‘La carretera’, de Cormac McCarthy
Héctor Abad Faciolince
Anoche leí un libro, montado en un avión en la mitad del Atlántico. La novela, cuenta una historia simple de un viaje por carretera, desde algún lugar indeterminado de Estados Unidos, y siempre buscando el sur, huyendo del frío y en busca de alguna huella de vida.
Hacía años que una lectura no me producía una conmoción tan honda, tan intensa. Por muchas, muchas páginas, no digo que lloraba, sino que simplemente las lágrimas brotaban sin poder contenerlas. No hubiera leído el libro —que fue premio Pulitzer en Estados Unidos el año pasado—, demasiado exitoso para mi gusto, si un amigo lector no me lo hubiera recomendado con insistencia. El título, The Road, parecía remitirme a un tipo de literatura que es ya un tópico en Norteamérica, el largo viaje iniciático a través de las interminables autopistas estadounidenses.
Pero desde el principio uno ya se da cuenta de que la historia no tiene nada que ver con el género de la novela de carreteras, que es más bien su contrario o su culminación en la perfecta antítesis de lo que ha sido hasta hoy. Los protagonistas no van en bus, ni en carro. Son un padre y un niño que luchan por su vida y arrastran un carrito de supermercado, con rumbo al sur. Ha ocurrido una catástrofe indeterminada y el mundo como lo conocemos ya no existe. Todo está calcinado, contaminado, opaco, muerto. Lo grandioso es que durante 200 páginas de viaje, el autor, Cormac McCarthy, nos lleva de la mano con un ritmo perfecto, sin una sola caída de tono, sin dar más ni menos información de la necesaria para crear en el lector la más profunda angustia, la solidaridad más seria, la comprensión más dolorosa de la situación más desoladora que pueda imaginarse.
Lo grave de este libro es que sea verdad. O mejor: que pueda ser verdad, porque a veces este mundo parece vivir al borde del Apocalipsis, por alguna catástrofe técnica, nuclear o incluso natural. Sin sexo, sin otro amor que el de un padre y un hijo, sin dinero, sin ambición por progresar, sin nada que se parezca a esta vida cotidiana de todos nosotros (sin política, sin pirámides, sin gobiernos, sin televisión, sin aviones, sin internet, sin celular, sin ejército, sin ropa y sin supermercados), esta novela nos devuelve a la condición humana más elemental y profunda.
Podría pensarse que es un regreso al hombre primitivo, pero no es igual porque aquí, al menos el padre, conserva la memoria de ese otro mundo (este en que vivimos) que alguna vez existió, con peces, vacas, plantas y gente que se amaba o que se odiaba.
La literatura es prodigiosa cuando no sólo la historia, sino también las palabras y las reflexiones, te hacen poner en duda todo el entramado, toda la estructura de la que estamos hechos. Borrado eso que llamamos cultura y civilización, enfrentados solamente a lo que somos capaces de ser y de defender ( en capacidad de daño y de altruismo) este libro es una lucha con nuestra propia conciencia y soledad, con lo más esencial que existe una vez todo se ha borrado. El amor filial en estado puro trata de defender el fuego de la bondad, aun en las condiciones más extremas y desesperantes. Es un libro desolador, lleno de angustia y desesperación que parece condenarlo todo a un irremediable fracaso. Y sin embargo… Léanlo.
Lucas Ospina: revista ‘Eco’
Regalaría un juego de cinco o seis ejemplares de la Revista Eco, publicada de 1960 a 1984 por Karl Buchholz, Rafael Carrillo, Danilo Cruz Vélez, Fernando Charry Lara, Hasso Freiherr von Maltzahn, Carlos Patiño Roselli, Hernando Valencia Goelkel, Nicolás Suescún, Ernesto Volkening, Aurelio Arturo, Pedro Gómez Valderrama, Jorge Eliécer Ruiz y Ramón Pérez Mantilla y Juan Gustavo Cobo Borda como encargado de la redacción.
¿Por qué? Porque la revista, sobria en su diseño y pequeña de tamaño, es generosa en contenido, es una puerta amplia a un discreto mundo intelectual que rodeaba la antigua librería Buchholz, una torre construida en una ciudad empotrada entre montañas, pero con una amplia vista sobre el mundo. Algunos de los 272 números de ‘Eco’ se consiguen deambulando por las librerías de segunda del centro.
