Tras año y medio de intentos fallidos por conseguir un empleo decente, Sebastián decidió hacer las diligencias de visado, comprarse un pasaje y tratar de hacerse una vida en España de la mano de su diploma de ingeniero ambiental. Después de unos meses difíciles consiguió un trabajo y, como los más de 250 mil colombianos que calcula el Dane (cifras de 2004) están registrados como inmigrantes en el país Ibérico, empezó a enviarle dinero a su madre para pagar su deuda en el Icetex y ayudar con el estudio de sus hermanos.
Este joven colombiano no hizo parte de la ola de inmigrantes que en los años 80 vieron a Estados Unidos como el destino más amable para cumplir el sueño de vivir mejor. Tampoco hizo parte de los que desde 1992, según Jaifa Mezher, coordinadora del programa Colombia Nos Une, del Ministerio de Relaciones Exteriores, migraron a España con un perfil un poco más alto, buscando ocupar algún tipo de cargo técnico. Sebastián hace parte de una última ola de profesionales preparados que buscan encontrar una oportunidad de homologación de título y con ello el ingreso a un mercado laboral más promisorio.
Sin embargo, y a pesar de estas décadas de diferencia entre unos inmigrantes y otros, esa inmensa diáspora que vive hoy como extranjeros en Miami, Madrid o Nueva York “sigue manteniendo el mismo sueño: hacer dinero para enviarles a sus familiares y en unos años regresar al país”, asegura Juan Pablo Cruz, presidente de la compañía de financiamiento comercial Giros y Finanzas, empresa que conoce el universo de los migrantes nacionales.
Con este sueño de darles ayudas económicas a sus familias, en 2007 enviaron al país US$4.000 millones por concepto de remesas, un 11% más que en 2006, cuando entraron US$3.800 millones. “Colombia es el tercer país en recepción de remesas, después de Brasil y México. De lo que se recibe, 50% son dineros provenientes de Estados Unidos, el 28% de España y el 22% restante de Venezuela y Ecuador”, explica Mezher.
Pero paradójicamente, la madre de Sebastián que recibe el dinero en Colombia y, en general, la mayoría de receptores de un promedio de 300 dólares mensuales de giros desde el exterior, usan ese dinero para cubrir las necesidades básicas y los gastos cotidianos, “creando un enorme bache entre la idea de poder surgir que tienen sus parientes en el exterior”, asegura María Isabel Silva, presidenta ejecutiva de la Lonja de Bogotá, ente que ha promovido las ferias inmobiliarias en el exterior, que justamente buscan que los inmigrantes inviertan en finca raíz esos recursos que envían.
El modo de uso de las remesas en Colombia está tipificado en un informe de 2006 de Fedesarrollo, en donde se muestra que este flujo monetario se invierte en un 26% en compra de alimentos, 19% en pagos de servicios públicos, 16% en pagos de servicios médicos y medicamentos, 13% es usado en pagos de estudios, 12% en compra de vestuario, 9% en pago de arriendo y 5% en pago de hipoteca.
Así, a pesar de que el ingreso de remesas entre enero y marzo de 2007 dobló los ingresos por exportaciones de café (que ascendieron a 436 millones de dólares), superó los ingresos por exportaciones de carbón (que totalizaron 928 millones de dólares) y sobrepasó las ventas externas de ferroníquel (que sumaron 140 millones de dólares), estos dineros parecen dispersarse en gastos que hacen que el impacto de las remesas entre las familias de los inmigrantes no sea tan representativo como podría ser.
“Hemos encontrado que en muchos casos las remesas tienen un efecto negativo entre las familias que las reciben, ya que se vuelven mas improductivas”, asegura Mezher, quien añade: “Por esto y por la tendencia registrada a usar los dineros de remesas para el gasto cotidiano, creemos que es muy necesario erigir programas que fortalezcan la inversión en capital. Es urgente volver más productivas las remesas”, concluye la coordinadora del programa Colombia Nos Une.
Alternativas para el dinero
Un inmigrante colombiano como Sebastián en promedio puede mantener en España un nivel de ingresos anuales de 12.438 euros (según estudios realizados en 2006 en una muestra de 1.000 colombianos). De esa cantidad, destina para ahorrar aproximadamente 512 euros en el trimestre. “Con ese nivel de ahorro resulta natural que los inmigrantes vuelquen su mirada hacia Colombia para buscar invertir, porque mientras en Europa con 50 mil euros no se consigue ninguna vivienda, en Colombia se puede encontrar construcciones bien equipadas”, explica Cruz, de Giros y Finanzas.
Para aprovechar ese gran potencial que existe en el exterior, la Lonja de Bogotá y la Lonja de Medellín vienen organizando desde 2005 ferias inmobiliarias en Miami, Nueva York y Madrid para que los inmigrantes radicados en estas ciudades tengan una nueva alternativa en donde invertir su dinero. Las zonas con mayor demanda para comprar finca raíz han sido Cali, con un 37,2%, seguida del Eje Cafetero, con 20,2%, y de Bogotá, con 19,3%
Las cifras obtenidas en estos eventos inmobiliarios demuestran que los dineros de las remesas se están convirtiendo en el nuevo foco de atención para constructores e inversionistas. “En 2006, la feria inmobiliaria de Madrid registró 91 unidades vendidas, por un valor superior a los US$ 4,6 millones. En 2007 ascendió a 111 unidades vendidas, por un valor equivalente a US$ 5,1 millones”, asegura María Isabel Silva, de la Lonja de Bogotá. Por su parte, las ferias inmobiliarias llevadas a cabo en Miami y Nueva York en 2007 dejaron negocios por US$ 10,6 millones y US$ 34,9 millones, respectivamente.
“Los inmigrantes han empezado a utilizar las opciones que tienen para invertir en Colombia. De hecho, en promedio entre el 10 y el 25% de las ventas de las constructoras en Colombia están enfocadas en colombianos que viven afuera. Los precios oscilan entre 100 y 150 millones de pesos”, añade Cruz, quien asegura que su compañía, además de incursionar en el crédito hipotecario para inmigrantes, ha desarrollado otras opciones como cuentas de ahorros sin uso de tarjeta, microcréditos, microseguros y servicios en general para atender este segmento, que en un 50% no se encuentra bancarizado.
Así, aunque hay algunos que profesan que las remesas deben mantenerse vírgenes y no utilizarse para ningún asunto diferente que para la ayuda y supervivencia de las familias que las reciben, lo cierto es que los constructores, las compañías de financiamiento y casas de cambio han empezado a percatarse de que las remesas son un verdadero diamante en bruto.