Irse de la casa es tal vez uno de los momentos más definitivos en la vida de cualquier persona, pues no solo implica la autosuficiencia económica, sino también porque se empiezan a construir los planes o sueños de vida. Sin embargo, las nuevas generaciones la tendrían más difícil que sus padres por una serie de condiciones que dificultan la independencia, que se han agravado por los duros golpes de la pandemia a la economía y sociedad colombiana. Incluso algunos ya emancipados podrían devolverse.
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Las dificultades económicas de los jóvenes de ahora no son un tema nuevo, ni tampoco es un fenómeno local. Un reporte de 2018 de la Reserva Federal de Estados Unidos asegura que los millennials son más pobres que sus padres. La situación financiera es peor para esta generación por factores como los salarios bajos respecto a sus estudios o pagos insuficientes para saldar fácilmente las deudas de educación.
Luis Benítez, director de la firma Insolvencia Colombia, explica que “incluso en países como Estados Unidos la tendencia a independizarse se ha desacelerado. Los salarios ya no crecen como antes y no son siempre suficientes para cubrir todos los gastos. Además, los empleos de calidad son cada vez más competidos, y ya no es como en la época de los papás, cuando un trabajo daba la seguridad para trabajar toda la vida. Por esto, es común ver que los jóvenes tengan dos o tres empleos”.
En efecto, es un problema presente hasta en los países desarrollados. Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, los jóvenes españoles tendrían que ganar el doble, al menos 2.000 euros mensuales, para poder comprar una vivienda.
La situación en Colombia no es la mejor tampoco, sobre todo por las cifras de desocupación: de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la pandemia elevó la tasa de desempleo de jóvenes entre 14 y 28 años del 16 %, registrado en el trimestre octubre-diciembre de 2019, al 29,7 % en el trimestre mayo-julio de 2020. De hecho, son datos que reflejan la desigualdad de oportunidades de esta generación frente a la de sus padres, pues en 2001 el indicador se situaba en el 23 % (trimestre mayo-julio).
Para Iván Daniel Jaramillo, investigador del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, “en Colombia tendencialmente la tasa de desempleo juvenil evidencia porcentajes mayores a la tasa nacional de desempleo, que se explica con las disfuncionalidades en el vínculo sistema educativo-mundo laboral y barreras en la acreditación de experiencia requerida”.
Otro problema para considerar es que hace veinte años los salarios alcanzaban para comprar más vivienda que ahora. Según Sandra Forero, presidenta de Camacol, “si se toma como referencia el período comprendido entre el año 2000 y 2020 se encuentra que el crecimiento promedio en el precio de la vivienda nueva ha sido del orden del 8,1 % anual, mientras que el incremento del salario mínimo legal en este mismo período fue del 6,5 %”.
Sin embargo, Forero indica que “si se evalúa la dinámica de estos indicadores en los últimos cinco años se evidencia una importantísima reducción del 65 % en la diferencia entre precios de la vivienda y los salarios. El cierre de esta brecha se justifica en varios elementos que han fortalecido tanto la demanda como la generación de oferta de vivienda”.
También hay que reconocer que esta generación tiene una robusta oferta de subsidios de vivienda a la que no accedieron sus padres: en el segmento de vivienda de interés social programas como Mi Casa Ya y Semillero de Propietarios dan ayudas tanto para la cuota inicial (de hasta $26 millones) como en la tasa de interés. Y recientemente se lanzó el programa para impulsar la compra de vivienda no VIS (de más de 150 salarios mínimos), que da una ayuda de $439.000 mensuales por siete años ¿Son suficientes?
En un país con un desempleo juvenil tan alto, de casi el 30 %, cualquier subsidio de vivienda puede perder eficacia para promover la emancipación. El problema es que ni siquiera los que están empleados podrían ver una oportunidad por la falta de trabajo de calidad, pues la informalidad en Colombia se sitúa en el 46 %, y en febrero de 2020 había 2,3 millones de colombianos en condición de subempleo por insuficiencia de ingresos (en enero de 2001 solo había 1,6 millones).
En efecto, según Forero, “el desempleo es una preocupación transversal y tendrá efectos sobre la demanda agregada y, desde luego, en la inversión efectiva en vivienda. Precisamente las políticas de reactivación buscan mitigar esos efectos, además de servir como un alivio financiero a los hogares que vieron impactado su nivel de ingresos”.
La pandemia no solo dificultará la independencia de los jóvenes, sino que podría implicar un retroceso en este aspecto: “Las crisis hacen que las personas se devuelvan a vivir con los papás. Y en Latinoamérica la cultura de vivir con familiares es muy fuerte, pues esta es una región de naciones en desarrollo en la que los ingresos no son altos. Incluso en países europeos ya se está viendo el fenómeno de personas que han regresado a vivir con los padres por los estragos de la pandemia. Entonces, es muy factible que el mismo fenómeno pase en Colombia, que muchos ya emancipados se devuelvan, sin importar su edad”, indicó Benítez.
Tal parece que este no sería el año para emanciparse, o tal vez valga la pena repensarlo: en estos tiempos de desempleo juvenil de casi el 30 %, cuando se han destruido casi cinco millones de empleos, tal vez lo mejor sea ahorrar para estar mejor preparado. O incluso sería inteligente empezar los trámites de subsidio de vivienda mientras se vive con los padres. De esta manera, el salto hacia a la independencia será menos tortuoso y habrá más oportunidades de triunfar.