El debate presidencial sobre la educación superior que convocó la Universidad de la Salle, en Bogotá, prometía ser el tercer escenario en el que los candidatos medirían su pulso. Sin embargo, más que un debate presidencial, terminó siendo un encuentro entre vicepresidentes – y no todos. El único candidato a la presidencia que asistió fue Jorge Antonio Trujillo, pastor del Movimiento Político Todos Somos Colombia. Mientras, en representación de los otros candidatos fueron sus vicepresidentas: Clara López, formula vicepresidencial de Humberto de La Calle; Claudia López, representando a Sergio Fajardo y Ángela Robledo, en nombre de Gustavo Petro. Las grandes ausentes, entonces, fueron las candidaturas de Vargas Lleras e Iván Duque, que no se asomaron por el debate.
En general, teniendo en cuenta sólo a quienes asistieron al debate, las propuestas respecto a la educación superior resultaron cercanas. Buscar una educación gratuita y de calidad, aumentar la financiación de las instituciones públicas, pelear contra la corrupción en el sector y vigilar más de cerca lo que hacen las universidades privadas fueron temas repetitivos entre los presentes. Tanto así que Robledo aprovechó para recordar que las propuestas era tan cercanas entre Clara, Claudia y ella que merecían “una alianza”. Sin embargo, la propuesta de crear una Superintendencia de Educación por parte de Claudia López logró dividirlas.
Estos son algunos de los puntos de encuentro y desencuentro que se vivieron en el debate.
Ser pilo paga, lo acaban o lo reforman
Lo que fue el programa “estrella” del Ministerio de Educación durante el gobierno de Juan Manuel Santos, fue visto con ojos críticos por la mayoría de los asistentes. Para empezar, Jorge Antonio Trujillo, afirmó que durante su gobierno Ser Pilo Paga seguiría funcionando, pero estructurándolo “para evitar la corrupción”. La idea, según él, es que se pase de los “30 mil beneficiarios a 100 mil” y que se cree un programa paralelo de Ser Pilo Paga, pero para docentes universitarios, becándolos para que hagan maestrías y doctorados
Claudia López, en cambio se mostró más crítica con el programa. “Toca reformar Ser Pilo Paga. Lo que haremos es subir de 51% a 65% la cobertura en educación superior, sobretodo la pública. No creemos que haya que subsidiar con recursos públicos matriculas que van a universidades privadas y consideramos que, en cambio, las becas deben ir a subsidiar la manutención de los estudiantes”, concluyó. Sin embargo, la aspirante a vicepresidenta afirmó que igualmente se les cumpliría a los beneficiarios que ya hacen parte del programa.
Por una línea parecida estuvo Ángela Robledo, quien afirmó que no es una cuestión de “ser pilo” lo que da derechos a acceder a la educación superior, sino ser “jóvenes” lo que da este derecho. “Desde la Colombia Humana queremos que la educación sea un derecho como lo es la salud”, afirmó.
Finalmente, Clara López, no hizo ninguna referencia puntual al programa Ser Pilo Paga. Pero al igual que las otras dos vicepresidentas, señaló que la educación superior debe ser un derecho fundamental y que su programa buscará tanto la gratuidad en la universidad pública, así como dar becas de sostenimiento complementario para evitar la deserción, “que en este momento es mayor al 40%”. En entrevistas previas en otros medios, de La Calle ha dicho que es probable que sí continúe con el programa Ser Pilo Paga, aunque lo considera insuficiente.
Universidad a distancia, una alterativa que no reemplace lo presencial
Ante la pregunta de cómo fomentarían, desde su gobierno, la educación a distancia, el candidato y las tres vicepresidentes tuvieron casi el mismo lema: “es necesaria y hay que fomentarla, pero debe ser complementaria”.
Clara López destacó que la universidad a distancia sirve para “masificar la educación, pero no puede reemplazarla completamente”. “No solo se aprende de libros y maestros, sino de la vida universitaria. Yo en Harvard aprendí más en la cafetería que en las cátedras”, dijo la candidata a vicepresidente, quien, además, aprovechó para mandarle una pulla a Duque al mencionar que ella sí se había graduado enserio de esta universidad, y no solo había realizado unos cursos de ocho días.
Por su parte, Robledo respondió que no es verdad que las universidades abiertas y a distancia siempre produzcan excelencia, por lo que deben ser vistas como un complemento. Además explicó que a las universidades que ofrecen exclusivamente este tipo de educación superior, el “Estado debe ponerles la lupa”.
Claudia López, no muy distante de sus compañeras, afirmó que se debe maximizar el uso de tecnologías para incorporarlas en la educación de la Colombia rural y profunda, pero, de nuevo, no como sustitutas. “Deben haber consorcios entre las universidades públicas y privadas para que puedan ofrecer, localmente, las carreras más necesarias en áreas rurales”.
Trujillo, remató diciendo que “la universidad a distancia no podía reemplazar lo presencial, ya que era como formar un hijo a distancia”. Igualmente recordó que era necesario que el Ministerio de la Educación y las secretarías necesitaban trabajar en su reglamentación. (Lea acá: ¿Qué piensan los vices sobre la paz, las EPS y la salud? Así fue el debate de las fórmulas vicepresidenciales)
Crear una Superintendencia de Educación, lo que las dividió
La experiencia ha demostrado que las universidades privadas parecen alejarse cada vez más de ser entidades sin ánimo de lucro. El costo de las matrículas se ha disparado, las universidades de garaje aparecen exponencialmente y sólo el 28% de las instituciones de educación superior de Colombia son públicas. Ante esto era lógico que parte del debate se concentrara en si los candidatos consideraban que la educación privada debería estar regulada económicamente. Punto que logró mostrar las diferencias entre las propuestas.
La carta de la discusión la puso Claudia López al proponer la creación de una Superintendencia de Educación que vigile de cerca cómo manejan los recursos. “Si se encuentra que una universidad no está reinvirtiendo lo que gana en educación, entonces deben pagar los impuestos de ese porcentaje que no están reinvirtiendo”, concluyó.
Sin embargo, tanto Robledo como Clara López consideraron que esta propuesta estaba en una delgada línea donde se podía violar la autonomía de las universidades. “Se debe fortalecer el sistema de monitoreo, pero no con una superintendencia, ya atraviesa el límite de la autonomía. Las universidades deben rendir cuentas, decir dónde están puestos los millones de pesos y explicar a los estudiantes porque hay un crecimiento desmedido de las matriculas”, dijo Robledo.
Por su parte, Clara López afirmó: “No soy partidaria de la regulación económica de la universidad privada, el Estado no se puede entrometer. La solución está en el sistema tributario. Deben declarar renta con renta exenta. Y si no están cumpliendo, entonces como Claudia lo dice, que paguen impuestos”.