Un colombiano y una nigeriana son los primeros candidatos no estadounidenses, postulados a la presidencia del Banco Mundial (BM). José Antonio Ocampo y Ngozi Okonjo-Iweala serán las caras de los países emergentes para desafiar una estructura global de siete décadas, que se resiste al cambio. ¿Cómo funciona el sistema de elección que ha logrado mantener la presidencia del Banco Mundial en manos de un estadounidense desde 1945? ¿Habrá transparencia en la elección del nuevo presidente este año? ¿Tiene Ocampo, el ex ministro de Hacienda colombiano, posibilidad de ser el próximo?
Antes del 20 de abril, cuando el Banco y el Fondo Monetario Internacional (FMI) tienen su reunión anual, se espera una decisión. Todos los pronósticos indican que Obama impondrá la candidatura de Jim Yong Kim, un médico norteamericano nacido en Corea del Sur, que para la revista The Economist está tan mal preparado para el trabajo, que a duras penas cumple un tercio de los requisitos.
Según Guillermo Perry, ex ministro de Hacienda y economista jefe del BM para América Latina durante 11 años, hace bastante tiempo empezó a ponerse en cuestión la estructura de gobierno del banco. “Surgieron dos temas específicos: por un lado, el porcentaje de las cuotas de cada país, y, por otro, el sistema mismo de elección, que tenía poca transparencia”, manifestó a El Espectador.
Esta insatisfacción fue ventilada por el bloque de países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que hoy representan al 40% de la población mundial, y una quinta parte de la producción económica (de hecho, fueron Rusia y Brasil los promotores de las candidaturas históricas de Okonjo-Iweala y Ocampo este año). Finalmente, en 2008, los países en desarrollo lograron la llamada “reforma de voces” dentro del Banco Mundial, un pequeño paso hacia el reconocimiento de las nuevas realidades económicas y políticas del siglo XXI, que contó con la aprobación de los 187 países miembros.
Reforma muda
En su primera fase, la reforma estableció que los países ricos pasaron de tener 57,4% a 55,94% de las acciones del banco, y los países en desarrollo incrementaron su participación de 42,6% a 44,06%.
Este tímido cambio de fuerzas le da aún a los países desarrollados el poder de imponerse. Sobre todo porque entre Europa y EE.UU. hay un acuerdo tácito de apoyo mutuo para que los europeos se queden con la presidencia del FMI, y EE.UU. con la del Banco Mundial.
Solo EE.UU., Japón, Alemania, Francia y Reino Unidos tienen todavía el control de más del 36% del poder de voto. Sumando las voces de los demás países europeos, y de aliados del resto del mundo como Colombia, que ha dicho que apoyará al candidato estadounidense, completan la mayoría para elegir al nuevo presidente.
En cuanto al mecanismo de elección, la reforma estableció que el proceso sería “transparente y basado en méritos”; sin embargo, Perry ve muy difícil que Ocampo u Okonjo-Iweala se queden con el puesto: “Va a haber un incumplimiento flagrante de la promesa de una elección por méritos”.
José Antonio Ocampo, concuerda con la evaluación de The Economist sobre el candidato de EE.UU. “De los tres, es el que menores méritos tiene”, le dijo a El Espectador. Ya como candidato, dice que “está totalmente seguro de que se van a seguir los acuerdos y se elegirá un candidato por méritos propios”. Además, y ante las voces que le piden hacerse a un lado para fortalecer la posibilidad de la nigeriana Okonjo-Iweala, confirma que va hasta el final: “No creo que sea el momento de retirar mi candidatura. Si se cumplen las reglas que se trazaron. No es un juego de votos, sino de méritos”.
Más allá de lo que suceda en las próximas semanas, cuando los tres candidatos mostrarán sus hojas de vida en Washington, la elección de 2012 será histórica, dado que por primera vez cuenta con la postulación de dos nombres de países emergentes: el surgimiento de nuevas fuerzas que chocan contra estructuras de otro tiempo. Tal vez en 2017, cuando se escoja de nuevo a un director del Banco Mundial, el papel de los países emergentes será menos simbólico y más real.