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¿Y si acepta su fracaso?

FuckUp Nights es un proyecto que nació hace siete años en México y ahora se encuentra en más de 90 países, entre ellos Colombia: en donde más de 1.000 historias de fracasos han hecho catarsis en foros públicos y privados. Conozca la historia fallida del primer centro comercial virtual del país.

11 de octubre de 2019 - 05:11 p. m.
En Colombia, FuckUp Nights se encuentra en Bucaramanga, Medellín, Cali y Bogotá. / Getty Images.
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Fracasar está en todos y en todo. Esta es una de las conclusiones a las que ha llegado FuckUp Nights, un proyecto que promueve la tolerancia al fracaso, principalmente en el mundo de los negocios, por medio de eventos públicos y privados para que las personas cuenten sus historias en un espacio libre de juicios. Algunos de los participantes ni siquiera saben que han fracasado, o al menos no lo habían reconocido. Y otros comparten sus experiencias cuando siguen viviendo las más crudas consecuencias de sus errores. Este tipo de iniciativas rompe con la tendencia actual de que los únicos fracasos dignos de contarse son de quienes al final del camino se transforman en multimillonarios. ¿Y el resto qué?

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La iniciativa nació hace siete años en México y ya se encuentra en más de 90 países, incluyendo Colombia. En Bucaramanga, Medellín, Cali y Bogotá se han contado más de 1.000 historias de fracaso que han permitido hacer catarsis. El Espectador habló con Catalina Medina, la líder de FuckUp Nights Bogotá, quien comparte su visión sobre el fracaso a partir de los cientos de casos que ha escuchado.

*Catalina Medina, líder de FuckUp Nights Bogotá.

¿Por qué nació FuckUp Nights?

Nació como espacio necesario para compartir nuestros fracasos, tener esa catarsis y no sentirnos solos. Es una situación intimidante porque no sabemos cómo lidiar con ellos. De eso se trata FuckUp Nights, iniciar la conversación y normalizar el fracaso: es un tema diario, no sólo hay superfracasos; todo recae en las decisiones que tomamos, y de la actitud y la propiedad con que respondemos ante ellos.

¿Qué resultados o impactos han logrado?

Llevamos a todas partes el fracaso. Las personas no se dan cuenta de que está en nuestro día a día y cuando lo vemos tan normal comienza el verdadero resultado.

¿Cómo definen el fracaso?

El fracaso está en todos y en todo. La definición del fracaso depende de lo que consideres éxito y de la forma de aceptar y afrontar los retos.

¿Qué errores comunes hay sobre la percepción del fracaso?

Que es malo, si nos pasa ya estamos condenados, que hay que ocultarlo, que nos pone en una posición inferior.

¿Los resultados de FuckUp Nights son iguales en todos los países o hay diferentes percepciones sobre el fracaso?

Claro, cada comunidad percibe el fracaso a su manera; son tantas las dimensiones que no conocíamos. Por ejemplo, en los países musulmanes o de Europa del este fracasar es un tabú, se carga realmente un estigma social que cala hasta en el ambiente familiar; mientras que en los países más globalizados se cree que el fracaso lleva al éxito, cuando no siempre es así.

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¿Cuál ha sido el impacto del proyecto en Colombia?

Son precisamente las diferentes actividades que se han trabajado para generar ambientes en donde el fracaso es aceptado sin juzgamiento. Realizamos tanto eventos públicos como privados: por ejemplo, en universidades y en lugares de trabajo. Realizar periódicamente estos eventos apoya el cambio cultural, lo que nos da seguridad de poder tomar riesgos. Para nosotros es increíble ver que asistentes a estos espacios después de unos años se presenten como speakers. De esta manera sabemos que ya normalizan compartir sus fracasos.

¿Hay algún cargo o profesión que sea frecuente en las sesiones de FuckUp Nights?

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La mayoría de los speakers son o fueron dueños de empresa o han tenido o tienen cargos directivos o son ejecutivos en grandes compañías.

¿Hay algún personaje o figura pública que haya compartido su fracaso?

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En Colombia tuvimos a Álex Torrenegra, Juanita León (de La Silla Vacía), los de Actualidad Panamericana y Fernando, de Estados Alterados. Y vale la pena destacar que en México participó el expresidente Vicente Fox.

A raíz de los casos que han conocido, ¿cuál es la percepción de los colombianos sobre el fracaso?

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No se puede generalizar, porque influye y depende mucho la región del país, al igual que el tema generacional. Sin embargo, hay tres cosas que han sido frecuentes en las diferentes sesiones que hemos tenido.

La primera percepción es que el fracaso es cercano, genera sentimientos y emociones muy similares, por no decir iguales, sin importar el contexto.

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La segunda es la revelación: “Fracasé y ni me había dado cuenta”. Le damos tanta fuerza al fracaso que ni identificamos que existe o ha existido en nuestra vida, y es algo que de algún modo limita el aprendizaje que puedes sacar de ese fracaso.

