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Reciclaje por sonrisas

Familias de escasos recursos reunen vidrio para venderlo y pagar los tratamientos de sus hijos con labio y paladar hendido. Los procedimientos están entre los $800 mil y $5 millones.

14 de marzo de 2012 - 04:51 p. m.
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Con 200 toneladas de vidrio reciclado al mes, familias que antes no tenían cómo costear el tratamiento para sus hijos que sufren de labio y paladar hendido, hoy pueden ofrecerles una mejor calidad de vida. El material reciclado es entregado a Fisulab, una fundación que financia la recuperación de niños y jóvenes a través de recursos provenientes de la recolección de papel, cartón, periódico, chatarra y, en especial, vidrio. Además, con este sistema de financiación, Fisulab genera empleo para las familias de sus pacientes, las cuales reciclan y tienen así una entrada extra.

Juan Camilo Flórez Moreno sufre de labio paladar hendido bilateral completo, un sustantivo largo e incomprensible para muchos y que él prefiere resumir en “yo nací así y estoy en tratamiento”. Tiene 18 años y desde su primer año ha estado practicándose procedimientos, pues a su madre le preocupaba que no pudiera desarrollar bien el habla. Él la tranquiliza y le dice en broma —o quizá no— que a punta de “parla” fue como conquistó, por medio de chats, a su novia argentina, con quien lleva dos años de relación.

La familia de Juan Camilo tiene los medios económicos para costear su tratamiento. Sin embargo, 18 años de pertenecer a la fundación han hecho que Juan Camilo sienta la responsabilidad de colaborarles a sus amigos: niños y niñas que, a diferencia de él, no tienen cómo financiar los suyos. “Tener un defecto en la cara es algo terrible, la gente discrimina y la autoestima de quienes padecemos esto casi siempre está por el piso. Ahora son niños, pero cuando grandes, las cosas van a ser a otro precio”, explica Juan Camilo, y agrega que su compromiso con los “parceros” de la fundación está en reciclar para ellos y sus familias.

Por eso, cuando su estudio se lo permite, acompaña a las familias a recolectar botellas de vidrio que otros dejan en las calles o dona el material de vidrio que se recicla en su casa.

Ni en las ocho ocasiones que Patricia Moreno, madre de Juan Camilo, ha visto a su hijo entrar a un quirófano, lo había notado tan ansioso como ahora. A él le parece normal estar prevenido, porque en marzo ingresará a la universidad y allí tendrá que armarse de una raqueta de tenis para esquivar uno por uno los comentarios frívolos y chistes pesados; que no lo llamen por su nombre o “Juanca”, como sus amigos de la fundación lo llaman, sino que le digan ‘boquinche’ o ‘boquineto’. Cuando Juan Camilo mira su reflejo en un espejo y lo compara con un retrato suyo de años pasados, dice que “el cambio es del cielo a la tierra, pero no falta quien haga comentarios pesados. Hay que aprender a vivir con esto, pero es muy difícil”.

María del Pilar Echeverri, directora de Fisulab, afirma que “con las ventas del reciclaje financiamos los tratamientos de los niños que no tienen ningún tipo de seguridad social”. Desde 2009, el reciclaje recolectado por la fundación es comprado por la empresa O-I Peldar, que paga alrededor de $130 millones mensuales. Mónica Franco, coordinadora de reciclaje de O-I Peldar, explica que “por cada 10% de vidrio reciclado que se emplea, las emisiones de carbono disminuyen en aproximadamente un 5% y es posible el ahorro del 3% en el uso de energía”.

A pesar del temor que genera en Juan Camilo la nueva etapa universitaria, también es consciente de que es un lugar donde puede encontrar personas que se interesen por quienes padecen esta malformación congénita. “Quién quita que la gente de la U nos ayude a recolectar vidrio y otros materiales, así más niños podrán acceder a especialistas en fonoaudiología, otorrinolaringología y también cirugías plásticas, reconstructivas. Estoy ansioso pero optimista de que este paso será una oportunidad para mis amigos de la fundación. El reciclaje les ha cambiado la vida a 18 niños, y a sus padres, pero es posible cambiársela a más personas”.

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