En medio de los múltiples cuestionamientos por la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, en la que se dio la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump ha dejado claro que su objetivo es el petróleo.
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El mandatario sostuvo que su país está “al mando” y anticipó que las empresas estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para generar dinero. Aunque Venezuela tiene las mayores reservas del mundo (con más de 300.000 millones de barriles, según la OPEP), incluso por encima de Arabia Saudita, actualmente solo representa el 1 % de la producción global.
Reactivar la producción no será rápido ni sencillo, porque antes hay que adecuar una infraestructura devastada, con plataformas abandonadas, torres saqueadas, oleoductos con fugas y equipos claves en cenizas por explosiones e incendios. Datos recopilados por Bloomberg indican que el estado del equipamiento en los puertos petroleros en Venezuela es tan malo, que cargar por completo las embarcaciones que transportan crudo a China se demora hasta cinco días, mientras que hace siete años podía hacerse en uno.
“En este momento no hay ninguna razón para pensar que habrá una reactivación pronto”, señaló Luis Pacheco, académico no residente del Baker Institute, Universidad Rice, Houston, con más de 40 años de experiencia en el sector y exdirectivo de PDVSA. En conversación con El Espectador, el experto explicó que incluso si estuvieran dadas las condiciones para que la industria petrolera vuelva al punto en el que estaba hace dos décadas, se necesitan por lo menos 10 años y miles de millones de dólares.
Francisco Monaldi, director de política energética para América Latina del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice, explicó a Bloomberg que para reconstruir la infraestructura lo suficiente como para que la producción vuelva a los niveles máximos de la década de 1970 (llegó a casi cuatro millones de barriles por día) se necesitan inversiones por alrededor de USD 10.000 millones al año en la próxima década. Es decir, al menos USD 100.000 millones.
La infraestructura en Venezuela tiene una capacidad instalada que se diseñó para producir cerca de cuatro millones de barriles de petróleo por día, pero actualmente solo se extraen 900.000. “Hay una subutilización de la infraestructura, no solo porque no se está produciendo ese volumen, sino porque está dañada. Parte de las inversiones que se necesitan, más allá de perforar pozos, es la reparación de las instalaciones de superficie para manejar, almacenar, transportar y exportar ese petróleo”, explica Pacheco.
Óscar Ferney Rincón, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos, Energía y Tecnologías Afines (Acipet), aseguró a este diario que para volver a una producción cercana a los 2,3 millones de barriles por día, Venezuela necesita más de cinco años, el tiempo que tomaría reconstruir, reactivar y actualizar tecnológicamente la infraestructura. Los retos, advierte Rincón, no son solo técnicos, sino también políticos y administrativos.
A partir de las inversiones históricas, los costos de levantamiento y el consenso de expertos que han estudiado el tema, Mauricio Téllez, periodista y analista del sector energético, explica que habría dos etapas: la primera, con inversiones estimadas en más de USD 10.000 millones, para llevar la producción a 1,5 o 2 millones de barriles por día, implica restablecer parte de la infraestructura de producción, tratamiento y transporte, además de aumentar la extracción de los campos de PDVSA y Chevron, y de las licencias adicionales, que hoy operan muy por debajo de su capacidad por parte de Repsol, Eni y Maurel and Prom. La segunda, que podría tomar una década y más de USD 80.000 millones, requerirá mantenimiento de campos y refinerías, así como el desarrollo de nuevos yacimientos de crudo y gas.
¿Realmente las petroleras de Estados Unidos invertirán los “miles de millones de dólares” para reparar una infraestructura gravemente deteriorada, como promete Trump? El primer paso para pensar en una reactivación, dice Pacheco, sería dar seguridad jurídica, cambiar las condiciones fiscales que actualmente hacen poco rentable invertir en Venezuela y las condiciones institucionales que les impiden a los privados operar en el país, además de garantizar seguridad física. En palabras de Pacheco, PDVSA es “una empresa quebrada”, con deudas por más de USD 70.000 millones, de ahí que es necesario definir qué pasará con esas cuentas pendientes y repensar el papel del Estado.
