Una fría reacción del mercado a la última oferta de deuda del gobierno complicará una situación económica ya precaria, que tan sólo ha empeorado desde que en julio fue desatado un cese de pagos por el colapso de las conversaciones con los “fondos buitre”. El gobierno esperaba que la emisión de deuda pudiera aumentar las reservas extranjeras y relajar la presión, para llegar a un acuerdo rápido con el grupo de fondos de apalancamiento de Estados Unidos.
“Desafortunadamente este resultado son muy malas noticias”, dijo Agustín D’Attellis, miembro de un grupo de economistas heterodoxos que trabaja muy de cerca con el gobierno. Se refirió a que los inversionistas compraron tan sólo US$286 millones de una nueva deuda con leyes locales, en una oferta de US$3.000 millones, y cambiaron tan sólo US$377 millones de los US$6.700 millones de bonos Boden 2015.
“Un resultado exitoso habría puesto las bases para que el crecimiento se recuperase sin que hubiera un acuerdo con los fondos buitre”, dijo, añadiendo que el escenario era ahora “más complejo”, al tiempo que Argentina se esforzaba por superar una recesión en medio de precios más bajos de la soya, su principal exportación.
D’Attellis cree que el acuerdo “no va a darse” a principios del próximo año, cuando se vuelvan a iniciar negociaciones, luego de la fecha de vencimiento el 31 de diciembre de la llamada cláusula Rufo en los contratos de bonos. Esta cláusula impide que el gobierno les pague a los “fondos buitre” más de lo que les pagó a los portadores de bonos que aceptaron las reestructuraciones en el 2005 y el 2010.
Esto es porque el gobierno sencillamente es incapaz de cumplir con las exigencias inflexibles de los fondos de apalancamiento liderados por NML Capital, del multimillonario estadounidense Paul Singer, que se rehusó a participar en las reestructuraciones luego de la crisis de la deuda de 2001, dijo D’Attelis.