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Un capuchino de porcelana

La tienda de café que recoge la tradición italiana quiere enseñarles a los bogotanos a deleitarse con los verdaderos sabores del grano, que ha escrito capítulos importantes de la agricultura colombiana, con su suavidad y aroma.

08 de febrero de 2009 - 05:00 p. m.
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Si los franceses han escrito sus mejores historias alrededor de una copa de vino y los argentinos han celebrado sus triunfos tomando mate, los colombianos hemos construido nuestras vidas con millones de tazas de café.

Pero, ¿realmente cuántos de nosotros conocemos los verdaderos sabores y aromas de nuestro producto insignia?

Pues parece que no tantos como somos, porque nos hemos acostumbrado a consumirlo con agua de panela, con leche con lactosa o sin lactosa, con azúcar blanca o morena, con aguardiente o con cualquier otro sabor que nos sepa bien.

Con el boom de las tiendas de café que invadieron las capitales del país en la última década, se pasó del hábito de tomar café con leche o un simple tinto a la moda de tomar capuchino, sin importar la hora ni el lugar.

“Pero el capuchino no es un café con un montón de espuma y canela que te sirven en cualquier esquina”, asegura con vehemencia María Adelaida Cuello, gerente general de Diletto Café.

Y continúa: “El capuchino es una obra de arte, como cualquier taza de la bebida; cargado de aromas y sabores”.

Precisamente esa ausencia de trabajo artístico, parece ser la razón de existir de Diletto.

En medio del ocio, de un día cualquiera de 2005, un grupo de amigos y empresarios comenzaron a preguntarse por qué los colombianos ni siquiera identificamos las características de nuestro café. De esa sesión de cuestionamientos y disertaciones resultó la idea que unos meses después, el 13 de mayo de 2006, abriría por primera vez sus puertas en el centro comercial Santafé, al norte de Bogotá, para “deleitar”, como lo dice su nombre, a los colombianos amantes de la bebida.

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Pero disfrutar de un buen café implica desde la alta calidad en la preparación y presentación, hasta la taza en la que se consume.

“El gran diferenciador de Diletto es el producto mismo, nuestra campaña se basa en el verdadero capuchino; el proceso para prepararlo sigue la técnica italiana y nuestros baristas (especialistas en esta materia) se capacitan en la preparación de la bebida, el punto del vapor, la cantidad de leche, la temperatura, la inclinación; hacen figuras en el capuchino; porque la idea es que la gente saboree el café, frío, caliente, expreso, o como lo prefiera”, describe Cuello. 

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A ese exigente proceso se le suma otra diferencia: sirven la bebida en taza de porcelana, y no en desechables, como lo hacen las demás tiendas, lo que garantiza que el sabor y la textura del café no se modifiquen.

Pero con tanta perfección el ambiente debe estar a la altura, por eso no puede ser otro que el de amplias paredes y ventanas, luces tenues, sillas cómodas, música relajante y, por supuesto, una buena revista o una obra maestra de la literatura universal o nacional.

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Por esa razón las seis primeras tiendas Diletto comenzaron a deleitar compartiendo espacio con librerías u oficinas de diseño. “Sin embargo, dice Cuello, el año pasado abrimos nuestra primera tienda sin compartir espacio en la calle 98 con carrera 10 y en enero comenzamos en el Museo del Oro, lo que demuestra el crecimiento y la consolidación de la marca”.

Pero la expansión no termina ahí. Este año esperan llegar a doce tiendas en la capital del país, lanzar al mercado más líneas de café —hoy trabajan con un grano premium que se produce en Huila y Meta— y seguir preparando baristas que se consagren en la profesión y no que la vean como un simple oficio de temporada.

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Y el camino está claro para su gerente: “Diletto es un sitio de inspiración de encuentro, en el que pretendemos recoger la tradición italiana en la Dolce Vita, de sentarse a pensar, a enamorarse a soñar, encontrarse con los amigos, alrededor de una taza de café que deleite tu paladar”.

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