Las calamidades financieras se han producido en oleadas durante las dos últimas semanas, cada una sacudiendo más a la economía estadounidense.
Estos acontecimientos diarios — en ocasiones, cada hora — han incluidos los descensos continuos en el mercado de la vivienda, los rescates gubernamentales de los gigantes financieros en problema y la desaparición de venerables firmas de Wall Street. Repentinamente, los estadounidenses se han tenido que familiarizar cada vez más con los términos financieros y aprender a moverse entre detalles complejos sobre el funcionamiento interno de un sistema financiero estadounidense — y mundial — que está en crisis.
Porque los títulos respaldados por hipotecas son un problema
Durante el auge de la vivienda a principios de la década, muchas entidades crediticias relajaron los estándares y otorgaron préstamos subpreferenciales a los compradores de casas. Estos préstamos presentaban riesgos y tenían tasas de interés que aumentaron durante el transcurso de su vigencia, incrementando los pagos. Wall Street compró estos préstamos subpreferenciales, los agrupó, los reempacó, y los vendió.
Los inversionistas metieron al menos un billón de dólares en estos títulos respaldados por hipotecas subpreferenciales. Luego, el mercado de la vivienda se desaceleró y los compradores de casas cayeron en mora en cantidades récord porque no podían seguir haciendo los pagos. Se cayó el valor de los títulos respaldados por hipotecas.
Estas pérdidas son la raíz de la crisis actual. Conforme sigue decreciendo el mercado de la vivienda y la economía se desploma, las pérdidas se están propagando al mercado hipotecario tradicional y amenazan con profundizar la desaceleración económica. Los inversionistas — fondos de pensiones, fondos de cobertura de riesgos, los fondos mutualistas y los bancos — han perdido hasta ahora 600 mil millones de dólares en títulos respaldados por hipotecas preferenciales y subpreferenciales, según Global Insight.
Cobertura por riesgos crediticios: una bomba de tiempo como los títulos respaldados por hipotecas
"Armas de destrucción masiva financiera", así llamó a las coberturas por riesgos crediticios el inversionista multimillonario Warren Buffett. Estos productos financieros de difícil comprensión derribaron al asegurador más grande del país, American International Group.
Las coberturas por riesgos crediticios son contratos de seguros adquiridos por inversionistas para protegerse contra pérdidas por sus títulos respaldados por hipotecas; AIG perdió 18 mil millones de dólares porque tuvo que pagar las pólizas sobre títulos respaldados por hipotecas.
Las coberturas se popularizaron entre los especuladores y los fondos de cobertura de riesgos que no poseían los títulos subyacentes, pero los usaban para obtener ganancias rápidas. Las coberturas también están respaldadas por tarjetas de crédito, préstamos para coches, negocios y de otro tipo, y una larga cadena de transacciones de cobertura vinculadas con inversionistas en este mercado de 62 billones de dólares.
"Este es el porqué estamos en este caos", dijo Lance Pa, director de investigación de Capital Advisors Group, un
administrador de dinero de Newton. "Entendemos cómo funciona", dijo Pa sobre el mercado, pero "no sabemos dónde podría encontrarse la exposición. Ese es el problema".
La crisis del mercado financiero conduce a una contracción del crédito
Conforme aumentaron las pérdidas, el pánico se apoderó de todo el sistema financiero. Los préstamos — a empresas, bancos y consumidores — escasearon y se volvieron caros creando una contracción del crédito. Sin préstamos, hay menos gasto, lo que causa una desaceleración económica.
Las corporaciones están teniendo dificultades para tocar el mercado crediticio para financiar los gastos cotidianos, desde las nóminas hasta las licencias de los camiones. American Express redujo los límites de las tarjetas de crédito a más tarjetahabientes. Y Bill Heard Enterprises Inc., el mayor distribuidor de coches del país, tuvo que cerrar porque no podía arreglar financiamientos para los compradores.
