especialista con el obtenido a partir del método generalista, como porcentaje3del PIB de Colombia 2024 provisional a precios corrientes, el valor económico del TDCNR calculado con salario e ingresos medios especialistas es del 19,9 %, mientras que el valor calculado con los salarios e ingresos medios generalistas corresponde al 16,3 %.

La desigualdad no se concentra únicamente en el acompañamiento directo a personas dependientes. Las mujeres asumieron 83,4 % del tiempo destinado a preparar y suministrar alimentos, 84,8 % del mantenimiento de vestuario y 77,2 % del cuidado y apoyo a integrantes del hogar.

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La única actividad de cuidado con una distribución más equilibrada fue la compra y administración del hogar, donde ellas aportaron 54,4 % de las horas.

Esta brecha es estructural y marca definitivamente el mercado laboral porque son las mujeres quienes han sacrificado más de su tiempo laboral o de su participación activa en el mercado por el rol impuesto del cuidado en el hogar.

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Esto tiene implicaciones directas, por ejemplo, en sus cotizaciones a pensión y, por lo tanto, en sus garantías para la vejez. Pero también en la formalización, las remuneraciones dignas, el acceso a la seguridad social y hasta la libertad económica.

“Un Sistema Nacional de Cuidado no puede reducirse a subsidios para las mujeres cuidadoras. Hacerlo crea el riesgo de reconocer económicamente su trabajo de manera temporal sin modificar la estructura que continúa asignándoles la responsabilidad principal de cuidar a las mujeres en condiciones precarias; además de generar un desgaste de recursos que no logra el objetivo de transitar a un sistema de cuidado que pueda afrontar, a futuro, una crisis del mismo”, sostiene Henao.

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Por Sophie Echappé Palomino

Comunicadora social y politóloga con énfasis en periodismo e investigación para la paz de la Pontificia Universidad Javeriana. Fotógrafa por afición. sechappe@elespectador.com
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