Ariel Scher escribió su libro, Todo mientras Diego, en 2018 y hay un apartado dedicado al eterno clásico suramericano entre Argentina y Brasil y que se llama Peligro de Argentina-Brasil. Aparece una discusión entre un grupo de tertuliadores consuetudinarios, pero hay un hombre, el Terco López, quien sugiere que este clásico desaparecerá por la literatura. Los oyentes comienzan a buscar en la literatura argentina y brasilera las posibles causas de dicha tragedia y recorren algunas obras que podrían brindar pistas. En dicho recorrido aluden a Milagro en el parque Chas, ese cuento de la argentina Inés Fernández Moreno y que tiene como tema central el clásico de clásicos entre estos dos países. Posteriormente, buscaron en los textos de María Rosa Oliver en la Revista Sur. Posaron sus ojos en los textos de Manuel Puig, sobre todo en Sangre de amor correspondido. Hicieron lo propio con los textos de Fontanarrosa y sus cuentos sobre fútbol. Hurgaron la obra de Mario Rodríguez Filho. Se vieron obligados a leer a Eduardo Galeano y a Eduardo Sacheri. En ninguno de estos clásicos de la literatura sobre fútbol hay razones para sospechar que no se volverá a jugar el clásico de fútbol suramericano. Siguieron la búsqueda y encontraron un escritor más: Juan José de Soiza Reilly. En uno de los textos de este autor se advierte que hubo una época en la que un presidente argentino bajó al camerino de la selección de su país para pedirles a sus jugadores el favor de que perdieran el partido (ganaban 3 0 a la selección brasileña) por un asunto de diplomacia gubernamental. El citado presidente le dijo al capitán de la selección argentina: “Mi querido don Jorge. Es imprescindible que ustedes pierdan el partido. Háganlo por la patria, muchachos”. ¿Literatura? Un clásico es un clásico y se juega como un clásico, es decir, se trata de un “partido aparte”. El texto concluye magistralmente de la siguiente manera: “…cualquiera podía evaluar que dos países cuyos equipos de fútbol transformaron un resultado por una necesidad política merecían ser quitados de la existencia tanto como su fútbol. Si así sucedía, la culpa entera no sería ni de Roca ni de los jugadores sino de la literatura: la literatura permite que lo fugaz se convierta en eterno, pero, en esta situación, eso representaba una desgracia”. La literatura eternizó la mano de Maradona y la volvió hipertexto musical, teatral, cinematográfico y pretexto para leer el contexto. ¿Cómo se viven los clásicos? Argentinos y brasileños saben que este clásico de escritores y futbolistas se juega a otro precio, es decir, el marcador es lo de menos, ganar es lo más importante porque se festeja de otra manera, el corazón late distinto, las lágrimas son dulces y el caminado es baile, barrilete, samba o tango. Esta columna invita a leer este texto de Ariel Scher porque ayuda a comprender las locuras que hacemos los seres humanos cuando de la pasión del fútbol se trata. Los clásicos son poesía antes que geopolítica porque no envejecen, se renuevan.
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