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Animarte

Al término del Salón del Ocio y la Fantasía en Bogotá se realiza ahora en Barranquilla el Salón Internacional del Autor Audiovisual 2014, en el cual participa el animador.

20 de octubre de 2014 - 10:35 p. m.
‘Tía Hilda’, de Jacques-Rémy Girerd, quien estuvo ayer en la U. Jorge Tadeo Lozano de Bogotá dictando una charla. / Cortesía
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– ¿Por qué escogió hacer animación?

Es el fruto de una casualidad. Estudié Bellas Artes en Lyon. Paralelamente me interesaba mucho el cine, aunque no fuese el objeto de mis estudios. En la ciudad había una sala de cine de veinte butacas que proyectaba cine independiente y underground. También organizaba pasantías y capacitaciones para hacer cine. Yo seguía su programación y los cursos que hacían, y mientras tanto, en el marco de mis estudios artísticos, pasaba el tiempo reproduciendo esculturas en tierra. Por otro lado, mi padre me prestaba su cámara, que tenía una especie de control para grabar imagen por imagen, y me pedía que hiciera películas de las vacaciones y que hiciera animaciones con unas letras que hacía mover sobre un cuadro magnético. Luego de descubrirla, instalé la cámara en la Escuela y de vez en cuando tomaba imágenes de mis esculturas en tierra. Así podía resumir quince días de trabajo en un minuto (y a principios de los años setenta hacer eso todavía era algo mágico y poco común). Me agradó el efecto que conseguí con la escultura y traté de convertir ese trabajo en una película usando plastilina, porque la tierra se secaba con las luces. Ese filme le dio la vuelta al mundo, así que la gente me incitó a hacer más películas. Para pagar mis estudios era profesor en una escuela y aplicaba en las clases los principios de animación que había aprendido. Todo eso me empujó hacia el cine: la enseñanza, usar la animación para ello, las esculturas, los videos familiares, la cámara de mi papá. Es importante añadir que cuando uno quiere hacer cine tiene que encontrar un productor, y como eso no existía en el mundo de la animación, creé mi propia sociedad de producción, mi propia compañía. Una vez creada, me encontré prisionero de esa cosa, que fue creciendo y creciendo.

– ¿Cuál es el enfoque de Folimage, su estudio?

Hacemos películas muy diferentes entre sí, pero nos reconocen por un estilo particular, porque los grafismos son siempre originales y muy fuertes, me parece. También trabajamos mucho en el texto, el contenido. Tratamos de hacer cosas inteligentes, sensatas, que a uno le enseñen algo. También hemos hecho muchas películas para niños, sin considerarlos idiotas, sin subestimarlos. En general, conservamos una técnica muy tradicional. Si bien ahora utilizamos programas informáticos, la base son siempre dibujos hechos a mano, pinturas, ilustraciones.

-Desde esa perspectiva, desde esa manera de hacer cine animado, ¿qué piensa del 3D?

Nuestras fuentes de inspiración no son las mismas de las de Estados Unidos ni Japón. Nos encantan las películas de Pixar y las de Miyazaki, pero las aspiraciones son distintas, porque nuestra principal fuente de inspiración es la cultura francesa y europea. Los realizadores de Una vida de gato partieron, por ejemplo, de la obra de Matisse, y para Mia et le Migou teníamos como referente el trabajo de los impresionistas franceses. Nuestras fuentes son nuestros predecesores y no se trata de un molde único que seguimos utilizando película tras película. Por último, y respecto al 3D, resulta más sencillo para nosotros utilizar técnicas tradicionales para guardar el vínculo con la historia del arte. Además, nuestro objetivo no es competir con las grandes compañías que hacen 3D, porque sería casi un suicidio. Y lo más importante: todavía queda mucho por hacer con el grafismo puro, hay territorios inexplorados que nos brindan libertad. En el 3D la máquina está muy presente a lo largo de todo el proceso y eso cohíbe la libertad, la autenticidad, la unicidad de las figuras.

– ¿Cuánto tiempo toma hacer una de sus producciones?

No menos de seis años. Una vida de gato se hizo en cinco, pero es una excepción.

– ‘Tía Hilda’ es su tercer largometraje y el que se está presentando ahora en Colombia. ¿Podría hablar un poco de la trama y de cómo se hizo?

Hasta ahora he hecho casi todas mis películas con niños, y en esta no quería niños. Quería salir de algo que se había vuelto una costumbre, quería explorar otras cosas. Mi idea inicial era hacer una película con dos mujeres de edad avanzada y buscaba también un tema fuerte y actual. Escogí la cuestión de los organismos genéticamente modificados, porque nos incumbe, porque es muy concreto. Hubiera podido elegir cualquier otro fenómeno contemporáneo, como la crisis económica, yo qué sé. Pero ese tema me permitía otra cosa visualmente: atraer a un público infantil, porque involucra las plantas, la naturaleza, y eso atrae la atención de los niños y al mismo tiempo los educa o los informa sobre algo que está pasando hoy en día. El eje o el tema central es preguntarse si estamos autorizados a hacer cualquier cosa, esta famosa filosofía que cuestiona una “ciencia sin conciencia”. Me parece imperativo hablar de nuestro mundo y siempre desde un punto de vista tanto político como narrativo. Por otro lado, quiero agregar que la heroína vive en un lugar donde se cultivan todas las flores del mundo, así que es una película para Colombia.

– No sólo en esta producción, sino también en ‘Mia et le Migou’ aparecen preocupaciones ambientales. ¿Es algo que le interesa tratar en sus películas y cortometrajes?

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Sí, porque creo que los problemas que tenemos hoy en día a nivel mundial se resumen casi todos a cuestiones ambientales, o tienen alguna relación con ellas. Mia et le Migou también tiene que ver con Colombia, porque la pregunta central gira alrededor de la selva tropical y su preservación. No se especifica el contexto espacio-temporal, pero la película bien podría situarse en Colombia.

– ¿Y en Francia qué tanta acogida tienen los filmes animados? ¿Hacen parte de un nicho?

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Estamos en la era del cine de animación. En los años ochenta los niños veían películas animadas. Ahora esos niños son adultos con esa cultura. Sin embargo, el cine animado sí sigue luchando por tener más popularidad. Hay varias razones que explican eso, una de ellas es que las películas que realmente nos despiertan y nos obligan a hacer un esfuerzo —como aquellas que tratan temas ecológicos—, quizás son rechazadas. No estamos en un momento muy favorable, pero ahí sigue el arte, cuya labor es sensibilizar a la gente sobre nuestros problemas socio-políticos, que siempre atraviesan la existencia.

Jacques-Rémy Girerd, clase magistral, 5:00 p.m. en la Cinemateca del Caribe Sala Country.

 

saramalagonllano@gmail.com
@saramala17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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