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¿Qué se está haciendo de cara al fenómeno de El Niño?

El próximo fenómeno de El Niño amenaza con ser el más fuerte y prolongado en años, con capacidad de empujar la inflación hasta 6,9 %. El Gobierno ya tiene 53 medidas en marcha para enfrentarlo, pero el plan depende de combustibles cuya producción no está asegurada del todo y de las billonarias deudas que el Estado tiene con prácticamente todo el sistema. ¿Cuál es la hoja de ruta para evitar un apagón?

09 de agosto de 2026 - 11:00 a. m.
De fondo, El Niño implica para buena parte del país temperaturas más altas y escasez de lluvias. Y, claro, esto le pega a los ciclos de prácticamente todo tipo de cultivos.
Foto: EFE - HOTLI SIMANJUNTAK
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Si las proyecciones se hacen realidad (y es de las veces que agradeceríamos que no), el próximo fenómeno de El Niño tiene el potencial de pasar a la historia por todas las malas razones.

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Aunque es un fenómeno climático normal, su aparición e intensidad han ido subiendo en la misma medida que el termómetro general del planeta, cortesía de una larga lista de factores, comenzando por el desenfreno en el consumo de combustibles fósiles.

Para este punto de la historia, El Niño puede tener varios impactos en el país y su economía, comenzando por el renglón de alimentos y precios de la canasta básica. Por ejemplo, el Banco de la República estimó en su más reciente Informe de Política Monetaria que la inflación rozaría 6,9 % para finalizar el año si el fenómeno climático encarna su versión más poderosa (la meta de la entidad para el indicador es de 3 %).

De fondo, El Niño implica para buena parte del país temperaturas más altas y escasez de lluvias. Y, claro, esto le pega a los ciclos de prácticamente todo tipo de cultivos.

Y por este lado llegamos al segundo gran renglón de afectación: el energético.

En condiciones normales, alrededor de 70 % de la demanda de electricidad nacional se atiende con la oferta de las hidroeléctricas. Si los meses de lluvia no llegan con los números suficientes, este factor comienza a desequilibrar todo el sistema porque, al final de cuentas, lo que se juega es el llenado útil de los embalses.

La meta es intentar llegar a diciembre (inicio de la temporada seca estacional) con un nivel de embalses nacional por encima de 80 %. Por eso desde varias esquinas del ecosistema energético se ha pedido que las plantas térmicas comiencen a tener un papel prioritario desde ya para así ayudar a ahorrar agua por el lado de la generación hidroeléctrica.

“Según las evaluaciones que se han hecho, este fenómeno de El Niño podría ser el más fuerte y largo porque, incluso, podría extenderse hasta marzo o abril”, dijo Edwin Palma, saliente ministro de Minas en diálogo con El Espectador.

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Entonces, sabemos que El Niño viene. ¿Qué se está haciendo y qué se requiere para prepararnos?

La preparación de fondo

El saliente ministro Palma habla de la puesta en marcha de 53 medidas para afrontar El Niño. “Dentro del comité que hace seguimiento al sistema hemos realizado más de 40 reuniones junto con XM y el Centro Nacional de Despacho. La doctora Noemí Arboleda (ministra de Minas del gobierno De la Espriella) por fortuna conoce todas esas medidas. Claro, son mejorables. Siempre puede haber más acciones o recalcular la ruta. Eso pasa en cualquier proceso”, dijo.

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Uno de los cambios estructurales en esta ocasión es el diseño de un marco permanente de medidas para periodos de estrechez energética, que reemplaza el mecanismo común hasta el momento: expedir una resolución transitoria cada vez que se presenta un episodio de baja hidrología. La experiencia del Fenómeno de El Niño de 2023-2024 dejó una lección clara para el país: las medidas de emergencia funcionaron, pero llegaron tarde y con poca previsibilidad para el mercado.

El nuevo esquema opera mediante circulares: sin necesidad de una nueva resolución, el Ministerio podrá activar, combinar o desactivar un conjunto de herramientas ya aprobadas, según el análisis técnico del Centro Nacional de Despacho. Entre ellas están fijar una generación térmica mínima para proteger el nivel de los embalses, suspender o limitar las exportaciones de electricidad a países vecinos, y habilitar mecanismos para que los usuarios reduzcan voluntariamente su consumo a cambio de una remuneración.

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La resolución también protege a los usuarios regulados de los coletazos financieros de una crisis hidrológica: ordena a la CREG crear mecanismos de contratación directa de energía para blindar a los comercializadores de los precios altos de bolsa, y le da hasta 60 días para ajustar los factores tarifarios y evitar que se repita la acumulación de deuda que dejó la opción tarifaria en episodios anteriores.

El papel de las plantas térmicas

Desde mayo de este año, gremios como Acolgen le pidieron al Gobierno poner a funcionar a toda máquina las plantas térmicas, que son el soporte de emergencia del sistema eléctrico, para moderar la generación en los embalses y, así, comenzar a ahorrar agua.

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En condiciones normales, la generación térmica representa alrededor del 30 % de la matriz eléctrica del país. En el último episodio en que El Niño golpeó con fuerza, en 2024, esa participación llegó al 50 %, equiparándose a la hidroeléctrica.

Ese es el nivel al que las térmicas tendrían que escalar de nuevo si El Niño de 2026 golpea con la gravedad que anticipa el Ideam.

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Pero aquí hay algunos asuntos que preocupan a gremios y analistas, principalmente relacionados con el suministro de los combustibles que requieren las térmicas, particularmente el gas.

