Si de hacer balances se trata, la conclusión apunta hacia el lado de los buenos resultados.
Al menos así se desprende luego de echar una mirada al año que termina y que, sin mayores apasionamientos, me atrevo a decir fue uno de los más halagüeños para el sector de la construcción.
Solo basta ver las cifras para notar que la infraestructura fue la encargada de jalonar con mayor fuerza el crecimiento de la economía colombiana, en medio de la constante desaceleración de los sectores minero-energético e industrial.
Por eso resulta alentador –dentro del maremágnum desatado por la caída de los precios de las materias primas- destacar cómo el buen desempeño de la construcción y en particular el de las obras civiles ha compensado parte de los efectos generados por esa compleja coyuntura y, de paso sea dicho, ha servido de bastión para sostener el crecimiento del PIB.
No es cosa del azar que el país haya crecido un 4,2% durante el tercer trimestre del año por cuenta de la dinámica del sector de la construcción de obras civiles. Así lo evidencia el hecho de que durante lo corrido del año esta actividad creció 18,4%, en su mayoría por la inercia con la que viene marchando el componente de las carreteras.
Lo anterior se explica de un lado, por la buena ejecución de las entidades del orden nacional y, de otro, por la mejor gestión de las entidades del orden territorial a la hora de desembolsar los recursos provenientes del Sistema General de Regalías.
En ese orden de ideas, para el cierre de 2014 proyectamos que el país presente un crecimiento superior al 4,5% impulsado por la rama de construcción, en línea con lo observado a lo largo del año. En términos del subsector de obras civiles, el gremio estima que presente una tasa de expansión superior al 20%.
Así pues, la pregunta que queda surcando el aire es elocuente: ¿si el balance de 2014 fue positivo para el sector, cómo lucirá entonces el panorama en 2015?
Todo apunta a que el horizonte permanecerá despejado, pese a la incertidumbre que genera el escenario internacional y que seguramente tendrá un impacto negativo en otras actividades económicas.
De esta forma, espero que el buen desempeño del sector esté asociado en mayor medida al desarrollo de las obras de infraestructura vial que vienen en camino: proyectos, por ejemplo, como los programados con recursos provenientes del Sistema General de Regalías y del Fondo de Adaptación, la ejecución de la etapa final del programa de corredores prioritarios de prosperidad, la inversiones de las concesiones viales y su buena dinámica en términos de la entrega de nuevos kilómetros de dobles calzadas, las inversiones promovidas por los puertos para ampliar su capacidad así como inversiones en nuevas terminales.
Por supuesto, las grandes expectativas que genera la futura ejecución de los proyectos del programa de cuarta generación tendrán un impacto positivo sobre las perspectivas que tiene el país frente sector, aun cuando su cierre financiero será solo en 2015 y su puesta en marcha en 2016.
* Presidente Cámara Colombiana de la Infraestructura