La contracción del crédito es la razón principal por la que el secretario del Tesoro Henry Paulson y el gobernador de la Reserva Federal Ben Bernanke diseñaron un plan de rescate, porque según este último, es urgente flexibilizar la contracción del crédito. Un rescate permite que el gobierno federal compre hipotecas a las compañías financieras. Eso, a su vez, les libera capital para que puedan prestar a empresas para inversiones y a los consumidores para comprar usando tarjetas de crédito y otros préstamos.
"A la luz de la rápida evolución de los acontecimientos, es esencial resolver la crisis que tenemos", dijo Bernanke al Comité Bancario del Senado la semana pasada.
Los rescates podrían flexibilizar la contracción del crédito
El gobierno de Bush ideó un plan para gastar 700 mil millones de dólares para comprar las hipotecas de baja calidad a compañías financieras e inversionistas en quiebra. Hay que agregar a eso 85 mil millones de dólares por la adquisición del American International Group, la aseguradora más grande del país, y se inyectarán otros 200 mil millones de dólares a Fannie Mae y Freddie Mac, compañías hipotecarias que apoyan el mercado de la vivienda estadounidense.
En total, casi un billón de dólares podría ser el precio del rescate financiado por los contribuyentes, eso significa más de tres mil dólares por cada hombre, mujer y niño en Estados Unidos.
Nariman Behravesh, economista en jefe de Global Insight, una consultoría de Waltham, dijo que el costo final será menor porque el gobierno venderá muchos activos. Sin embargo, aun si el rescate hipotecario cuesta 700 mil millones de dólares, eso equivaldría a sólo 4.5 por ciento del producto interno bruto de Estados Unidos, comentó. En comparación, el rescate
bancario de Japón en los ochenta y el del entonces presidente Franklin Roosevelt del sistema bancario estadounidense fueron de 20 por ciento del PIB de cada país en ese momento.
El sistema bancario sigue siendo un problema
La fortaleza del sistema bancario del país — la base de la economía estadounidense — también es una preocupación muy importante para Paulson y Bernanke. Los bancos han estado bajo una tensión severa conforme los prestatarios han caído en mora de los pagos de sus hipotecas, dejando a las entidades crediticias con carteras de casas embargadas y pérdidas crecientes.
Conforme diversas entidades crediticias que concedieron hipotecas subpreferenciales empezaron a quebrar en 2007, los problemas se aceleraron en las últimas semanas cuando quebraron las principales compañías bancarias.
Reguladores federales confiscaron a IndyMac Bank en Pasadena, California, en julio. La semana pasada, lo hicieron con Washington Mutual Inc., en Seattle, la institución de ahorro más grande del país, que se estaba tambaleando a causa de su cartera de préstamos subpreferenciales. JPMorgan Chase la compró en 1.9 mil millones de dólares. Fue la quiebra más grande en su género en la historia bancaria estadounidense. La Bank of America Corp., la compañía bancaria más grande del país, también adquirió Merrill Lynch & Co., la correduría más grande del país.
Si siguen avanzando, habrá una porción mayor del mercado en manos de menos instituciones financieras y menos competición.
Recesión contra gran depresión. ¿Qué tan mal está la economía?
Mientras que los sucesos de las dos semanas pasadas fueron dramáticos, no rivalizan con la Gran Depresión. Entonces, se hundieron 1,500 bancos, cerraron fábricas y uno de cada cuatro estadounidense estaba desempleado. La crisis actual golpeó duro a Wall Street, pero no ha devastado a la economía estadounidense. El desempleo en agosto fue de 6.1 por ciento, una tasa baja históricamente, y Estados Unidos no está técnicamente en una recesión, la que se define por dos trimestres consecutivos de crecimiento económico negativo: la economía creció 2.8 por ciento en el segundo trimestre, según los datos disponibles más recientes.
No obstante, muchos economistas creen que el país entró en recesión en el tercer trimestre, y, si el sistema financiero no se estabiliza, la economía podría entrar en una crisis prolongada y profunda. El año entrante, pronosticó Global Insight, la economía estadounidense crecería menos de un punto porcentual, y el índice de desempleo podría alcanzar siete por ciento, o más alto. Las cosas podrían empeorar sin una inyección de dinero del rescate federal al sistema, lo que contrarrestaría parte del impacto negativo de la contracción del crédito, dijo el economista Behravesh.