WeWork prometía reinventar las oficinas y convertirse así en una de las startups más exitosas, pero ahora, 13 años después de su fundación, se encuentra en un punto crítico: el lunes anunció que se acogerá a la Ley de Bancarrota de Estados Unidos (conocida como Capítulo 11).
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En la historia de la caída se incluye una oferta pública inicial fallida, la administración del cofundador Adam Neumann, el rescate multimillonario de SoftBank, los cierres por la pandemia y una baja en la demanda tras la reactivación económica, principalmente, por cambios en la forma de concebir el trabajo.
La saga de WeWork
Los problemas de WeWork anteceden a la pandemia. Claro, una empresa de trabajo conjunto fue uno de los blancos más fáciles para una crisis alrededor de la presencialidad humana. Pero lo cierto es que la compañía no ha logrado ser rentable ni antes, ni durante, ni después del covid-19.
Para este punto de la historia, la startup ha consumido unos US$16.000 millones en inversiones y deuda sin haber entregado un resultado financiero positivo. Esto, en buena medida, tiene que ver con el modo de trabajo y la dirección de su cofundador, Adam Neumann, quien ha sido descrito como brillante por algunos, pero también como caótico e irresponsable por otros.
En 2019, la compañía se aprestaba a hacer su debut en bolsa, mediante una oferta pública de acciones (IPO, en inglés). Para ese momento, WeWork estaba valuada en US$47.000 millones, pero una vez sus registros financieros salieron a la luz antes de la IPO, toda la jugada fue cancelada.
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De fondo, lo que había era una disparidad abismal entre la valuación (que en buena parte depende de cuánto capital inyectan los inversionistas privados) y los resultados en mercado de la startup, que es una medida más real y aterrizada de lo que realmente puede hacer el negocio.
Para 2018, la empresa logró obtener US$1.800 millones, pero sus gastos superaron los US$3.500 millones.
Neumann debió dejar su puesto como CEO después de esto, y en medio de un escándalo por presuntas prácticas de acoso y maltrato laboral que, en testimonios de antiguos empleados, se derivan de una cultura corporativa que toleró estos hechos.
En el proceso de dejar la empresa, sin embargo, Neumann recibió un arreglo financiero por US$1.000 millones (de parte de Softbank, uno de los principales inversionistas en la startup). Este movimiento llevó a que en redes algunos usuarios llamaran a Neumann “el bulldózer más rentable de la historia”.
De acuerdo con su solicitud formal para ser admitida bajo la ley de quiebras, la empresa admitió tener casi US$20.000 millones en pasivos, así como US$15.000 millones en activos. Para junio de este año la compañía aún tenía 777 instalaciones, en 39 países, con una ocupación cercana a los niveles de 2019, según reportó la agencia Bloomberg.
Este martes, la compañía se deshizo de 40 contratos de arrendamiento en Nueva York, de unos 77 que planea liquidar con el fin de frenar la hemorragia de gasto.
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El panorama en la región
El anuncio ha generado preguntas sobre las implicaciones para Latinoamérica. Juan Carlos Peñaloza, gerente general de WeWork Colombia, explica que el negocio en la región es independiente al de Estados Unidos, pues Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México desde 2021 forman parte de un joint venture, en el que el SoftBank Latin American Fund es el socio mayoritario con una participación del 71 % (WeWork Company International tiene el 29 % restante).
WeWork Latam se mantiene en que la entrada al Capítulo 11 aplica para Estados Unidos y Canadá, pero no tendrá ninguna consecuencia para la región. Según Peñaloza, a diferencia de lo que está pasando en el norte del continente, 2023 ha sido el mejor año de WeWork Colombia desde su fundación, en 2017.
La ocupación de los espacios está en 87 % en el país (la meta inicial era cerrar 2023 en 85 %). Según las cifras oficiales entregadas por la compañía, 2023 también ha sido un buen año para WeWork Latam, que cerró el primer semestre con un aumento del 31 % en los ingresos frente al mismo período del año anterior.
La compañía, que genera en el país cerca de 100 empleos, tiene la meta de incrementar en 12 % los ingresos en 2024. Peñaloza, frente a la pregunta de por qué el panorama en Estados Unidos y en Colombia es distinto, explica que solo puede responder por lo que se ha hecho en el país. Durante la pandemia, según el gerente, la empresa buscó otras formas de llamar la atención de las compañías.
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“Encontramos que el tiempo de desplazamiento es lo que más les genera conflicto a los empleados para volver a la presencialidad, entonces planteamos la posibilidad de dejar de tener una oficina central y pasar a tener oficinas satélites en diferentes puntos de la ciudad. Esa fue una de las iniciativas que más impulsó el negocio”, asegura Peñaloza. Al parecer, la nueva forma de concebir el trabajo que selló la entrada de WeWork en Estados Unidos al Capítulo 11 ha traído ventajas para la franquicia en Colombia.
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