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¿No podría ser peor?

La peor semana bursátil de este joven siglo ha terminado rompiendo niveles sicológicos en todos los frentes geográficos y conceptuales.

10 de octubre de 2008 - 04:33 p. m.
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El derrumbe del índice accionario Dow Jones dejó en claro que el daño sobre la economía real de los EE.UU. es irreparable, exigiendo medidas extraordinarias como la reducción de tasas de interés conjuntas de los principales bancos centrales del mundo, de conformidad con mi pasado pronóstico. La recesión obligará a mayor intervención del Estado, ya no sólo mediante política monetaria expansiva como la actual, sino también con política fiscal expansiva.

Otro de mis pronósticos fue la necesidad de esperar antes de buscar oportunidades. Sin embargo, índices accionarios como el de Brasil, por debajo de los 35.000, y el mismo Dow Jones y S & P en los niveles actuales se convierten en una oportunidad irrepetible. El momento de empezar a invertir la liquidez ha llegado.

Lo único que me desconcierta es el comportamiento del dólar en países emergentes como el nuestro, presentando un acelerado fortalecimiento frente a monedas como el real brasileño, en más de 18%, el peso chileno en más del 15% y el peso colombiano superando la barrera de los $2.300, en momentos que estos países aplican políticas monetarias restrictivas para frenar sus inflaciones.

La devaluación de nuestras monedas nos favorece, ya que nos inyecta nuevamente esa competitividad cambiaria que habíamos perdido con la revaluación. Una moneda débil es un boleto al crecimiento, lo sabe China que ha mantenido su yuang devaluado y lo sabe EE.UU. que necesita presentar baratos en dólares los activos tóxicos que tienen de rodillas a su sistema financiero.

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