Hugo Chaparro: ‘Guerra y paz’ de Liev Tolstói
En la esmerada y juiciosa traducción de Lydia Kúper (Barcelona: Océano, 2003), no sólo por ser completa y fiel al original; también porque garantiza, en el transcurso de sus 1.800 páginas, una larga descripción, que por su intensidad se hace breve en las manos del lector, de la experiencia humana entre las tensiones y la serenidad del mundo; entre la muerte y la biografía de sus personajes, sobreviviendo de la mejor manera posible. Un libro que se puede empezar a leer en este diciembre de 2008 y, si el lector no tiene prisa, lo puede terminar en diciembre de 2009 para multiplicar el regalo, siempre invaluable, que significa Tolstói en el mundo.
Editorial Océano
Diana Castro: ‘Comunidad’,de Zygmunt Bauman
Recomiendo todo lo de Bauman. Este libro plantea nuestros principales desafíos como comunidad en el siglo XXI. Qué somos cuando estamos en comunidad, qué defendemos, qué queremos ser, qué y cómo lo estamos construyendo y cuáles son nuestros límites. Editorial Siglo XXI.
Rocío Arias: ‘¿Cric? ¡Crac!’ De Edwidge Danticat
Colombia o Suráfrica no son los únicos países con una complicada imagen en el exterior que no los hace precisamente ser unos destinos deseados. A Haití le pasa lo mismo y peor. Es isla y además pequeña, no es potencia económica ni siquiera en su subsuelo y sus problemas sociales son abrumadores. La violencia no es soterrada sino que se respira hasta en la nuca. De este convulso país es Edwidge Danticat, una escritora deslumbrante por su capacidad para hacer que los lectores sientan Haití desde lo más profundo. Sus personajes no tienen solo rostro e historia, muestran además el intrincado vericueto de la existencia humana. De prosa certera, contenida y a la vez llena de detalles, Danticat reúne en ¿Cric? ¡Crac! nueve cuentos y un epílogo. Son demoledores porque se oyen las risas y los gemidos de quienes viven al borde del abismo. Como si todos fuéramos haitianos.
Editorial Norma
Todos los cuentos’, de Cristina Fernández Cubas
Juan David Correa:
A pesar de ser una de las autoras de relatos más reconocidas e importantes de España desde hace treinta años, sus libros no han circulado mucho entre nosotros. Por ello, con la reciente invitación al Hay Festival, Tusquets Editores acaba de importar el libro que reúne todos sus relatos publicados hasta hoy. Se trata de cinco libros en donde lo fantástico, las atmósferas extrañas, las voces de unos personajes que recuerdan a escritores fundamentales del relato como Poe, Cortázar o Chéjov, nos sorprenden por su hondura y un estilo clásico.
Ricardo Bada: ‘Orgullo y prejuicio’, de Jane Austen
El que suelo regalar siempre es el mismo, se titula Orgullo y prejuicio y lo escribió una solterona inglesa con más talento que casi toda la generación masculina contemporánea suya: se llamaba Jane Austen (y espero que adviertan el sutil uso de los verbos: quien se llama es la persona, los libros no se llaman; se titulan).
Orgullo y prejuicio, amén de ser una novela admirablemente construida y entretenidísima, puede leerse también como un estudio socioeconómico de su tiempo, y W. H. Auden sabía lo que decía cuando pergeñó este epigrama que traduzco a mano alzada: “Lo que más me incomoda es en verdad / que una inglesa estantigua clase media, / de las bodas por plata la comedia / describa, develando en realidad / la pingüe base de la sociedad”.
Otrosí: El estudio de caracteres humanos, en Orgullo y prejuicio, es uno de los más ricos en toda la literatura universal, y si al final de su lectura hay un solo varón que no se enamoró de Lizzy Bennet, o una sola fémina que no suspire por Mr. Darcy, mejor es que a partir de ese momento se dediquen única y exclusivamente a leer a Paolo Coelho. Se lo merecen. Editorial Alianza.