Hace unas semanas su editorial Tierra Firme lanzó un libro en que él, y otras personalidades del país, confiesan por qué son ateos.
Tito Livio Caldas entra a su oficina, toma un libro de la biblioteca –colmada de ejemplares de Legis, la editorial jurídica que él fundó, junto con un amigo, 56 años atrás– y lo pone sobre el escritorio. Es su biografía titulada “Experiencias y reflexiones de vida”. La abre en la página 24 y lee: “Fui registrado con ese singular nombre como homenaje que rendía mi padre, gran lector, al mejor historiador de Roma”. Así contesta una a una las preguntas sobre su vida, con el libro en la mano y papelitos para señalar la página en la que están las respuestas. “Ahí está toda mi historia”, dice e insinúa que la entrevista continúe con otros temas diferentes a su niñez, a su familia, a la creación de la empresa. “Todo eso está en libro, se lo regalo”.
El tema del que sí quiere hablar es de “Manual de ateología”, el libro que reunió a “16 personalidades colombianas” para que explicaran por qué no creen en Dios, publicado por su editorial Tierra Firme, y que lo “lanzó al estrellato”, como lo dice el mismo señor Tito Livio. “Además de éste yo no conozco ningún otro libro de ateísmo escrito originalmente en español. Es un tema muy provocador y me satisface mucho haberlo puesto en la palestra pública”, afirma y abre el libro, que también tomó de su biblioteca, y lee un pedacito del prefacio firmado por él: “tal vez los más beneficiados puedan ser los creyentes que se atrevan a leerlo porque, ciertamente, recibirán un sacudón racionalista, y sus mentes, quizás, no podrán volver a dormir tranquilas en la tradicional quietud de su fe”.
Con esas letras el señor Caldas deja entrever la primera de las dos facetas que serán el centro de toda la conversación: el Tito Livio ateísta. El Tito Livio uribista hasta los tuétanos vendrá después. Y en algún momento de la entrevista se enfrentarán los dos para cuestionar la religiosidad extrema y pública del presidente Álvaro Uribe, el mismo que dijo estas palabras el pasado 3 de julio, el día de la liberación de Íngrid Betancourt y 14 secuestrados más en poder de las Farc: “El operativo tuvo la luz del Espíritu Santo y la protección de nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen en todas sus expresiones”.
El hombre
Su padre: Miguel Antonio Caldas Navarro, nacido en Honda, conservador, luchador en la Guerra de los Mil Días, exiliado a Argentina después de que la guerra dejara al país devastado. Su madre: Florencia Gutiérrez Larrea, española de ascendencia vasca. Se encontraron los dos en Buenos Aires, y en Buenos Aires se enamoraron y se casaron y tuvieron los tres hijos mayores del matrimonio: María, Helvia y Tito Livio. El regreso a Colombia, que se planeó como una visita pasajera y se convirtió en un viaje sin retorno, fue en 1926. Pasaron los meses y los años y en ellos seguían en Colombia, donde les tocó vivir la gran crisis económica mundial del año 29. No hubo dinero para regresar.
Luego vino la muerte del padre (1931), el bachillerato de Tito Livio en Ibagué (1942), su carrera de abogado en la Universidad Nacional de Bogotá y su primera oficina de abogados (1951), su matrimonio con Margarita Cano (1951), el nacimiento de sus siete hijos y la creación de Legis (1952).
El empresario
En un discurso que pronunció alguna vez enfrente de cientos y cientos de universitarios, el señor Tito Livio confesó que todos los años de universidad había soñado con ser magistrado de las altas cortes. No se cumplió el sueño, explicó ante el mismo público, “porque el gobierno de turno estaba en manos del partido conservador, en una época de gran sectarismo partidista en Colombia. (…) Al terminar carrera yo era un liberal de izquierda, que había retornado a mi partido de siempre, el liberal, desencantado tempranamente del marxismo, en cuyas filas milité durante mis primeros años universitarios. Esta circunstancia negativa fue muy afortunada para mí y para Alberto Silva, condiscípulo de curso, a quien yo propuse ser mi socio de oficina, abierta por los dos como única salida a nuestra imposibilidad de conseguir empleo”.
