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‘No nos podemos quedar discutiendo’

Entrevista con Oscar Almario, licenciado en historia y candidato a la rectoría de la Universidad Nacional.

17 de marzo de 2015 - 11:16 a. m.
Cortesía / Oscar Almario
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Oscar Almario García se especializó  en métodos de investigación social y cuenta con un magister en Historia Andina  y un doctorado en Antropología Social y Cultural de la Universidad de Sevilla en España. Se ha desempeñado como Decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la U. Nacional y como Vicerrector de la Sede Medellín. Con 25 años de experiencia laboral en el sector público, se postula ahora para ocupar el cargo de rector de la Universidad Nacional.  (Vea a los demás candidatos en: Elija al rector de la Universidad Nacional)
 
¿Por qué lanzó su candidatura?

 Un grupo de la comunidad universitaria evaluó distintas circunstancias que rodean esta designación de rector y concluyó que es necesario postular un nombre que reúna las características que yo represento. Este sector evaluó en primer lugar que la Universidad está perdiendo la imagen que tenía, retrocediendo en el liderazgo académico e investigativo y en su proyección social. Antes de esta administración la Universidad había logrado un posicionamiento y reconocimiento social importante que ahora vemos se está diluyendo y que es necesario reorientar. Concentramos la mayoría de doctorados y maestrías del país, tenemos el mayor número de grupos investigación, pero hemos perdido esa fuerza por una serie de decisiones equivocadas de la actual administración. Todo esto que sucede, tiene consecuencias internas y como comunidad universitaria no nos explicamos cómo estamos retrocediendo cuando habíamos logrado una participación importante.

 ¿Cuáles son sus propuestas para buscar la financiación de la U. Nacional?

 Otros países se han adelantado a Colombia en darle importancia a la educación, nosotros estamos llegando tarde a ello. Por fortuna hay algunas ideas que ya empiezan a reconocer el papel estratégico que para el desarrollo integral de un país puede jugar la educación. La U. Nacional quiere cerrar esa brecha que nos separa de los países que ya entendieron el problema de la educación. La Constitución de 1991 señaló que las universidades públicas iban a ser financiadas bajo el índice del IPC (Índice de Precio al Consumidor), eso quiere decir que se nos ha aumentado el presupuesto año a año. El problema es que la Universidad no ha crecido al ritmo del IPC precisamente porque ha aumentado su número de doctores, su potencial investigador, tiene más demandas de desarrollo complejas que el IPC no puede compensar de tal manera que lo que vamos viendo es una curva decreciente entre los recursos que ingresan por trasferencia nacional y los recursos que realmente necesitamos.  Hay que convencer al Estado de que este tipo de financiación es inadecuada y no permitirá el desarrollo del país. Lo que queremos es impulsar una nueva Ley de educación que revise la Ley 30 y la Ley especial de la U. Nacional, que permita el funcionamiento de la Universidad.

Hablemos de las estrategias en este ámbito

Se han desarrollado algunas, hay que reconocer que la administración del rector Mantilla tuvo un acierto para la estampilla de la Universidad Nacional, que depende de unos porcentajes que se derivarían de los contratos de infraestructura y otro tipo de obras que el país va a emprender en los próximos cinco años. Eso va a beneficiar a la U.

Nacional pero son recursos insuficientes. Otra estrategia son los recursos propios. La Universidad no se niega a la consecución de recursos propios, por el contrario cree que son importantes porque indican el relacionamiento con la sociedad y con distintos sectores de la producción y de la economía. Sin embargo no creemos  que se trate de convertir a la Universidad en empresa de servicios para que se autofinancie, para eso no fue diseñada.

 ¿Cuál es su propuesta para salvaguardar el campus de la Universidad?

 No podemos desligar el tema de la financiación de la infraestructura. Han pasado casi 25 años desde que la Constitución del 91 plasmó la normativa  del IPC, y las normativas sobre diversos aspectos -entre ellos la movilidad- están encaminados  a ser más incluyentes, como el caso de las rampas y los  accesos. ¿Cómo hacemos con esas dimensiones si tenemos edificios de casi 100 años?, además hay que sumarle el tema del sostenimiento del mismo edificio, de los antiguos y los nuevos. No sólo se trata de un tema de infraestructura física sino también informática, el sistema de base de datos hay que actualizarlo legalmente en el mundo científico internacional, y eso vale,  ser Universidad de rango mundial es costoso.

 ¿Cuál será su apuesta en términos de autonomía universitaria?

 La autonomía es un principio de los universitarios, muy del origen de esta institución que es una invención occidental. Debemos recordar que las Universidades nacen muy relacionadas con el poder, los imperios y la iglesia, pero cuando un grupo quiso dedicarse al estudio lo hicieron en un ámbito que ellos mismos pudieran regular y darse su propia orientación, allí surgió la autonomía. La autonomía que defendemos es la histórica de las Universidades, que tienen un ámbito académico. Una autonomía con responsabilidad, que no significa que hacemos lo que nos da la gana, sino que es una autonomía para orientarnos de acuerdo con las exigencias del mundo contemporáneo.

 Y en cuestiones de seguridad….

