El año 2007 no fue propiamente el más dulce para la multinacional suiza. Paradójico en un año en el cual la economía tuvo su mayor crecimiento de los últimos 30: 7,52%. El de Nestlé no llegó a 7%, independientemente de la gestión y de la aceptación de los productos por parte de los consumidores.
Para Felipe Silva, presidente de la compañía en Colombia, “los resultados fueron consecuencia de un atentado a las instalaciones, en El Doncello, Caquetá, a comienzos del año pasado, que generó una reducción del 60% en la compra de leche, 250 mil litros diarios”. Lo preocupante fue que se les dejó de comprar a 1.000 ganaderos de la región.
Un segundo incidente ocurrió con la comercialización de la marca Klim 1+, una leche para niños mayores de un año. Para una compañía que invierte anualmente 1.700 millones de francos suizos en investigación y desarrollo en el tema de nutrición infantil, fue difícil entender que las autoridades cambien las reglas alrededor de las características de los productos.
Pero así sucedió. La leche, con unas propiedades especiales en vitaminas, minerales y complementos, fue sacada de la categoría de leches modificadas y pasó a la de alimentos lácteos, gravados con IVA del 16%. El precio aumentó y como resultado cayeron las ventas.
La alternativa era mantener el producto con sus propiedades y bajas ventas o reformularlo con características menores en capacidad nutritiva para sacarlo del régimen del IVA y mejorar ventas. Para Silva, “el Gobierno debe manifestar su intención
sobre si quiere que se venda un producto con menores propiedades nutritivas para los niños o mantenerlo en la categoría anterior. Debemos trabajar con márgenes de rentabilidad”.
Pero en el panorama de la compañía hubo un tercer elemento. La marca de leche Rodeo, fuerte en Cali y su área de influencia, tuvo que salir del mercado porque el Invima exigió recoger el producto y reenvasarlo con una nueva denominación. Estuvo fuera del mercado siete meses. Según él “no entendemos el cambio de reglas, cuando el producto había sido certificado con unas particularidades”.
Las vacas gordas
Este año los planes son recuperar la senda del crecimiento. Y las cifras del primer semestre así lo demuestran. Durante los tres primeros meses fue del 22%. Incluso, pudo haber sido mayor, porque a comienzos de este año la fábrica de Nescafé se paró siete semanas por un proceso de modernización, un proyecto de US$7 millones.
Por eso Silva dice que “el objetivo para el final del año es superar el 12% de crecimiento, lo cual permitirá recuperar lo del año pasado y mantener la participación de mercado. Vamos a invertir US$15 millones en mejoras de la estructura industrial y fortalecimiento tecnológico”.
Pero la industria también ha vivido cambios. Al mercado llegó, de la mano de Alquería, la francesa Danone, una de las más importantes compañías de la industria láctea en el mundo.
El presidente de Nestlé lo ve como algo positivo para la industria, porque traen inversión, tecnología y elevan los estándares de calidad y competencia. Aunque lamentó los incidentes que han tenido con Alpina, los cuales calificó como innecesarios y desgastantes.
Sobre el sector agropecuario, Silva no es tan optimista. Dice que tradicionalmente en todo el mundo ha sido protegido. “Si no hay mecanismos que promuevan la competitividad, continuará rezagado”.
Sobre este aspecto, la multinacional suiza ha hecho esfuerzos dirigidos a mejorar los niveles de calidad y competitividad del sector agropecuario en su área de influencia, con cursos de capacitación.
Pero uno de los cuellos de botella que ha vivido la industria láctea es la oferta de leche en el mundo. Había escasez y altos precios.
La tonelada de leche en polvo estuvo en US$5.000 hace unos meses, cuando hace tres años estaba en promedios entre US$1.700 y US$1.800. Hoy está alrededor de US$3.800, aunque se espera que continúe bajando.
El mundo se tendrá que acostumbrar a precios altos por aumentos en la demanda en países como China e India y por los biocombustibles, tema en el cual Nestlé tiene una posición clara: no favorecer el uso de alimentos y tierras para su producción.
“Con el maíz que se necesita para producir biocombustibles y llenar el tanque de una camioneta se podría alimentar una
persona durante un año”, dijo Silva sobre la posición oficial de Nestlé con relación al tema.
Al respecto ha habido coincidencias entre el CEO de Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe, y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien citó de manera positiva a Brabeck por su posición, luego de que hace cerca de un mes Chávez manifestara que iba a nacionalizar a Nestlé, a lo cual la cabeza de la multinacional respondió que era una decisión de Venezuela, pero que esperaba ser bien recompensado.
Venezuela es el tercer importador de leche del mundo. A finales de este año Nestlé hará desde Colombia una exportación de 6.000 toneladas.
Paradójicamente la operación de la multinacional suiza en el vecino país ha sido muy exitosa, en volumen y rentabilidad. Con petróleo a más de US$100, el poder adquisitivo de los consumidores venezolanos ha mejorado.
Felipe Silva tiene claro que “la escasez de alimentos en Venezuela no responde a que estemos vendiendo menos. Por el contrario, la demanda superó la oferta”.
El hato colombiano
A Felipe Silva lo tiene gratamente sorprendido el alto nivel de competencia de las empresas colombianas. “En los países donde he trabajado, por lo general la competencia local no es tan fuerte como en Colombia, que es de primer nivel, a la par de las multinacionales. Alpina, Colanta y Nacional de Chocolates son compañías que pueden competir en cualquier mercado del mundo”, dice Silva.
Considera que en la industria podría haber concentración, no muy profunda, por dos factores. Primero, empresas locales que se sientan amenazadas o incapaces de competir, que Colombia no es el caso. También, por el paso de las generaciones y que los herederos decidan hacer otras cosas. El presidente de Nestlé anota que en Colombia los niveles de inversión extranjera son mayores por la confianza en el país.