José A. Morales, Graciela Arango de Tobón, Arturo de la Rosa y Helena Benítez de Zapata fueron, en 1975, los jurados de la primera edición del Festival de Música Andina Mono Núñez. Estas cuatro personalidades intelectuales del país secundaron la que para ese entonces era la idea descabellada de realizar en Ginebra, Valle del Cauca, un evento en torno a las manifestaciones folclóricas del interior del país. La iniciativa surgió de las cabezas de las religiosas sor Virginia Lahidalga y sor Aura María Chávez, quienes encontraron respaldo en el melómano Luis Mario Medina.
El primer episodio del encuentro cultural se llevó a cabo con más tropiezos que aciertos. Sin embargo, en el ambiente quedó el aroma de la necesidad de impulsar el festival a través de los esfuerzos de una fundación que se encargaría en adelante de estructurar los lineamientos, especificar los requisitos y delimitar el perfil de los invitados y participantes. La euforia del momento convocó a las personalidades más célebres del departamento del Valle a liderar los procesos musicales para convertir esta idea amateur en un suceso de repercusión nacional.
La recién creada fundación concluyó, por ejemplo, que el nombre del festival debía rendir tributo a un instrumentista virtuoso de la zona del Pacífico colombiano. En realidad no hubo que escudriñar mucho para llegar a Benigno Núñez Moya, compositor e intérprete de la bandola y de la guitarra, nacido en Ginebra, Valle, en 1897. El Mono, como se le conocía en la actividad bohemia, nunca estudió música en la academia, aunque siempre se caracterizó por su gran técnica interpretativa y por un respeto absoluto de la esencia de los diversos aires que llegó a ejecutar en sus instrumentos de cuerda.
Con casi cuatro décadas de actividad musical encima, el concurso se ha convertido en uno de los encuentros más importante de este género musical y en la actualidad es una plataforma de lanzamiento de artistas colombianos en el exterior. Varios de sus concursantes han sido nominados a los premios Grammy Latinos en la categoría de música tradicional. Esa proyección mundial y el eco internacional del concurso han sido los grandes responsables de que en 2003 el Festival de Música Andina Mono Núñez fuera declarado Patrimonio Cultural de la Nación.
Los concursantes del evento provienen de toda la Región Andina de Colombia, conformada por Antioquia, Boyacá, Caldas, Caquetá, Cauca, Cundinamarca, Huila, Nariño, Norte de Santander, Putumayo, Quindío, Risaralda, Santander, Tolima y Valle del Cauca. De la misma manera, los estilos sonoros más relevantes a lo largo de la historia del evento han sido el bambuco, el vals, la mazurca, la redova, el pasillo, la danza, el chotís, la guabina, la rumba carranguera, las vueltas antioqueñas, el merengue carranguero, la caña, la gavota, el sanjuanero, el son sureño, la marcha, la rajaleña, el intermezzo, el bunde, la polka, el torbellino y el fox.
Durante cuatro días, instrumentos como el tiple, la bandola, la guitarra, el requinto, la tambora, la flauta de caña, el chucho, la quena, la carraca, el quiribillo, la zampoña, el cuatro, el charango y el guache, entre otros, serán nuevamente los protagonistas del Festival de Música Andina Mono Núñez, que en 2014 llega a su edición número 40.
A partir de hoy y hasta el domingo 1º de junio, residentes y visitantes de Ginebra podrán ver a figuras destacadas como Víctor Hugo Ayala, Jorge Velosa, Marta Gómez y Los Trovadores de Cuyo (Argentina), entre otros artistas nacionales y extranjeros que mostrarán los temas más destacados de sus repertorios.
El evento está dividido en varias secciones, entre las que destacan el Concurso Mono Núñez, un espacio en el que los solistas y grupos clasificados se disputarán el Gran Premio en las modalidades vocal e instrumental, y el Concurso Obra Inédita, una actividad que busca estimular la creación musical de los autores y compositores de nuestro país. Pero también está el Encuentro de Expresiones Autóctonas, en el que participan intérpretes de la tradición y costumbres populares, generalmente campesinas, así como los Conciertos Dialogados, en los que se reúnen pequeños grupos de melómanos para escuchar a sus artistas favoritos contar la historia de sus canciones y para disfrutar de su interpretación.
La oferta cultural del Mono Núñez es tan amplia como variada y les da un nuevo aire a las manifestaciones tradicionales de nuestra música.
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