 Es un tema muy complejo porque  se cruza con el contexto de las ciudades, de tendencias sociológicas y demográficas que no controlamos directamente, me refiero a temas de desempleo, subempleo, ventas ambulantes, que se intentan instalar en la Universidad aprovechando su carácter democrático. Otros casos son los  de personas desesperadas por su situación que buscan solventar sus necesidades al interior de la Universidad. Pero también existen otros problemas de microtráfico. No existe una fórmula para solucionar todos los problemas, hay que tener la voluntad para resolverlos y que los jóvenes estén tranquilos en el campus. Lo que vamos a hacer en la rectoría, si llegó a ser elegido, es precisamente tomar el problema, y a su vez acompañarlo de una estrategia de bienestar universitario que nos remite de nuevo al problema de los recursos. Muchas de estas situaciones que afectan a los jóvenes tienen que ver con la adaptabilidad a la vida universitaria y la estabilidad académica. Debemos hacer una campaña de bienestar integral y del mismo modo atacar las prácticas delincuenciales.

 ¿Qué estrategias va utilizar de la internacionalización de la Universidad y de sus estudiantes?

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 La internacionalización no es un indicador, como aparece en algunos informes de gestión de las Universidades. Eso es cuántos estudiantes tuvieron movilidad internacional, cuántos profesores se movieron hacia el exterior a eventos académicos, pero realmente ese no es el núcleo de la internacionalización, que es, estar ubicados en el mapa científico, tecnológico y de la innovación del mundo. El problema es si el país está dispuesto a que sus investigadores se muevan a las fronteras del conocimiento, esto  requiere varias estrategias. 

¿Cómo cuáles?

 La investigación básica es muy distinta a la investigación aplicada. La primera hace alusión a que es necesario hacer investigación a la naturaleza, las especies, sus características y propiedades. Conocer la biología de las cosas, y ello en muchos casos no tiene aplicaciones inmediatas porque lo que busca es conocimientos estructurales, pero en condiciones de mercado se pretende que la ciencia responda a intereses inmediatos que es la aplicación.

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Pretender que en las Universidades sólo vamos hacer investigación aplicada es una distorsión, por eso la U. Nacional reivindica la importancia de la investigación básica y de que el sistema nacional reconozca la importancia y la trascendencia de este tipo de investigación. Este es un tema candente donde tenemos un fuerte debate con Colciencias. El aspecto clave de la internacionalización tiene que ver con cómo los científicos nos relacionamos con el mundo global a través de la ciencia básica y de la ciencia aplicada.

¿Qué papel tendrán las sedes regionales de la Universidad en una relación más estrecha con el territorio?

 La Universidad lo que pretende es que cada una de sus ocho sedes, las cuatro sedes que están en el mundo interandino y las otras que pertenecen a las macroregiones del país,  se conviertan en plataforma para posconflicto. La Universidad centralizará sus estrategias en esta dirección.
 Elija una propuesta de los demás candidatos que usted aplicaría sí llega a ser elegido rector…

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Es un privilegio que un proceso de estos, uno se congregué con seis colegas, incluso con el doctor Mantilla que aspira a la reelección. Todos coincidimos en la necesidad de fortalecer la Universidad. Y en todos los programas hay estrategias mejor definidas o más desarrolladas sistemáticamente por algunos colegas, pero diría que todos coincidimos en la necesidad de revisar lo que llamaríamos el sistema de gobierno de la Universidad, las formas de representación que tienen sus distintos estamentos en los órganos decisorios. Hay sectores que no se sienten incluidos, y otros que no lo suficiente, hay dudas en la forma en que los órganos de decisión legitiman esas decisiones.

¿Qué propuesta tiene para que la U. Nacional juegue un papel importante en posconflicto?

Todo el país sabe y reconoce el papel que está haciendo el Observatorio de Paz que dirige Alejo Vargas y el apoyo que ha hecho al proceso de los diálogos de paz. Debemos preparar a la U. Nacional para el posconflicto, por su definición y su estructura de sedes y su carácter de nacional y del Estado es la que está en mejores condiciones para dicho acompañamiento que va ser muy duro porque hay regiones enteras excluidas del desarrollo, dónde no hay Estado, empleo, entidades ni educación. Las comunidades indígenas y afrodescendientes están excluidas del desarrollo, entonces necesitamos un modelo de desarrollo inclusivo. Luego de articular el sistema básico con el sistema universitario, se deben forjar los líderes que necesita el país para el posconflicto, que no surgen silvestremente.

¿Por qué elegir su propuesta sobre las demás?

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Creo que tengo la formación académica, mi campo de investigación tiene que ver con el estudio de las regiones colombianas, del Estado nacional colombiano en comparación con los de América Latina, en particular sobre los estudios del pueblo afrodescendiente, pero además soy un académico que tiene una visión global de las cosas. Mi cabeza, mis ojos están puestos en el mundo como un campo en tensión, donde hay elementos negativos y positivos, pero tratando de convertir estos últimos en los más benéficos para la U. Nacional y para el país que necesita caminos de esperanza. Lo que creo es que tengo la experiencia, la formación, la visión y la disposición para asumir este rector, que es muy exigente. 
 

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