Buena parte del gas que alimenta a las térmicas se importa por la regasificadora de Cartagena que, desde 2024, también viene supliendo parte de la demanda de hogares, comercios e industria del país (actualmente, 30 % del gas que consume Colombia es importado).

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Y el punto crítico acá es que, si las térmicas deben funcionar a toda máquina para sobrevivir al Niño sin apagones, habrá menos gas disponible para suplir los faltantes que requiere el resto de la demanda nacional.

Una de las solicitudes de empresas como el Grupo Energía Bogotá es que entren en operación en el menor tiempo posible los proyectos de regasificación que están en curso. Un proyecto en el Pacífico, a cargo de Ecopetrol, es el único que alcanzaría a entrar en operación a finales de este año.

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El otro tema en el que gremios como la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP) reclaman atención es en el abastecimiento de diésel. Durante El Niño de 2023-2024, ese combustible llegó a representar entre 2 % y 6 % de la generación eléctrica del país. Pero si el fenómeno que se avecina alcanza la intensidad “muy fuerte” que proyecta el Ideam, el ACPM podría llegar a cubrir cerca de 9 % de la generación.

Esto implicaría un volumen 30 % mayor al que la producción nacional puede ofrecer por sí sola, lo que obligaría a planear con anticipación importaciones y logística para traer el combustible desde la costa.

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La regasificadora de Cartagena

En el lado de las acciones que ya se tomaron, el mantenimiento de la regasificadora de Cartagena destaca. La instalación pasó por este proceso entre el 30 de julio y el 3 de agosto, sin que esto representara problemas para el abastecimiento nacional, lo que de entrada deja lecciones para el futuro.

El operador de la terminal (SPEC LNG) señaló que la programación buscó anticiparse al fenómeno de El Niño, cuyos efectos sobre la hidrología del país se proyectan más críticos hacia el cuarto trimestre de este año. “Completamos este mantenimiento dentro de la ventana prevista y en estrecha coordinación con los agentes del sistema. Gracias a esta intervención, la terminal está disponible para respaldar la demanda energética del país en los meses de mayor exigencia”, dijo esta semana Julio Turizzo, gerente general de SPEC LNG.

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El Estado también tiene que ahorrar

Durante el mantenimiento de la regasificadora, el Gobierno impulsó esquemas de trabajo híbrido entre diferentes entidades del Estado, con el ánimo de reducir la presión sobre la demanda de energía.

Además de esto, el Ministerio de Minas expidió una circular para que el Estado mida más de cerca su consumo de energía y presente, en el nivel de cada entidad, un plan de ahorro de cara al Niño.

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Cada entidad deberá reportar, sede por sede —incluidas bodegas y dependencias regionales—, el nombre del proveedor de energía, el número de cuenta y el consumo mensual en kilowatios hora (kWh) de los últimos 36 meses. A partir de esa línea base, tendrá que enunciar las medidas de ahorro que va a implementar, definir un indicador para medirlas, fijar una meta de reducción y presentar un cronograma de ejecución a seis meses.

Según el Ministerio, esta línea base será la primera fotografía completa del consumo energético del sector público nacional y servirá para diseñar, de aquí en adelante, estrategias de eficiencia con datos reales en lugar de estimaciones.

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El lado del ahorro

El Ministerio también prepara un nuevo esquema para incentivar el ahorro de energía eléctrica ante los riesgos que plantea el fenómeno de El Niño.

La propuesta propone un descuento de hasta 40 % en la factura de energía para los usuarios que reduzcan el consumo frente a una meta de referencia. Los que aumenten, en cambio, asumirán un cobro adicional.

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El Ministerio puso un ejemplo: si un usuario consume 30 % más que su meta, deberá asumir un cobro adicional equivalente al 30 % asociado a ese sobreconsumo. La medida busca que el precio funcione como una señal para modificar el comportamiento cuando el sistema enfrente períodos de estrechez energética.

El problema de los recursos y el caso Air-e

Además de las medidas en términos de gas y de ahorro, otro de los puntos clave es garantizar recursos porque, como bien lo dijo Palma, “existen unas deudas, de público conocimiento, con el sector eléctrico, particularmente con las plantas térmicas, que se acumularon como consecuencia de la intervención de Air-e. Si esos recursos están disponibles para garantizar el combustible necesario para la generación eléctrica, creo que podremos superar este fenómeno”.

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Por ejemplo, según cifras de Acolgen, el Gobierno les llegó a deber unos COP 9 billones a las empresas del sector. De ese total, alrededor de COP 2,5 billones corresponden a las deudas de Air-e. Sin liquidez, advirtió el gremio, el sector no tiene con qué responder a una emergencia. Según Andeg, Air-e les debe a las plantas térmicas más de COP 1,7 billones, dinero suficiente para alimentar con combustible estas instalaciones por un mes.

Aquí vale recordar que la comercializadora que presta servicio en La Guajira, Atlántico y Magdalena actualmente está intervenida por la Superintendencia de Servicios Públicos. Y bajo esta figura, los generadores están obligados a venderle, así no pague sus obligaciones (por una disposición de la misma Superservicios).

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La amenaza del Niño es real, y las medidas están en marcha. Pero todas ellas dependen de dos cosas que hoy no están garantizadas: el gas para las térmicas y la plata para pagar las necesidades que vayan surgiendo en el camino. Si alguna de las dos falla, Colombia se podría enfrentar a un fantasma que nos acecha pero no se ha manifestado desde los años 90: el apagón.

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