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¿Autonomía o populismo?

La U. de Nariño es la única en el país en la que su rector es elegido por voto de estudiantes y profesores. ¿Qué tan eficaz es este modelo?

24 de marzo de 2014 - 09:00 p. m.
Desde 1995 la U. de Nariño lleva a cabo ese proceso electoral, criticado por expertos. / U. de Nariño
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Cuatro días después de que el 9 de marzo, en medio de vallas, debates y cuestionamientos, Colombia eligiera a sus senadores y representantes, el sur del país se preparaba para llevar a cabo otra elección. Una, claro, mucho más reducida, pero para algunos fundamental: de esa votación dependía el rumbo que tomaría en los próximos tres años buena parte de la comunidad académica de Nariño. Votación que no tendría nada de particular si no fuese atípica en todo el territorio nacional; si no fuese, por demás, controversial.

En Pasto, el 13 de marzo, se realizó un proceso electoral para decidir quién sería el rector de la Universidad de Nariño durante los próximos tres años y quiénes los decanos y directores de cada departamento. Lo inusual es que en el sufragio participaron todos los estudiantes y profesores de la institución. Incluso, los alumnos de último grado del colegio Liceo de U. de Nariño.

Y aunque ese mecanismo para definir las personas que guiarán a la institución educativa se practica desde 1995, no deja de ser discutible en la academia. ¿El motivo? Porque, según varios expertos, es muy probable que ese tipo de nombramiento, único entre las universidades del país, pueda estar atravesado por una especie de campañas políticas. Y ello, dicen, podría prestarse para populismos o manipulaciones del electorado.

Así, por lo menos, lo asegura Moisés Wasserman, exrector de la U. Nacional, quien, más allá de los comicios en Pasto, cree que aquel modelo es muy inconveniente. “Eso —afirma— se presta para que se generen promesas que tienden a complacer a los votantes en vez de abordar las problemáticas de la universidad. Argentina, por ejemplo, donde existe ese sistema de elección, es la más clara muestra de la politización de las instituciones educativas. Inclusive, en Latinoamérica ha habido campañas que mueven tanto dinero que generan sospechas de la independencia que puede tener un rector. Y eso es una forma de privatizar los bienes que le pertenecen a la nación”.

Con Wasserman concuerda Carlos Alberto Ospina, rector de la U. de Caldas. “Esa elección —dice— no favorece la democracia y permite posiciones políticas de partidos que podrían incidir en la vida académica. Además, favorece la demagogia”.

Eso, sin embargo, lo sabe Carlos Solarte Portilla, rector electo de la U. de Nariño. Para él, es claro que el proceso tiene riesgos pero, cuenta, “tiene un gran beneficio: se materializa la democracia y autonomía universitaria. No sólo se trata de un voto, sino de respaldar una propuesta, una trayectoria y una hoja de vida analizada por una comunidad pensante. Además, semestralmente, para el caso de decanos y directores, se hace una evaluación. El rector, que puede ser cualquier persona de Colombia con ocho años de vida académica y dos de experiencia administrativa, debe rendir cuentas al Consejo Superior”.

Pero, en palabras de Carlos Mario Lopera, creador del Observatorio de la Universidad colombiana, aquella elección popular de decanos y directivas es, justamente, otro de los inconvenientes. “Es como si eligiéramos al presidente y también saliéramos a votar por sus ministros”, explica.

Y en ese punto coincide Jairo Rivera, vocero de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil. Según él, pese a que la U. de Nariño, en términos de autonomía de gobierno, está mucho más avanzada que otras instituciones de educación superior como la U. Nacional, no todo funcionario puede ser elegido democráticamente. “El rector —dice— debe tener su equipo”.

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¿Cuál es, entonces, el método más acertado? Según Wasserman, el mejor sistema es el nombramiento por méritos. “Si a las universidades se entra por méritos y se permanece por méritos, no veo la razón para que las directivas no sean elegidas así. Las consultas a la comunidad académica también son mucho mejores”.

Así sucede —aunque con variaciones— en universidades públicas como la de Caldas, la Nacional o la de Antioquia, donde luego de unas consultas a profesores, estudiantes y egresados, un Consejo Superior designa al rector. De esta manera, en palabras de Luquegi Gil Neira, secretario de la U. de Antioquia, se garantiza que no sólo se valore la simpatía de alguien, sino su trayectoria y experiencia.

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Pero, asegura Lopera, lo verdaderamente importante, más allá de la elección, es que siempre haya rendición de cuentas, “porque en cualquier modelo —aclara— puede haber populismo o manipulación”.

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