Y, finalmente, está la creencia de que hay que fracasar rápido para tener éxito. Esto es un gran error.

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** El fracaso del primer centro comercial virtual de Colombia

Hace más de ocho años Luis Francisco Hernández trabajaba en una de las principales empresas de telecomunicaciones del país, y acababa de llegar de hacer una MBA en España, pero tenía en mente una idea: crear el primer centro comercial virtual de Colombia, es decir buscaba mezclar la realidad virtual con la experiencia de comprar por internet.

La idea tuvo acogida: suficiente para que un par de amigos se sumaran al proyecto y para convencer a un empresario de invertir $150 millones. Motivado por este respaldo, Hernández decidió renunciar a su puesto en una empresa de telecomunicaciones y meterse de lleno en su emprendimiento.

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Vivevirtual fue el nombre que recibió el primer centro comercial virtual de Colombia. El proyecto fue expuesto en el Campus Party de 2011 y de hecho logró aparecer en un reportaje de Noticias RCN. Captaron la atención de los medios por su meta de recrear la experiencia de un centro comercial real con las ventajas del mundo virtual: no sólo con tiendas, sino también tener la posibilidad de comprar boletas de cine y hasta acceder a una plazoleta de comidas.

Sin embargo, la plataforma no lograba tener la reacción que buscaban. “Los jóvenes lo veían como un videojuego y los más adultos no entendían la plataforma y no lograban moverse”, explicó Luis. Y no era el único problema de experiencia de usuario que enfrentaba Vivevirtual, pues también tenía limitaciones técnicas que la hacían lenta: tardaba alrededor de 10 segundos en cargar cada sección del centro comercial.

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“Flash y Html5 era la tecnología en que se basaba la plataforma y en ese momento el ancho de banda era de una mega máximo. Además, no servía en móviles”, explica Hernández acerca los problemas que enfrentaba Vivevirtual frente a los principales jugadores del comercio electrónico de la época, como Mercado Libre

Aunque llegaron a vender $12 millones al mes, no alcanzaba para pagar las cuentas. Por lo que esos $150 millones con los que arrancaron pronto se comenzaron a evaporar.

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Luego de hacer catarsis, Hernández ha idenficado varios errores que cometió con Vivevirtual. Por ejemplo, se dio cuenta de que “fue mala idea renunciar a mi trabajo sin haber empezado a facturar, pensando que el dinero de la inversión era suficiente”.

El otro gran error que encontró fue no haber probado el producto antes de empezar. “A veces cometemos la terrible equivocación de compartir nuestras ideas sólo con nuestros amigos y familiares”, cuenta. Al parecer ese excesivo apoyo y los comentarios positivos le impidieron ver la realidad: no había mercado para su proyecto, el comercio electrónico era incipiente hace ocho años. Incluso hoy, a pesar de los avances, la tasa de conversión promedio es de 1 %: es decir de 100 usuarios que visitan la página, sólo uno compra algo. Mientras que en países como Chile este indicador es de 3 %.

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Entonces, Hernández se estrelló al darse cuenta de que tenía un producto lento y poco competitivo, para el cual no había mercado. Lo peor de ambos mundos.

La situación era aguda para Vivevirtual, pero Hernández debía atender algunos asuntos personales: se acababa de casar y tenía que amoblar su apartamento. Fue una experiencia sorpresivamente agobiante, cara, tediosa y frustrante. Pero de esta mala situación surgió otra idea: “¿Y si ofrezco una solución a este problema?”. Si a él le pasaba, probablemente también otros debían sufrir por lo mismo.

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“Debido a la presión social, por el qué dirán, fue difícil tomar la decisión. A nadie le gusta reconocer el fracaso, ni mucho menos que le digan fracasado. Pero dimos el paso, cerramos Vivevirtual y empezamos de cero para crear Dekosas”.

Hernández creó, junto con su esposa, un portal para comprar artículos del hogar: muebles, lámparas, etc. La apuesta rindió sus frutos luego de algunos años, pues en 2015 Mauricio Hoyos, antes de participar en Shark Tank Colombia, invirtió $600 millones en Dekosas.

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Aunque Dekosas factura alrededor de $400 millones al mes, “estamos lejos de considerarlo como un éxito. Todavía estamos en fase de crecimiento y tenemos que seguir trabajando constantemente”, indica Hernández, quien agradece, y ha aprendido, de la experiencia de haber fallado en la creación del primer centro comercial virtual del país.

Esta es una de las más de 1.000 historias que se han contado en las sesiones de FuckUp Nights en Colombia. Crudas, duras y algunas veces esperanzadoras: aún en la peor situación se puede encontrar la oportunidad de empezar de cero. El primer paso es normalizar el fracaso.

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