Todos los niños estaban en sus casas, escuelas, hospitales, parques o calles. De pronto un sonido: ¡boom! Todos corren, algunos se van desplomando en el camino, a otros le son visibles sus heridas. Akim ha quedado en medio de un paisaje desolado, hasta que una persona lo toma de la mano y es arrastrado por los que huyen. Akim es la representación de todos los niños que huyen de la guerra y se alojan en campos de refugiados.
Él es el protagonista de Akim corre, un álbum de la ilustradora belga Claude K. Dubois y publicado en Francia en 2012, un año después de que comenzara en Siria la guerra civil y la crisis de refugiados. Con sus trazos, Dubois intenta explicar la guerra como un fenómeno natural que llega e impacta a grandes y chicos.
La historia, con la que ganó el Premio Alemán de Literatura Infantil y Juvenil en 2014, se ha convertido en una narración universal que se vincula al contexto de cualquier guerra donde hay menores en medio del conflicto. Esta ilustradora no se preocupa por maquillar la realidad en sus dibujos, por el contrario, pretende ser directa, encontrando la manera de establecer un diálogo con los niños sobre una realidad que en pocas ocasiones se toca en cuentos tradicionales.
Desde su taller, ubicado al borde de un bosque en Lieja, Bélgica –ciudad en donde se formó como ilustradora en la Escuela Superior de Artes de Saint-Luc–, Claude K. Dubois trabaja en todas esas historias que a simple vista no entendemos, que generan pánico o que preferimos ignorar porque aparentemente no nos tocan. Su interés por hacer sencillo lo complejo la ha llevado a publicar más de ochenta libros para niños, sola o en colaboración con otros autores. Su nombre ha llegado a más de quince países y ha sido traducida a más de veinte idiomas.
“La emoción es la única fuerza motriz en mi trabajo. Me ayuda a obtener fuertes sentimientos de mis personajes como: alegría, tristeza y fragilidad. Me maravilla el mundo que nos rodea y ver los ojos de los niños que se cruzan con mis personajes. Para que ese encuentro mágico se lleve a cabo tengo que mirar de verdad, de forma honesta y viva”.
Su sensibilidad al entorno ha quedado expuesta en el autorretrato que realizó para El Espectador. En el paisaje en el que se destacan las tonalidades azules solo se divisa un faro, unas rocas, el mar y ella, acompañada por una frase: “La fragilidad como el asombro frente al mundo que nos rodea”.
Ella le habla a niños y adultos con ternura, a veces con humor o abordando temas serios, pero con complicidad, con el fin de compartir experiencias y hablar más allá de lo que pueden decir las palabras.