Enzia Verduchi se inició como cronista de historias de la ciudad en la que se crió, Campeche, al sur de México. Luego ya empezaría a ser más consciente de su talento y con la ayuda de Gloria Gervitz aprendió a escribir poesía: Cartas de ‘Usurpación’ fue su primer texto en el 93, tal vez de los menos queridos por ella misma, del que nunca pudo estar completamente segura si esa era la mejor manera de escribirlo. Luego nació ‘El Bosque de la hormiga’, con hermosos sonetos que hacen referencia a la familia que todos tienen: “….nos hemos convertido en una tribu aburrida que se escandaliza cuando alguno decide ser alpinista o bailarina de cabaret”, según un fragmento.
La Coordinación Nacional de Literatura, puesto que porta orgullosísima la escritora, sólo ha sido ocupado por grandes plumas de su país: Margot Glantz, Andrés Henestrosa, este último, asegura, “uno de nuestros grandes poetas indígenas, uno de los mejores pensadores del mundo indígena mexicano” y Salvador Novo. "Aquí la diplomacia o las influencias no son un punto a favor para ganar tal honor: se tiene que ser escritor con intensiones de apoyar a los colegas con talento, no dejarlos olvidados", sostiene.
A Verduchi le sorprende y emociona que a pesar de haber nacido al otro lado del Océano, se le considere tan mexicana como para dejarla tomar las riendas de las letras de su país, la misma institución que a base de talleres, le daría nacimiento a su lado de escritora y que también colecciona las fotografías de literatos hispanos que ahora alegran al sótano Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá.
Con la mirada siempre buscando los ojos de su interlocutor y el cabello rojizo, Enzia habla de una de sus publicaciones consentidas, basada en Harry Houdini, el ilusionista estadounidense: más allá de centrarse en su magia, ella lo utilizó como pretexto para hablar de los escapes que usa constantemente el ser humano para convertirse en un “escapista económico, un escapista sentimental, un escapista que escapa de sus propias responsabilidades”.
Su libro favorito es uno que le ha costado 20 años de trabajo: la relación que más le apasiona desde que iba a graduarse de su licenciatura, la del cine y la literatura, será publicado a finales del 2008. “Normalmente entre libro y libro me llevo entre 5 y 10 años para escribirlo. Pero bueno, eso es un ritmo personal. Hay quienes pueden publicar tres magníficos libros en un año y no volver a escribir nada más o que publica 30 libros en su vida y quizás uno valga la pena. A lo mejor ninguno de mis libros vale la pena, pero soy alguien que se toma mucho su tiempo para escribir. Me gusta pensar mucho lo que voy a hacer”. Éste y “Cuarenta grados a la sombra” hacen parte de una trilogía que pudo publicar gracias a una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte que se ganó muy joven aún a su parecer. Cuarenta grados es una reflexión sobre la lengua española, que la acogió siendo una infante, relatada en una combinación de ensayo, crónica y cuento.
Ahora Verduchi recibe tantos escritos como saludos a lo largo de su caminar por el Festival: tal vez no ha leído tanto de poetas colombianos como conoce de sus consentidos ‘cuates’, pero acompañará las letras bogotanas hasta este lunes, para devolverse a su país ‘natal’ a darle las últimas pinceladas a su pasión de 20 años.