Yesid Torres, maestro en Ciénega (Boyacá)
“Cada robot esconde un mundo de aprendizaje”
A este licenciado en artes, la tecnología lo agarró por casualidad y se convirtió en su vida. En 2006 llegó a Ciénega, a los pies del páramo de Bijagual (en Boyacá) contratado para ser el maestro de todas las materias de cuarto de primaria.
El frío, las vías destapadas, y la hora en bus que lo separaban de Tunja no perturbaban al boyacense. Veinticuatro estudiantes, hijos de paperos y cultivadores de mora lo esperaban en el salón.
“La clase de informática se resumía en acomodarlos como uno pudiera en los diez computadores que tenía el colegio y enseñarles a abrir un documento en Word. Un día llegó una convocatoria para participar en un concurso departamental de robótica. Decidí inscribirnos sin tener idea de qué era un circuito”, dice Yesid Torres.
Ahí comenzó la carrera por aprender junto a sus alumnos cómo funcionaba la robótica. Yesid se contactó con estudiantes de universidades, devoró videos en Youtube, se sentó con sus alumnos a jugar con los cables e invitó a sus colegas a participar.
“Los emocionaba la idea de que íbamos a crear un robot y lo pondríamos a funcionar. Aprendimos juntos. Algunos terminaron enseñándonos cosas a los maestros. Para ellos era divertirse con su robot pero detrás de eso estábamos los profesores desarrollando sus capacidades para ligar sus conocimientos en ciencia con su vida cotidiana y con el profe de educación física y otros compañeros creamos un grupo de investigación de robótica”.
En cinco años, con su proyecto Fanrobóticos, este maestro logró que la Institución Educativa Técnica José Cayetano Vásquez, sede Cebadal, fuera reconocida en el país por sus desarrollos tecnológicos.
Los niños superaron su rendimiento en la materia, se encariñaron con las clases y terminaron desarrollando prototipos como un exoesqueleto para ayudar a que personas discapacitadas recuperen la movilidad en sus piernas.
Llegó un punto en que los estudiantes del grupo de investigación comenzaron a ver que su interacción con universitarios y académicos especializados podría servirles para desarrollar proyectos que podrían, a futuro, mejorar la vida de sus familias. Diseñaron un proyecto para sistematizar el proceso de siembra, recolección y almacenamiento de remolacha.
Yesid, magister en educación, cree que sumar esfuerzos por llevar maestros más preparados a las aulas es un buen punto de partida para cambiar la historia de la educación en Colombia. “Nos repiten que los doctores y los magister deben estar en las universidades, pero ¿qué tipo de bachilleres tendríamos si estos maestros especializados llegan a las escuelas? Nuestra sociedad sería distinta. Allí es donde el país los necesita”, dice el maestro del año.
Jorge Heriberto Torres, rector del Colegio Metropolitano de Soledad
‘Nacer pobre no te condena a vivir pobre’
En 1986 las invasiones informales en Soledad (Atlántico) ya habían comenzado a convertirse en pequeños barrios. Barrios de estrato 1 y 2, sin servicios públicos, de gente pobre para la cual la posibilidad de que un hijo pudiera tocar la universidad era inalcanzable. Allí Jorge Heriberto Torres, entonces decano de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Simón Bolívar, encontró la oportunidad de retribuir lo aprendido en su carrera de maestro. Compró dos casas de 70 metros cuadrados y junto con su esposa fundó un colegio.
El Metropolitano de Soledad 2000 abrió con 250 niños. “En esa zona abandonada no había escuelas y los papás no tenían con qué mandar a un pelao para Barranquilla. El proyecto de vida era quedarse en la casa. Pero llegamos a convencerlos de que nacer pobres no era una condena para ser pobres de por vida y que sus niños tenían derecho a recibir educación de calidad”, explica Torres, galardonado por Compartir como el mejor rector de Colombia en el último año.
Jorge Heriberto Torres tuvo que rebuscar donde pudo los recursos para sostener ese sueño. Concursar por becas aquí y allá, citarse con el Estado para que asumiera su responsabilidad. En los últimos años su institución consiguió 900 subsidios educativos con el Sistema General de Participación y benefició con recursos propios a 450 alumnos que hoy se destacan por su excelencia académica.
Bajo la filosofía de que los alumnos deben estudiar todo el tiempo que sea necesario, el colegio implementó jornadas extras de nivelación, temporadas más cortas de vacaciones y actividades extracurriculares en las que los estudiantes pueden explorar otros talentos.
Veintiséis de sus egresados han obtenido distinciones Andrés Bello en las diferentes áreas. Otros han recibido cerca de 50 becas para estudiar en la Universidad del Norte, la mejor institución privada del Atlántico.
“Sólo en la escuela se comenzará a cerrar la brecha de la aberrante inequidad social colombiana. A todos nuestros niños se les debería garantizar una educación de calidad que a futuro les entregue oportunidades para desarrollar una vida digna. El sistema educativo no puede seguir siendo el mismo en el que los hijos de los líderes políticos y económicos reciben una formación impecable, y por ende se convierten en nuestros futuros gobernantes, mientras el resto va a la escuela para después luchar por ser profesional. Los niños pobres tiene los mismos talentos de los ricos. También podrían gobernar este país. ¿Qué vamos a hacer para que esto sea posible?”.