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Una nueva Unión Europea

Si la Eurozona va a sostener su actual membresía, necesita una combinación de aseguración y ajuste.

16 de junio de 2012 - 04:00 p. m.
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La pregunta más importante sobre la Eurozona es: ¿Podemos imaginar una serie de reformas que sean política y económicamente viables, pero que le permitirían prosperar? Si la respuesta es positiva, ¿cuáles serían?

Ya sabemos que, tal como está diseñada, la Eurozona no pasó el examen, y por eso la improvisación que presenciamos. El diseño original creó enormes desequilibrios. Cuando el flujo de las finanzas se secó, éstas repartieron una ola de crisis financieras y fiscales, y un legado de deuda imposible de pagar. Todavía peor, las fuerzas que impulsaban estos desequilibrios generaron divergencias en la competitividad. Éstas también deben ser atacadas lo antes posible.

Como respuesta, la Eurozona ha desarrollado una estrategia basada en la austeridad fiscal y la reforma estructural. Adicionalmente, el Sistema Europeo de Bancos Centrales, como acreedor de último recurso, y el Fondo Monetario Internacional y los gobiernos de la Eurozona, por medio del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y, pronto, el Mecanismo de Estabilidad Europea, proveen financiación indirecta para las economías frágiles y los bonos soberanos. El rescate de 100.000 millones de euros propuesto para los bancos españoles es el último ejemplo de esta estrategia. Probablemente no sea el último.

¿Funcionará la estrategia? Probablemente no. Como Mark Cliffe y su equipo en ING señalaron en un informe titulado “Caminos a la supervivencia”, una buena forma de pensar el reto es en términos de desequilibrios externos e internos acallados por los préstamos entre países dentro del continente antes de la crisis.

Si los déficits externos han de ser reducidos, la demanda doméstica debe disminuir. Si se hace muy rápidamente, aumenta el desempleo, quizás dramáticamente. A la larga, el desempleo alto, junto con las reformas enfocadas hacia el mercado, debería reducir los salarios nominales. No obstante, esto podría tomar muchos años. Entretanto, las economías persistentemente débiles implican una montaña cada vez mayor de deuda privada, déficits fiscales altos, aumento en la deuda pública, tasas de interés altas y sistemas financieros extremadamente frágiles.

Esta estrategia, entonces, no parece viable política ni económicamente. Ahora consideren las alternativas. Una unión federal, con un gobierno federal que financie el gasto a lo largo y ancho de la unión, ciertamente puede funcionar. Tenemos muchos ejemplos: los Estados Unidos, Canadá, Suiza, Australia. Sin embargo, podemos decir sin tomar riesgos que, sea cual sea la situación dentro de un siglo, la Eurozona está muy lejos de ser capaz de llegar a este tipo de gobierno.

Una alternativa también ambiciosa, aunque menos, sería una unión de transferencia. Con ella quiero decir que haya un sistema permanente de transferencias de miembros más ricos a otros más pobres, como sucede normalmente dentro de los países. Esto es inviable políticamente. Sobre todo, desde un punto de vista económico no es necesario ni deseable. Es innecesario que los países más pobres mantengan déficits de cuenta sostenidos, si los salarios se mantienen con la productividad (como dejó de ser el caso con varios miembros durante el boom anterior a la crisis). Es indeseable que los países reciban transferencias netas grandes y sostenidas, porque eso suele mantener el atraso.

Si es improbable que las políticas actuales funcionen y se descarte una unión federal o de transferencias por inviabilidad económica o política, ¿entonces qué queda? Sugiero que la combinación de dos ideas: “la unión de aseguración” y “la unión de ajuste”. Por unión de aseguración quiero decir una que provea apoyo temporal, dirigido a países que sufran grandes shocks. Por una unión de ajuste quiero decir una que asegure un ajuste simétrico cuando haya cambios en las circunstancias, incluyendo cambios en la financiación. Ambos son necesarios y, juntos, serían suficientes para asegurar una unión funcional a largo plazo. Estas nociones habrían sido innecesarias si los miembros originales hubieran sido más parecidos: la unión mínima, entonces, habría funcionado. Pero esto no es lo que hoy existe. Si la Eurozona va a sostener su actual membresía, necesita una combinación de aseguración y ajuste.

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Antes del nacimiento del euro, algunos economistas pensaron que los miembros podrían utilizar la política fiscal para acolchonar los shocks de países específicos. Ahora sabemos que esto no funciona. En la vida real, los grandes influjos de capital y las burbujas de precios de activos se llevan por delante la política fiscal. Por ello, los miembros no pueden asegurarse a sí mismos contra shocks severos, sino que deben ser asegurados por otros, colectivamente, bajo el principio de que todos se benefician de la supervivencia de la unión.

Pero más importante aún es el ajuste. Los miembros deben tener la oportunidad de regresar a la salud en un tiempo razonable si adoptan las políticas pactadas. Si los miembros se ajustan, necesitarán ajustes complementarios en otras partes. Esto no se logra sin un gasto más alto e inflación en los países centrales.

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¿Podrá la Eurozona realizar estos ajustes en el futuro próximo? No lo sé. Tampoco sé si es del todo viable desde un punto de vista político y económico, pero si no se hace un cambio, ¿entonces qué? Y si no es ya, ¿entonces cuándo? 

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