Entre los nubarrones que pasan por su cabeza con recuerdos dolorosos de ese pasado —el cual él quisiera arrancar, arrugar y botar a la basura como una hoja inservible y triste del libro de su vida—, llega a la conclusión de que “la guerra no es sólo tener un fusil y disparar” y que el conflicto se libra también desde otros “rincones”, como lo son la indiferencia y la discriminación.
“¿Quién quisiera tener un reinsertado trabajando en su empresa?, ¿quién querría darme esa oportunidad cuando yo ni siquiera sé para qué sirvo?”, se cuestionaba Carlos recién llegado a Medellín después de vivir más de una año en el monte.
Tras un sinnúmero de “noes”, “madrazos”, desaires o sencillamente la ausencia de alguna respuesta, Carlos encontró una oportunidad laboral como auxiliar de servicios generales en Sodexo (Medellín), una multinacional francesa que brinda servicios de alimentación, limpieza y de mantenimiento.
A través del programa Soluciones de esta compañía, Carlos comenzó a trabajar, después de llevar un proceso de adaptación de la mano de organismos gubernamentales y la Alcaldía de Medellín. Ahora se desempeña como auxiliar administrativo.
Pero por más entrenamiento, a pesar de laborar, cumplir horarios, acatar órdenes, socializar y llevar un trato cordial con sus compañeros de trabajo, es un reto tan difícil que muchos han optado por desertar.
De acuerdo con Dálida Villa, responsable del programa Soluciones de Sodexo en la capital antioqueña, “al principio fue muy difícil. Lo más complicado fue conseguir la autorización de nuestros clientes para que desmovilizados les prestaran servicios. Entonces, nos enfrentamos a una cantidad de paradigmas sociales y prejuicios. Por ello comenzamos a desarrollar campañas de sensibilización con empleados, clientes y proveedores”.
“Cuando salí de la selva y llegué a Medellín, me sentí enfermo pero no sabía qué hacer en ese caso, a quién recurrir. Recuerdo que caminé por varias horas y observaba los edificios gigantes, caminaba por calles atestadas de carros y en cada esquina había un aviso, una señal. No entendía nada”, expresa Carlos, haciendo un recuento de su llegada a su desconocida Medellín, la misma ciudad en donde nació y terminó su bachillerato.
Las mayores dificultades para los desmovilizados, según Dálida Villa, han sido adaptarse a los horarios, procurar una buena presentación personal, acatar órdenes de sus superiores y tomar los servicios de las EPS donde están afiliados. “A pesar de que todos están afiliados, cuando se enferman prefieren ir a una droguería, comprar un analgésico y quedarse en la casa, que ir al médico. Ha sido todo una lucha en este aspecto”.
“En la empresa tenemos vinculadas a 100 personas desmovilizadas, 99 de ellas están en Medellín y una en Bogotá, y los apoyamos constantemente con acompañamiento y programas de comunicación. Varias veces hay que jalarles las orejas, velando siempre por nuestra cadena de valor. Pero ha sido una experiencia muy enriquecedora”.
En Sodexo están vinculados, en programas como Empleabilidad y Formación del empleo, hombres y mujeres que alguna vez engrosaron las filas del paramilitarismo y la guerrilla, como también víctimas de la violencia. Todos han aprendido a aceptarse y respetarse, apartar sus ideales políticos y sociales. Se conocen, saben quiénes son; sin embargo, los empleados de empresas donde trabajan prestando servicios de Sodexo no saben de su pasado, ni conocen sus rostros.
Aparte de esos dos programas, hay otro que apoya las ideas emprendedores con capital semilla, tecnología de punta y condiciones locativas para comenzar los negocios y que al final del proceso puedan convertirse en proveedores de Sodexo o de cualquier empresa de servicios.
* Nombre cambiado por seguridad.