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Una historia entre raquetas y escritorios

Pasó de ser la número dos de Colombia en el deporte blanco a estar pendiente de todo un grupo empresarial. Dentro de sus nuevos objetivos como ejecutiva están los de  buscar nuevos patrocinios y escenarios para el torneo. Aunque ya se reconcilió con el deporte, no tiene entre sus planes dedicarse a la preparación de nuevas generaciones.

22 de febrero de 2009 - 05:30 p. m.
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Hace nueve años sólo pensaba en ganar cada partido que disputaba en las canchas de tenis del mundo. Hoy su preocupación es otra: que sus antiguas rivales y amigas se sientan completamente cómodas en el polvo de ladrillo de Bogotá. De esa manera se resume el giro de 180 grados que tuvo la vida de Mariana Mesa, quien pasó de disputar los torneos de tenis, a organizarlos.

La pereirana, de 28 años de edad, quien a mediados de los noventa se enamoró de una raqueta de tenis en las canchas del Club Campestre de su ciudad natal y que en diciembre de 2000 abandonó el deporte de manera definitiva con ese mismo ímpetu, hoy es la directora del torneo de tenis femenino más importante de la región: la Copa Colsánitas.

“Cuando me retiré venía de dos años de crisis. Me angustiaba mucho el no poder estudiar y tenía mil conflictos en la cabeza, a tal punto que cuando me fui, en cuatro años no pude ver tenis y nadie me podía hablar de tenis”, cuenta con nostalgia la ex deportista, amante de los tangos y la música española.

Pero no sólo volvió a disfrutar de las grandes jugadas del deporte blanco, sino que de la manera menos esperada regresó a él para quedarse.

“Entré a estudiar comunicación —cuenta— y luego ciencias políticas y la terminé. Después comencé a trabajar, pero estaba muy aburrida y el presidente de la Organización Sánitas, Roberto Cocheteux, siempre fue como mi segundo papá, desde cuando formé parte del equipo Colsánitas, así que le pedí consejo porque no sabía qué hacer con mi vida y me hizo esta propuesta”.

Así se convirtió en la asistente de dirección de un grupo de 30 empresas y asumió la dirección de la Copa Colsánitas y del Torneo Iberoamericano de Rugby, que este año llega a su tercera edición en Colombia.

Con esa misma seguridad con la que aceptó la oferta laboral, comenzó a organizar el evento tenístico que finalizó ayer en Bogotá. Y le puso su toque personal: logró que Sony Ericsson, el patrocinador oficial del circuito mundial femenino, se convirtiera también en el principal respaldo del evento y amplió la capacidad de público en la cancha central, hasta llegar a 2.500 personas.

Pero organizar un torneo que cuesta $1.500 millones no es tarea fácil y por eso ya le dio vuelta a la página de 2009 y se concentra en la edición del próximo año.

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“Convencer a los patrocinadores no es tarea fácil y mucho menos ahora con esta recesión económica tan fuerte. Por eso no podemos perder tiempo y desde ya comenzamos a hacerles buenas ofertas para que se queden el próximo año con nosotros”, explica Mesa.

Pero su principal rival de esta versión de la Copa no fue el presupuesto. La lluvia la angustió tanto como cuando sentía que tenía los partidos perdidos y su retiro estaba cerca.

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“Lo que más me preocupó —insiste— fue la programación de lunes y martes, pero al final pudimos terminar todos los partidos, y como dicen las jugadoras: “Colsánitas sin lluvia no es Colsánitas”.

Con el mismo buen ánimo, pero con algo de nostalgia, recuerda su época de jugadora y especula con hasta dónde hubiera podido llegar si no hubiera colgado la raqueta cuando apenas comenzaba a ascender en el escalafón mundial.

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Pero con los buenos momentos también evoca los últimos años que pasó en las canchas del mundo, cuando ya no disfrutaba la pasión que a los ocho años le cambió la vida; que la sacó de su casa a los 11 para vivir lejos de su papás y que la llevó a París (Francia) y a Brujas (Bélgica), dos de sus ciudades favoritas.

Y como tratando de confirmar que su retiro fue la mejor decisión, asevera sin titubeos: “Cuando me retiré del tenis comencé a vivir y lo único que extraño de esa época es viajar”.

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Al hablar del tenis colombiano es igual de contundente: se ha hablado mucho y las críticas son muy destructivas: lo que creo es que en todos los deportes hay que empezar desde la base, pero si no hay patrocinios que se involucren, es imposible, porque el apoyo del sector público es muy poco. No es echarles la culpa a los deportistas, sino comenzar a proponer”.

Por eso prefiere seguir hablando de su nueva pasión: “Estoy más convencida de que quiero seguir aquí, metiéndole todo el trabajo y la buena energía para que la Copa siga creciendo”.

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Entre sus planes inmediatos está el conseguir más recursos para aumentar la bolsa de premios y que el torneo logre subir de categoría en el circuito mundial. Además, quiere ampliar la capacidad de público en todas las canchas y, de ser posible, llevar el mismo a una sede más central.

Y como en cualquiera de sus mejores victorias, su cierre es definitivo: “Para mí esto ha sido como una terapia superinteresante, porque ya me reconcilié con el tenis y porque estar involucrada con el deporte me demuestra que esa ya fue una etapa superada, que ya puedo estar aquí, que ya puedo trabajar y hacer algo por el tenis y por el deporte, y este es el trabajo que amo”.

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Los pasos de Mariana en las canchas del mundo

Luego de pasar por la natación, el voleibol y el golf, a los ocho años Mariana inició su carrera en el tenis, en el Club Campestre de Pereira.

Al año de pisar la primera cancha de polvo de ladrillo, logró sus primeros resultados y comenzó a ganar en los torneos nacionales.

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Tras una exitosa participación en un suramericano, en 1995 ingresó al equipo Colsánitas.

Ya con el patrocinio, Mesa comenzó a jugar torneos profesionales en Suramérica, Europa y EE.UU. y participó en los Juegos Olímpicos de Sydney (Australia), en 2000.

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En diciembre de ese mismo año y luego de sufrir una lesión en uno de sus tobillo, la pereirana puso fin a su carrera deportiva.

En su corto paso por el circuito mundial, Mariana alcanzó su mejor ránking en julio de 2000, cuando llegó al puesto 281, en sencillos, y al 174, en dobles.

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Hasta ese año, la pereirana fue la segunda raqueta más importante del país, detrás de la cucuteña Fabiola Zuluaga.

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