El dato puede sonar casi fantasioso: los multimillonarios globales están incrementando su riqueza en USD 80.700 cada segundo. Para el momento de redacción de estas líneas, el patrimonio colectivo de la súper élite mundial había subido en más de USD 4.000 millones en apenas 14 horas y el contador sigue marcando hacia adelante.
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La cifra no sólo resulta espectacular de cierta forma, sino que comienza a tornarse en escandalosa y aberrante cuando se tiene en cuenta que esto sucede en un mundo en el que una de cada cuatro personas aún no puede costear una dieta básica, lo que la manda a la categoría de inseguridad alimentaria.
Entonces, lo que estos números muestran, una vez más, es que la brecha de inequidad en el mundo se va ensanchando, en detrimento de los más pobres del mundo.
Este análisis está en el corazón del informe global sobre inequidad que, año a año, lanza la ONG Oxfam como una forma de arrancar la conversación alrededor del Foro Económico Mundial que se realizará esta semana en el idílico paisaje invernal de Davos, Suiza.
Durante más de cinco décadas la reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF por su sigla en inglés) ha sido reconocida como la plataforma internacional más relevante en la que coinciden las personas más influyentes del mundo en materia económica.
Al encuentro acuden miles de asistentes, entre líderes políticos, jefes de Estado, académicos y las cabezas de las compañías más poderosas del mundo.
Este año la reunión busca “conectar líderes para encontrarles sentido a los desafíos globales e impulsar hacia adelante al mundo entre todos”.
Para todas las discusiones y decisiones de negocios que se toman a instancias del WEF, el encuentro también sirve para enfrentar las grandes disparidades de un mundo que se mueve a una velocidad constante hacia una catástrofe climática que bien puede terminar por ensanchar las brechas y agravar problemas vitales, como el de la alimentación.
¿Qué dice el informe de Oxfam?
Para 2025, según datos de la ONG, se registraron 3.000 personas a nivel global con fortunas por encima de los USD 1.000 millones. Este es un número récord, advirtió Oxfam en su informe anual. Y en sólo un año su riqueza conjunta creció en USD 2,5 billones, lo que equivale al dinero en conjunto que posee la mitad más pobre del planeta (unos 4.100 millones de personas).
El crecimiento en la riqueza de la élite global se aceleró con el regreso de Donald Trump a la presidencia de EE.UU., con una expansión que triplica el ritmo de lo registrado en la pasada media década, dice el informe de Oxfam.
La redistribución de la riqueza es una de las conversaciones más urgentes en la economía global, más aún cuando se tiene en cuenta que el incremento más inmediato en la riqueza de los multimillonarios, los USD 4.000 millones de los que hablamos al principio de este artículo, alcanzarían, según Oxfam, para cosas como:
- Darles mejor acceso a agua y saneamiento básico a más de 140.000 personas.
- Enrolar a más de 405.000 niños en educación escolar.
- Incrementar el acceso de electricidad para cerca de 3,7 millones de personas.
- Pagar el salario de más de 65.000 enfermeras adicionales.
Según Franc Cortada, director de Oxfam, la concentración de riqueza y poder político en las mismas manos “ya no se oculta y se ejerce con total impunidad, ante nuestros ojos y en directo”.
¿Por qué es importante pararle bolas a la distribución de la riqueza?
No es sólo una cuestión moral, que lo es. El problema con la brecha enorme en la distribución de la riqueza también suele venir acompañada de problemas y deficiencias en los sistemas tributarios.
Según datos de Oxfam, mientras que el ritmo de riqueza de los multimillonarios continúa incrementándose, su tasa impositiva a nivel de global ronda mínimos históricos.
Y los topes con los que se grava la riqueza se han rebajado en un tercio durante las últimas cuatro décadas, tiempo en el que los ingresos del 1 % más acaudalado han crecido casi que 50 %.
Por otra parte, también hay evidencia que señala que la inequidad económica suele llevar también a una brecha en representación política, cuando menos.
De acuerdo con un estudio de 2025, entre más alto sea el coeficiente Gini de un país (que se usar para medir la desigualdad), más probabilidades hay de que haya una erosión en los sistemas de la democracia de ese territorio.
El modelo señala que, por ejemplo, los riesgos derivados de la inequidad en Suecia generan apenas una probabilidad de 4 % en la erosión democrática del país. Para Sudáfrica, esta probabilidad se eleva a 31 %.
La brecha de riqueza entre los multimillonarios y el resto de la población está “creando una clase de ciudadanos con accesos irrestrictos al poder y a la posibilidad de controlar nuestras economías y sociedades. Al mismo tiempo, las voces de una mayoría políticamente pobre son restringidas y silenciadas en muchos países”, asegura el informe de Oxfam.
Esto sucede en un mundo en el que la reducción en pobreza, después de décadas de mejorías continuas, se ralentizó después de la debacle económica y social de la pandemia. Las proyecciones más recientes del Banco Mundial señalan que para 2050, un tercio de la población mundial vivirá en condiciones de pobreza si los esfuerzos de combate contra este fenómeno continúan en el ritmo global.
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