La mayor parte del año, el edificio en donde solía operar el hotel Nueva Granada de la Jiménez con cuarta pasa deshabitado, anónimo y algo sucio. Sus habitaciones ya no saben de huéspedes, ni sus ascensores de botones y maletas. Sin embargo, durante cuatro días (hasta el próximo 27 de septiembre) este muerto armatoste cobra vida y se llena de color pues sus corredores, escaleras y cientos de habitaciones son tomadas por los más de 200 artistas plásticos colombianos que hacen parte del Festival Urbano (FU) 2008.
En su segunda versión, este encuentro de artistas jóvenes de diferentes disciplinas, como la videoinstalación, el performance, el dibujo, la pintura y el grafiti, quiere ratificar su intención de buscar espacios alternativos a las galerías y los museos. “Desde el año pasado surgió el interés de tomar espacios abandonados y transformarlos para ubicar muestras artísticas”, explica Federico Daza, uno de los organizadores y curadores de la muestra. “Se trata de abrir una vitrina a lo que se cocina en estudios y universidades y que muchas veces se ve desdeñado por los espacios más canónicos”, añade Andrés Pongutá, otro de los curadores.
Algunos artistas fueron invitados, los otros fueron seleccionados durante las seis exposiciones realizadas en la casa de la revista Cartel Urbano (junto con Heineken entes organizadores), y así se armó este grupo selecto que muta entre artistas de recorrido como Andrés Gaitán, que con sus dibujos ha participado en salones nacionales de artista, Andrés García Larrota, encargado del Festival Experimenta, o Franklin Aguirre, pasando por artistas más novatos como Carolina Zuluaga y el videoinstalador Mateo Rudas y llegando a famosos grafiteros como César Figueroa, Era y Rodes, que a fuerza de dejar sus firmas en la calle de la ciudad se han hecho reconocidos.
A lo largo de diez pisos, entre laberínticos corredores, habitaciones y grandes salones, el arte joven discurre sobre los “presuntos” y los “supuestos” tan comunes de los medios de comunicación. Subiendo las escaleras, pinturas e instalaciones dan cuenta de la cultura de lo adulterado y retratan los procesos de pirateos tan comunes en el país. Las crisis políticas entre Colombia y sus países vecinos también tiene su rinconcito, mientras que la ilegalidad cobra formas de esculturas y grafitis.
Conferencias, dos tarimas para que 25 bandas se presenten durante los tres días de festival que quedan (a partir de las 5:00 p.m.) y una expectativa que supera los 6.000 visitantes hacen que este novato festival urbano de arte cobre nuevas dimensiones y se convierta en una nueva vitrina para los más jóvenes.
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