Por todas partes surgen indesmentibles señales de un aumento en los niveles de morosidad. En México, por ejemplo, los bancos cerraron 2008 con un aumento del 40,75% en su cartera vencida, con un alza particularmente fuerte en el segmento de tarjetas de crédito.
En Argentina, el porcentaje de morosidad en los bancos ya se aproxima al 5% en comparación con 3,5% a fines de 2007. Y Brasil ha visto un aumento del 28,9% en el incumplimiento de los pagos de las empresas, en relación con el mismo período de 2008.
"En un panorama como ése, las pequeñas y medianas empresas son las que más sufren, porque no poseen un equipo para analizar riesgos y dar apoyo a sus equipos de venta, ni para recuperar los créditos impagos", dice Sandra Fiorentini, consultora jurídica del Servicio Brasileño de Apoyo a Micro y Pequeña Empresa (Sebrae).
Para blindarse ante ese riesgo, lo primero que un pequeño empresario debe hacer, según analistas, es realizar un análisis del perfil de sus clientes y de su capacidad de pago. O sea, buscar información como su capital social y el comportamiento en el mercado.
"Obtener una calificación crediticia y un análisis exhaustivo del comportamiento previo de un cliente es muy importante", dice Cristián García Huidobro, secretario general de la Cámara de Comercio de Santiago, en Chile.
"En general, un nivel de incumplimiento inferior al 1% de la facturación de la empresa no es algo de lo cual preocuparse demasiado. Pero si sobrepasa ese nivel, podrá afectar las finanzas de la empresa y lo mejor es comenzar a transferir ese riesgo, contratando financieras o empresas de tarjetas de crédito en el caso de ventas a plazo", dice Fiorentini. "Y siempre que sea posible, huir del cheque".
La transferencia de ese riesgo siempre implica costos, pero los analistas señalan que por lo general, dependiendo de la cartera de clientes, es menor que el del procedimiento de cobranzas financieras, sobre todo si no hay un equipo dedicado a la recuperación del crédito. "Aceptar tarjetas de crédito y el crédito de financieras es absolutamente necesario. Todo empresario debe considerarlos al momento de definir el precio de su producto o servicio", dice el chileno García.
Cuando la relación comercial se da entre personas jurídicas, otra opción a considerar es el seguro de crédito, que sirve para cubrir el atraso en los pagos, quiebras o liquidaciones, pero que es relativamente poco conocido en la región. "Por lo general es una cultura que acá está en pañales si se compara con Europa, donde pueden ser la diferencia entre quebrar o no", dice Manuel Torres, ejecutivo de Mapfre en México.
"En todo Brasil, por ejemplo, hay menos de 400 pólizas vigentes en el mercado", señala Eduardo Nóbrega, de la empresa brasileña JMalucelli.
Sin embargo, por lo general son contratos caros: para seguros locales (no de exportación), "pueden variar entre el 0,2% y 0,6% de la facturación anual", dice Nóbrega. Además, se toma en consideración la tasa histórica de incumplimiento y el riesgo del sector en que opera la empresa, lo cual lo hace de difícil acceso para las empresas menores. "Si factura menos de US$ 5 millones por año, es más difícil obtener el seguro, ya que la pulverización del riesgo es menor", dice.
Otro factor es que estos seguros no pueden contratarse sólo para cubrir a un grupo de clientes de mayor riesgo, y reembolsan sólo entre 75% y 90% de los montos. De todos modos, como Juan Segura vivió muchos años, Torres afirma que en México "ya estamos viendo un aumento en el interés entre empresas de tamaño medio".