El Metropolitano de Soledad 2000 abrió con 250 niños. “En esa zona abandonada no había escuelas y los papás no tenían con qué mandar a un pelao para Barranquilla. El proyecto de vida era quedarse en la casa. Pero llegamos a convencerlos de que nacer pobres no era una condena para ser pobres de por vida y que sus niños tenían derecho a recibir educación de calidad”, explica Torres, galardonado por Compartir como el mejor rector de Colombia en el último año.
Jorge Heriberto Torres tuvo que rebuscar donde pudo los recursos para sostener ese sueño. Concursar por becas aquí y allá, citarse con el Estado para que asumiera su responsabilidad. En los últimos años su institución consiguió 900 subsidios educativos con el Sistema General de Participación y benefició con recursos propios a 450 alumnos que hoy se destacan por su excelencia académica.
Bajo la filosofía de que los alumnos deben estudiar todo el tiempo que sea necesario, el colegio implementó jornadas extras de nivelación, temporadas más cortas de vacaciones y actividades extracurriculares en las que los estudiantes pueden explorar otros talentos.
Veintiséis de sus egresados han obtenido distinciones Andrés Bello en las diferentes áreas. Otros han recibido cerca de 50 becas para estudiar en la Universidad del Norte, la mejor institución privada del Atlántico.
“Sólo en la escuela se comenzará a cerrar la brecha de la aberrante inequidad social colombiana. A todos nuestros niños se les debería garantizar una educación de calidad que a futuro les entregue oportunidades para desarrollar una vida digna. El sistema educativo no puede seguir siendo el mismo en el que los hijos de los líderes políticos y económicos reciben una formación impecable, y por ende se convierten en nuestros futuros gobernantes, mientras el resto va a la escuela para después luchar por ser profesional. Los niños pobres tiene los mismos talentos de los ricos. También podrían gobernar este país. ¿Qué vamos a hacer para que esto sea posible?”.