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Y ahora, la 5G

La próxima generación en comunicaciones deberá soportar la internet de las cosas.

08 de marzo de 2015 - 08:28 p. m.
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Imagine la evolución de las comunicaciones móviles como la historia de un ser humano que nace, crece, aprende y adquiere nuevas habilidades, cada vez más complejas. La primera generación (1G), durante los años 80, fue aquella en la que la telefonía celular empezó a gatear y a aprender a hablar, con servicios de voz analógica. Luego vino la segunda (2G), en los noventa, cuando además de hablar, las telecomunicaciones aprendieron a escribir, y fue posible enviar y recibir textos. La tercera (3G) supo, a través de la banda ancha móvil, cómo manejar datos y contenidos más robustos: música, videos y fotografías. La cuarta, o 4G, la que hoy es la bandera de los operadores, permitió que esos mismos contenidos, incluso en vivo, se manejaran rápido, con fluidez, en grandes cantidades y más plataformas. Ya no se trata sólo de los celulares, sino de las tabletas, tecnologías vestibles o wearables y automóviles.

La aspiración de la industria ahora es que todo esté conectado: desde los electrodomésticos, el alumbrado público, cada máquina de cada fábrica, mina o cantera, hasta el cepillo de dientes. Todo, para arrojar información que pueda ser analizada para resolver problemas de tráfico, operaciones, de salud, entre un sinnúmero de otros. Pero antes hay que hacer que el espectro y las redes estén en condiciones de aguantar tanta información. Como explica Alistair Urie, líder de estrategia 5G de Alcatel-Lucent, la idea es trabajar sobre lo construido. “Las inversiones en 4G no se perderán en 5G”, afirma, a diferencia de lo que ha sucedido de una generación a otra: la capacidad de una no le es útil a la siguiente.

La razón es que 4G ya ofrece una velocidad y una capacidad de manejo de datos satisfactorias. Eso se podrá aprovechar. La tarea de la 5G es cambiar la forma como los dispositivos se comunican con la red. Hoy los aparatos están en constante diálogo con ella. Pero si se cumple la proyección de Alcatel-Lucent de 100.000 millones de dispositivos conectados en 2020 —frente a los 13.000 millones que se calculan hoy—, ese diálogo será caos y gritos. La idea, entonces, es que hablen corto y sólo cuando sea necesario; por ejemplo, que un sensor de atmósfera dé una alerta sólo cuando las condiciones cambien y representen un peligro.

Para abonar el terreno, también es necesario descongestionar otras redes, al tiempo que se mejoran los servicios. Es por eso que en el Congreso Mundial de Móviles, que se llevó a cabo la semana pasada en Barcelona, empresas como Alcatel-Lucent y Ericsson presentaron sus más recientes avances en tecnologías como las llamadas small cells, pequeñas antenas que se pueden instalar en distintos puntos, por ejemplo, centros comerciales, estadios, postes de luz o vallas publicitarias, para proveer mejor cobertura y calidad. “La 5G tiene que estar complementada con small cells”, asegura José Otero, director para Latinoamérica y el Caribe de 4G Américas. De acuerdo con Osvaldo di Campli, presidente de Alcatel-Lucent para Latinoamérica, en la región hay 12 países, incluido Colombia, donde los operadores ya han adquirido small cells.

Lo cierto es que el camino para la 5G aún es largo. Hay que encontrar nuevo espectro apto y disponible, esas nuevas autopistas por las que la información podrá viajar. Las empresas tienen que acordar estándares y el diálogo con los estados es indispensable para efectos regulatorios. La tarea en eventos como el Congreso Mundial de Móviles ha empezado a hacerse. Allí, el comisionado de la Unión Europea Günther Oettinger hizo un llamado al consenso de cara a la 5G y se reunió con las empresas desarrolladoras.

También muchas cosas de la vida cotidiana tendrían que acomodarse. Como explicó Stefan Parkvallde Ericsson, incluso las baterías AA deberían diseñarse para que duren 10 años y que así puedan soportar un sensor que está en constante monitoreo. “No sería eficiente estar cambiando las baterías a cada rato”.

La idea es que de ahora a 2019 se desarrollen las pruebas y experimentos para un eventual despliegue comercial en 2020. En Latinoamérica, sin embargo, para muchos podría ser romántico hablar de 5G cuando apenas se está consolidando la 4G y cuando aún queda espectro por subastar. Según 4G Americas, de 750 millones de conexiones en la región, sólo 10 millones son de cuarta generación.

Óscar León Suárez, director de la Agencia Nacional del Espectro, dijo— en entrevista publicada por El Espectador el 7 de marzo— que en todo caso es necesario dar el debate desde ya. “No podemos esperar hasta 2020 para que se pueda utilizar el espectro que será para la 5G. Discutimos (en las diferentes instancias) porque si no empezamos a tomar decisiones ya, qué bandas se van a acordar a nivel de la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones ); si no comenzamos los procesos de limpieza de ese espectro, de aquí a cinco años no va a estar disponible”, dijo.

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