Acercarse a un salón de arte joven puede suponer dos cosas: enfrentarse a un trabajo sin fermentación que apenas arranca y encontrarse con gratas sorpresas, semillas que esbozan un futuro que seguramente se irá elevando.
Dentro de las 240 propuestas que se recibieron, los tres curadores —Carmen María Jaramillo, Carlos Alberto García y Alonso Garcés— escogieron 43 trabajos dentro de los cuales se encuentran desde tesis de grado, artistas empíricos, hasta algunos que ya tienen una trayectoria de una década.
Sorprende la fuerte presencia del dibujo, que puede ser el resultado de una moda actual y al mismo tiempo de intereses genuinos más allá de la generalidad de los gustos. En este caso, cabe resaltar el trabajo de Adalberto Camperos y su serie “Walkingstyles”, inspirada en los personajes que pueblan el paisaje de la calle. Por medio del dibujo y de la acuarela, el artista presenta a Skaters, Hipsters y figuras que hacen parte de las tribus urbanas reconocidas por una fuerte y definida presencia visual en su forma de vestir y en sus poses. Estos personajes globales asaltan el papel volviéndose casi poéticos. En sus dibujos, el uso de la acuarela cobra fuerza dándole un giro muy contemporáneo. Camperos recicla una práctica que en el arte actual no es muy común.
Otro trabajo interesante es el de Ana María González, quien participa con un tríptico de una nueva serie llamada “Rosita”, inspirada en las vivencias de una niña desplazada del Tolima con la que trabajó durante un año. Un vestido blanco es el centro de la obra, porque es remembranza del pasado que evoca la elegancia de un domingo de fiesta, de misa y el arraigo a una tierra perdida. Toda esta sutileza, esta melancolía y poesía pictórica se plasman en medio de capas de acrílico, carboncillo, laminilla de oro, fotografía, logrando así mucho movimiento y profundidad.
Vale la pena acercarse a este salón, que en su cuarta versión se va consolidando como un importante espacio de promoción para artistas que no necesariamente tienen el apoyo de una galería o han tenido la oportunidad de exponer sus trabajos ante un público más allá del académico. Arte joven no es en ningún momento sinónimo de arte sin trascendencia, y sí es una primera mirada que causa curiosidad sobre su evolución.