Los economistas se hallan divididos en torno a si el consejo de gobierno de 22 miembros del BCE recortará su principal tasa de refinanciación, que actualmente es de 0,75%, pero el foco de atención está sobre todo en lo que Draghi dirá, y dejará de decir, sobre el nuevo programa de compra de bonos que ha propuesto.
A medida que se hacen más claras las tensiones entre las economías de la Eurozona con intereses en el mercado radicalmente distintos, el BCE ha estado bajo presión cada vez mayor por parte de países como España e Italia para que intervenga. Entretanto, enfrenta llamados por parte del Bundesbank de Alemania y de otros para que se mantenga firme en su objetivo primario de garantizar la estabilidad de precios.
“Los mercados se están apreciando en torno al riesgo de un colapso de la Eurozona”, dijo ayer Jörg Asmussen, un miembro de la junta directiva del BCE, preparando el camino para la acción. “Para una unión monetaria, estas dudas sistémicas no son aceptables”.
François Hollande, presidente de Francia, y el primer ministro de Italia, Mario Monti, presionaron al BCE para que ayudara a reducir los altos retornos sobre los bonos. “El papel de aquellas instituciones involucradas con la Eurozona, en especial el Banco Central Europeo, es intervenir”, dijo Hollande ayer durante una visita a Roma.
Sin embargo, tan sólo una de las muchas preguntas que enfrentaban Draghi y el banco es cómo determinan qué parte del retorno de un bono es el resultado de los temores por el rompimiento del euro y qué refleja los distintos grados de solidez crediticia.
El BCE ha comprado bonos soberanos en los mercados secundarios en otras ocasiones, bajo su llamado programa de mercado de valores, que ha realizado compras de 210.000 millones de euros en deuda problemática desde 2010, hasta que fue congelado a comienzos de este año. Sin embargo, ese programa siempre fue temporal y limitado, mientras que Draghi ahora ha prometido hacer “lo que sea necesario” para salvar al euro.
La reunión de mañana podría ser “la más decisiva” en la historia del BCE, dijo el economista de ING, Carsten Brzeski. “Para algunos, el nuevo plan representa el final de la doctrina del Bundesbank (de contención de la inflación)”, dijo. “Para otros, es un mal necesario para detener la crisis”.