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Para arriba: así va la economía en Estados Unidos, pero algo podría bajarla

22 de marzo de 2018 - 08:40 p. m.
Pixabay
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Los estadounidenses pasaron gran parte de los últimos diez años preguntándose cuándo se recuperaría la economía después de la devastadora gran recesión. Ahora están considerando otra pregunta: ¿cuándo y cómo terminará esa recuperación?

Este mes se cumple el décimo aniversario del colapso del banco de inversiones Bear Stearns, uno de los primeros sucesos de lo que se convirtió en una crisis financiera global. El próximo mes, en otro hito, la actual recuperación se convertirá en el segundo periodo más largo de expansión económica registrado en la historia de EE. UU.

No hay señales de que ese rebote vaya a terminar pronto. El desempleo es bajo, la creación de empleos es sólida y la economía en general parece estar cobrando impulso, no perdiéndolo. La mayoría de los economistas esperan que la expansión continúe hasta bien entrado el año próximo, lo que la haría la más larga jamás ocurrida. Muchos piensan que podría durar años, dando pie a la posibilidad de que el presidente Donald Trump se postule para su reelección en medio del crecimiento económico más sostenido en una generación.

Incluso la intención de la Reserva Federal de imponer tres aumentos a las tasas de interés este año —la primera esperada para este miércoles— ha hecho poco para nublar el panorama.

Sin embargo, muchos economistas también argumentan que las semillas de la próxima crisis se están sembrando ahora, aunque falten muchos años para que salgan a la superficie. Los buenos tiempos les dan a los gobiernos la oportunidad de poner su casa fiscal en orden y abordar desafíos a largo plazo. Contrariamente a esto, Estados Unidos está acumulando deuda y adoptando políticas —restricciones a la inmigración, aumento de barreras comerciales, regulaciones financieras más laxas— que muchos economistas consideran contraproducentes.

“Estamos aumentando los problemas estructurales”, dijo Veronique de Rugy, una economista del Mercatus Center, un grupo de expertos libertario. “Esto es lo más desconcertante. No solo no los estamos abordando, sino que los estamos aumentando”.

Los inversionistas quizá estén comenzando a preocuparse de que la recuperación pueda estar, si no terminando, sí por lo menos entrando en una fase más arriesgada. En febrero, los mercados cayeron después de que un informe que mostraba un crecimiento salarial inesperadamente alto revivió temores latentes desde hace tiempo sobre una inflación. Los mercados se recuperaron pero han permanecido volátiles, cayendo de nuevo este mes cuando Trump anunció los planes de imponer aranceles al acero y el aluminio que se espera entren en vigor esta semana.

Los economistas han dicho que los temores de los inversionistas podrían no ser infundados, pero sí prematuros. Es posible que el mercado laboral más restrictivo —la tasa de desempleo actual, del 4,1%, es la más baja desde el año 2000— obligue a las compañías a pagar sueldos más altos. Eso podría conducir a una inflación y provocar que la Reserva Federal eleve las tasas más rápido de lo planeado, y los créditos más restringidos para los comercios y los consumidores podrían generar una recesión.

La probabilidad de tal sucesión de eventos puede haber aumentado en los últimos meses con la aprobación de la propuesta de ley fiscal republicana y la adopción de un gran paquete de gasto en el Congreso, que juntos podrían verter cientos de miles de millones de dólares en estímulos fiscales a la economía. Los aranceles de Trump también podrían aumentar los precios para los consumidores al limitar las importaciones más baratas del extranjero.

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“Ya tenemos una economía restringida, y le añades el estímulo fiscal, y luego le sumas a eso las protecciones comerciales”, dijo Torsten Slok, economista internacional principal de Deutsche Bank. “Es casi una tormenta perfecta en formación con estos riesgos de sobrecalentamiento”.

Hasta ahora, esta amenaza es solo hipotética. La inflación se ha elevado pero sigue por debajo del objetivo del dos por ciento de la Reserva Federal, y el crecimiento salarial sigue siendo famélico: incluso la sorprendente cifra de enero se corrigió más tarde a la baja. Si la inflación sí sube, no conducirá a una recesión de la noche a la mañana.

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El impacto de una posible guerra comercial es más difícil de evaluar. Los aranceles anunciados por Trump hasta ahora son pequeños y no es muy probable que tengan un gran efecto en la economía en general. Pero si busca aranceles con una base amplia en contra de China —algo que se dice está considerando— y anima una revancha por parte de la Unión Europea u otros socios comerciales, las consecuencias podrían ser mucho mayores.

Lea también:¿Qué significa que Trump imponga aranceles a las importaciones de acero y aluminio?​

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“Sabemos, a partir de la historia, que eso es un perder-perder”, dijo Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional, un grupo de expertos a favor del comercio. “Reverbera por toda la economía de EE. UU.”.

Más allá de la cuestión del comercio, la mayoría de los expertos consideran que hay pocas amenazas que pudieran estropear la recuperación a corto plazo. Eso se debe en parte a que se requeriría un impacto bastante sustancial para sacar a la economía de su rumbo. Los recortes de impuestos y los aumentos en el gasto pueden hacer crecer el espectro de la inflación, pero también proporcionan un aislante extra en contra de tal impacto. Economistas encuestados por The Wall Street Journal hace poco consideraron que las probabilidades de que haya una recesión en el próximo año son del 14 por ciento.

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“Creo que tendremos éxito el resto de este año”, dijo Martin N. Baily, quien fungió como presidente del Consejo de Asesores Económicos durante el gobierno del presidente Bill Clinton y ahora es un economista de Brookings Institution.

Los economistas tienen fama de ser malos para predecir las recesiones. Pocos vieron venir la última. Y aunque la expansión actual ha sido duradera, no ha sido particularmente fuerte. El crecimiento trimestral anualizado del producto interno bruto ha promediado solo un 2,2 por ciento desde que la recesión terminó, en contraste con el cinco por ciento de la recuperación típica desde 1950. La economía ha experimentado básicamente una combustión larga pero lenta, en lugar del rápido incendio común en el pasado.

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“Puedes considerarlo con el tiempo como tu sistema de medición y decir: ‘Vaya, esto es realmente largo’”, dijo Jonathan Golub, director de estrategia de capitales en EE. UU. de Credit Suisse. “O puedes ver los resultados y decir: ‘De hecho, es sorprendentemente débil’”.

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