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Obama y la mala prueba en la elección de la Fed

Los ojos del mundo están atentos a la decisión que se tomará sobre el nuevo líder de la Reserva Federal. ¿Qué está en juego?

03 de agosto de 2013 - 04:00 p. m.
Barack Obama dijo que quería un presidente de la Fed que no se limitara a cumplir el mandato típico: maximizar el empleo y estabilizar los precios. A la izquierda Ben Bernanke. / Reuters
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La elección del nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) será la decisión de política-económica más importante que se tome este año en el mundo. Por lo tanto es alarmante escuchar al presidente Barack Obama dar una descripción insípida, lineal y tradicional del empleo.

En una entrevista reciente con el New York Times, el mandatario estadounidense dijo que quería un presidente de la Fed que no se limite a cumplir el mandato dual de la institución, de maximizar el empleo y estabilizar los precios. Luego se limitó a ello él mismo, cuando habló mucho de inflación, burbujas y un dólar sólido.

 Es sensato: el crecimiento y el dólar son buenos, la inflación y las burbujas no. El nuevo presidente, sea Lawrence Summer, Janet Yellen o un improbable tercero, debe establecer su reputación como un asesino sanguinario cuando se trate de combatir la inflación. Si Obama sólo está generando credibilidad antes de la decisión, entonces sus comentarios son favorables.

 Pero ha dado una débil descripción de un presidente de la Fed en un momento en que el desempleo es de 7,6%. Primero, no hay inflación en este momento, y la medida preferida de la Fed es tan sólo 1% más alta que hace un año. Tampoco es probable que haya inflación cuando hay 12 millones de personas sin trabajo y reduciendo los salarios.

 Si Obama nombra a un presidente de la Fed que esté preocupado por la inflación, estará escogiendo a alguien que entiende mal la economía. Debió haber dicho: “Estoy buscando a alguien que entienda que la Fed tiene un mandato dual, y que en este momento no hay un conflicto entre promover el crecimiento económico y mantener la inflación bajo control”.

Eso no es todo. La Fed cree que la inflación tendrá que aumentar por encima del objetivo durante algún tiempo para así ayudar a que el desempleo caiga más rápido. Está idea se mantiene en el código esotérico del dialecto de la Fed, al prometer “una aproximación equilibrada” a los aumentos futuros en las tasas de interés. La Fed debe comportarse así para que haya simetría entre los dos lados de su mandato, pero las preocupaciones del presidente por la inflación lo impedirían.

 La inestabilidad financiera y el evadir burbujas son las cosas que deben preocupar a un presidente de la Fed. El desorden en los precios de los activos es uno de los peligros que generan las tasas de interés bajas. Sin embargo, Obama habla demasiado sobre los mercados y muy poco sobre los bancos. Los bancos y sus créditos son lo que pueden convertir el entusiasmo de los mercados en una crisis financiera, y buena parte del trabajo del próximo presidente de la Fed será supervisarlos con el vigor que dan las nuevas reglas Dodd-Frank.

El presidente insinúa que hay un conflicto entre el crecimiento y la estabilidad financiera. Sin embargo, como dijo Bernanke a comienzos de este año, uno de los peores riesgos financieros es una economía débil. Entonces, el criterio debe ser: “Quiero un candidato que se asegurará de que haya estabilidad financiera a través de una dura supervisión de los bancos y de cualquiera que intente actuar como uno”.

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Hay otro atributo que Obama no mencionó, pero se dice que considera importante: que el nuevo presidente de la Fed administre bien las situaciones de crisis. Si la economía fuese a padecer otro shock ahora, con tasas que ya están en cero y compras de activos a todo vigor, pondría a prueba el ingenio del presidente de la Fed. Éste debería buscar fortaleza y creatividad en su elección.

 Hay muchas casillas que un presidente de la Fed debería poder marcar: la habilidad para dirigir el Comité Federal de Mercados Abiertos y liderar a los funcionarios (que son dos actividades muy distintas): comunicar las grandes abstracciones de la política de la Fed a un público desconfiado y, por otro lado, ejecutar el baile de cortesía que hace que la Fed sea una criatura del Congreso, pero que sea independiente a él.

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En los últimos dos años, nuevos presidentes han generado revoluciones de política económica en tres grandes bancos centrales. Mario Draghi logró que el Banco Central Europeo “hiciera todo lo posible” por salvar al euro. Mark Carney está empleando guías para política futura en el Banco de Inglaterra. Haruhiko Kuroda hizo que el Banco de Japón pasara de ser casi decorativo al más activo de todos.

  Ahora Obama tiene la oportunidad de darle forma a la Fed durante los próximos años. Sin embargo, el ideal que se ha propuesto es, curiosamente, muy poco ambicioso: describe al banquero central genérico de hace 10 años. Yellen y Summers son dos candidatos brillantes. Ambos cumplen los criterios que se han mencionado aquí; pero Obama debería tener en cuenta cuando tome su decisión, que el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos será un agente libre con un trabajo más importante para la economía que el de la propia presidencia. Su elección, en vez de repetir el viejo dogma de la inflación, debería tener en cuenta las necesidades económicas de Estados Unidos y la real utilidad de la Fed.

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