Entonces nació Legis, la que es considerada hoy la más grande editorial jurídica de América Latina. Nació con una publicación quincenal que compilaba los cambios constantes que sufría la legislación económica del país, que para 1952 expedían unos 16 organismos del Estado. El 22 de agosto de ese año circuló el primer número de esa publicación que los dos socios llamaron “Legislación Económica”. El tiempo trajo nuevos proyectos de información jurídica, nuevos mercados y una expansión en el continente que comenzó con Venezuela y siguió con Santiago de Chile, Lima, Buenos Aires y México.
La historia de Legis comienza en la página 33 de la biografía del señor Tito Livio. Él toma el libro y señala el capítulo llamado “¿Cómo formé empresa?”. Siguiente pregunta.
El uribista- ateísta
Este capítulo comienzo con un Tito Livio en quinto año de bachillerato, estudiante del colegio San Simón de Ibagué; ideólogo, fundador y presidente del Centro de Disquisiciones Filosóficas: una suerte de club privado con sede en a biblioteca del colegio. Los temas de discusión eran los que inquietaban “a la primera juventud”, como cuenta el señor Caldas, “el cuestionamiento de dogmas religiosos, la exaltación de las libertades, audaces ideas políticas y sentimientos revolucionarios y, sin poder faltar, los aportes literarios y poéticos”.
Allí, en una biblioteca de colegio, el señor Tito Livio se declaró desilusionado de Dios, se declaró ateo. “Para mi espíritu, siempre crítico y cuestionador, comenzó a advertirse una constante en mis lecturas, debates y reflexiones: la ausencia de Dios (…) concluí que si la ciencia es el mundo de lo cierto y comprobable, el de la religión es el mundo de lo incierto y lo improbable (…) Comprendí entonces, con emoción, que el mundo de la ciencia y la razón era mi mundo”, dice en su biografía. Ese testimonio también quedó consignado en “Manual de ateología”.
Con la misma pasión que escribe sobre su ateísmo, habla de Uribe y del sistema político parlamentario, que según él, debería implementarse en Colombia. “Con ese sistema el presidente Álvaro Uribe hubiera sido un Felipe González, estaría 13 años en el poder, y se los merece porque a demostrado ser muy buen presidente, muy buen ejecutor político, muy buen jefe de Estado. Un hombre extraordinariamente importante, inteligente”, dice desde su escritorio, con la voz exaltada, haciendo movimientos exagerados con las manos, como si se tratara de un discurso a una masa. Y así mismo confiesa que financió la primera reelección de Uribe y que lo volvería a hacer.
El ateísta y el uribista del señor Caldas se enfrentan para responder esta pregunta. “¿Qué opina usted de las demostraciones religiosas y públicas del presidente?”. Luego de unos segundos de silencio dice que “ningún funcionario del Estado debe exhibir signos religiosos, sobre todo cuando está haciendo ejercicio de su cargo. Uribe a veces lo hace, tal vez porque no ha mediato suficientemente la obligación que tiene de ser muy neutral, muy mesurado en materia religiosa”, concluye Tito Livio Caldas, y otra vez retoma el tema de la reelección y asegura que no ve nadie que pueda reemplazar a Uribe competentemente.
Legis y la crisis económica
Tito Livio Caldas asegura que la estrategia que ha blindado a su empresa de la crisis económica mundial es la implementación de las nuevas tecnologías. “Legis tiene unas publicaciones que son vitales para la vida pública y privada. La sociedad no puede vivir sin ley. A pesar de saber esto nos hemos acoplado a los cambios. Hace diez años trabajamos en la emigración del papel al medio electrónico”, asegura.
El señor Tito Livio tiene su propia teoría sobre la crisis. “Es el costo que paga el sistema capitalista por la libertad de mercado. Para que no existiera crisis se necesitaría que hubiera una economía planificada, es decir, acabar con el sistema de la libertad de mercado. La crisis hay que mirarla sin tanto miedo. Es una situación periódica”.