Si hay algo clave en el mundo de los negocios es aplicar el adagio de “zapatero a tus zapatos”. Por eso, hace cerca de tres años, un par de paisas pusieron en marcha su emprendimiento luego de hacerse preguntas como: ¿si el negocio de alguien es vender ropa, comida o zapatos, por qué tendría que preocuparse todo el día por poner música en su local o punto de venta? Más aun, ¿qué tal si esa música, en vez de atraer clientes o hacerlos sentir cómodos, los espanta o los perturba?
The Music Lab es la creación de los administradores de negocios Carlos Artizábal y Carolina Navarro, y su misión es ayudar a las marcas y las empresas a generar las mejores experiencias posibles para sus clientes a través de la música. Eso implica un estudio detallado del quehacer de las compañías, en dónde están ubicados sus puntos de venta y las características del público objetivo: cuántos años tienen en promedio, en qué rango de nivel de ingresos se mueven, entre otras cosas.
El resultado es una selección musical que las marcas pueden poner en sus puntos de venta: supermercados, tiendas de ropa, consultorios, etcétera. Todo está montado sobre una aplicación que fue desarrollada para The Music Lab a la que las empresas tienen acceso y que se actualiza periódicamente pagando una mensualidad. Los objetivos específicos son dos. Por un lado, reducir al mínimo la interacción de los empleados con la tarea de poner música para que se dediquen al core del negocio, y, por otro, evitar que los empleados terminen musicalizando el lugar de acuerdo con sus propios gustos.
El sistema permite programar para que la música se encienda, apague o cambie en un momento del día determinado, y también recoge información para hacer un reporte estadístico de qué tanto se está aprovechando la selección musical. Aristizábal, gerente general, es enfático en el hecho de que, para proteger los derechos de autor, no hacen entrega física de ningún archivo de audio que use The Music Lab.
Hacer realidad la idea de emprendimiento, cuenta Aristizábal, requirió de dos años de investigación sobre asuntos como el mercadeo sensorial, aquellas estrategias que echan mano de los cinco sentidos de los potenciales clientes y, por ende, de sus emociones. Seguramente se le vendrán a la cabeza locales, tiendas o restaurantes que tienen un olor inconfundible. Eso es marketing sensorial. El sentido en el que decidió especializarse The Music Lab es, por supuesto, el oído.
Pero montar el negocio de Navarro y Aritizábal también requirió recursos, unos $350 millones o $400 millones y un par de socios inversionistas. Al respecto, el gerente general de The Music Lab opina: “hacer empresa en Colombia es muy complicado desde el punto de vista financiero. No eres viable para ningún banco, incluso si no tienes tres o cuatro años facturando, ningún banco te mira. Toca con recursos propios”.
Actualmente The Music Lab suena en 800 puntos en Colombia y en otros seis países, donde marcas nacionales tienen presencia. Por estos días, la compañía suena también en Colombiatex, más específicamente en el Pabellón del Conocimiento, en donde Aristizábal ha ido a hablar de por qué no hay que dar por sentado el componente musical en el mundo de los negocios. “La música se ha vuelto cada vez más importante porque una buena música beneficia la oportunidad de venta”. Según él, no hay que olvidar que “el 80% de las veces la decisión de compra se toma en el punto de venta”.