El sector de la construcción ha mostrado un repunte en los últimos meses de este año. De acuerdo con Martha Pinto de de Hart, presidenta de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), en septiembre pasado se vendieron 8.696 unidades de viviendas nuevas, un nivel récord desde diciembre de 2008, que representaron un crecimiento de 82% respecto al mismo mes del año pasado. Del total, 3.122 correspondieron a Vivienda de Interés Social (VIS) y 5.574 a no VIS. El promedio en los primeros nueve meses de 2009 se ubicó en 6.172 unidades.
Para la presidenta de Camacol, “a partir de la entrada en vigencia (abril 2009) de la medida de la cobertura condicionada de tasas de interés para la adquisición de vivienda, se observa que las ventas a septiembre han repuntado en 51% frente a los seis meses anteriores a la medida (octubre 2008-marzo 2009)”.
La información corresponde a la muestra georreferenciada de Camacol, Coordenada Urbana, que se realiza en Antioquia, Caldas, Risaralda, Valle del Cauca y Bogotá-Cundinamarca, en la cual también se evidencia una reducción en el índice de rotación (tiempo que se demora en vender una vivienda nueva), según el cual en septiembre pasado una vivienda nueva se demoraba 4,4 meses en ser comprada, cuando en diciembre de 2008 estaba por encima de 10 meses.
En relación con los precios, Martha Pinto sostuvo que han tenido un comportamiento relativamente estable, con un incremento de 0,9% a septiembre pasado. Pero la dirigente gremial llamó la atención sobre el incremento en los costos derivados de los impuestos que los municipios les cobran a los constructores, además del alto valor de la tierra, del costo de la acometida de los servicios públicos y de las demoras en los trámites, “que no permiten construir vivienda barata”.
Sobre las proyecciones del sector al terminar este año, Camacol proyecta que la industria de la construcción tendrá un crecimiento de 2% y no cree que se vaya a presentar una sobreoferta, si se considera que sólo el 6% de la oferta en el mercado corresponde a proyectos terminados, lo cual alivia la posibilidad de que los edificadores se queden “encartados” con viviendas sin vender.