Dicho de otra forma, se necesitan ajustes profundos en el andamiaje legal e institucional que hoy rodea la industria petrolera venezolana para que las empresas consideren hacer las inversiones que se necesitan. Incluso el secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció en entrevista con la cadena CBS que para invertir las empresas necesitarían “ciertas garantías y condiciones”.
Las inversiones, al final del día, dependen de la decisión de las empresas, que analizarán qué tan buen negocio es llegar a Venezuela en las condiciones actuales. Pacheco sostiene que antes que nada se necesita claridad en el rumbo político, pero en este momento el camino está plagado de incertidumbre. Delcy Rodríguez, aliada de Maduro, asumió como presidenta interina de Venezuela tras un fallo de la Corte Suprema. Rodríguez ofrece cooperación con Estados Unidos, mientras Trump exige acceso total al petróleo venezolano.
De acuerdo con los analistas, la empresa más beneficiada en el nuevo contexto sería Chevron, petrolera estadounidense que opera en Venezuela con un permiso especial de Estados Unidos y produce cerca del 20 % del total. La compañía dijo este lunes que sigue operando sin interrupciones en “pleno cumplimiento de las leyes y regulaciones pertinentes”. Hasta ahora no ha dado más declaraciones. Las otras dos empresas estadounidenses que podrían ser claves en la reactivación de la infraestructura serían Exxon Mobil y ConocoPhillips, que salieron de Venezuela en 2007.
El ataque militar de Estados Unidos a Venezuela el pasado 3 de enero, la captura de Nicolás Maduro y la promesa de Trump de que las empresas estadounidenses explotarán las reservas de crudo tenían el potencial de empujar a la baja los precios del crudo. Este lunes, sin embargo, los precios cerraron al alza, con un aumento del 1,66 % en el Brent, que quedó en USD 61,76, y del 1,74 % en el WTI, que cerró en USD 58.
Todo parece indicar que el impacto de la situación de Venezuela en los precios del petróleo, al menos por ahora, sería limitado, principalmente, porque el mercado está considerando la cantidad de tiempo y de recursos que se necesitan para reactivar la infraestructura en un país que un día fue potencia en la producción de petróleo.
Otros analistas advierten que invertir en este momento no es tan atractivo, considerando que los precios del petróleo ya son bajos, con un Brent cerca de los USD 60. Este año la oferta de petróleo, según la Agencia Internacional de Energía, supera la demanda en 3,8 millones de barriles diarios. “Las grandes compañías petroleras estadounidenses tienen como principal responsabilidad rendir cuentas a sus accionistas, y no al gobierno. En este sentido, dudo que veamos un renovado interés por Venezuela en un futuro cercano”, afirmó a AFP Ole Hansen, analista de Saxo Bank.
Pese a los obstáculos, Rincón, de Acipet, considera que Venezuela será una variable fundamental en la ecuación del petróleo. Si bien se espera una sobreoferta para 2026 y 2027, el director pone sobre la mesa que los pronósticos indican que a finales de esta década se necesitará producción adicional por la declinación de los campos.
En este panorama confuso hay dudas de qué tanto interés tendrán las grandes petroleras en invertir en Venezuela. Así las cosas, lo más probable es que la promesa que hizo Trump en la rueda de prensa el sábado, de que las empresas de su país aprovecharán el petróleo venezolano, está lejos de materializarse.
Si en algún momento las condiciones se dan, la inversión, dice Pacheco, no solo vendría de empresas de Estados Unidos, sino que también podrían “participar” otras grandes petroleras del mundo. Sin ir más lejos, el florecimiento de la industria venezolana podría beneficiar a la colombiana, incluyendo a las empresas que prestan servicios.
Esta conversación en torno al petróleo, las ganancias y el futuro de la industria llega a la par de la creciente tensión en Colombia y en América Latina por las amenazas de Trump y el ataque militar a Venezuela que, según los expertos, va en contravía del derecho internacional.
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