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Consejos de viaje para no arruinar estas vacaciones

“Me gustan un montón tus historias, pero sinceramente no sé qué pasa contigo…”. Así fue el saludo de un mensaje que recibí hace un par de semanas.

26 de diciembre de 2019 - 04:25 p. m.
Imagen de los glaciares del Calafate, en la Argentina. Uno de los tantos lugares inolvidables de América del Sur. / Cortesía
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Por supuesto me atrapó, ¿qué había dicho esta vez para generar aquella duda?, ¿qué es lo que estaba pasando conmigo? El mensaje se refería a mi cruda sinceridad con respecto a mis experiencias negativas en los viajes. Al final me sugirieron enfocarme en las maravillas del mundo y de sus habitantes, y dejarme guardado el lado b para evitar desanimar a potenciales viajeros a emprender su aventura.

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Me pregunté por un momento si quería seguir escribiendo acerca del lado a, b, c y hasta del z de los viajes, aunque no fuera del agrado de algunos lectores, o si mejor comenzaba a escribir con la pretensión de vender un estilo de vida, como si fuera una agencia de turismo, y así omitir la realidad para que todos se sintieran cómodos comiéndose el cuento de la perfección y la felicidad sin límite cuando se vive viajando. 

Un día después, como una mismísima señal del universo, me escribió otra persona que acababa de regresar de un viaje de varios meses por Asia. En el mensaje me agradecía por los escritos en los que justamente hablaba del lado que no muchos cuentan, pues sintió absoluta identificación con mis anécdotas: “se nota que escribes desde adentro, respondes preguntas muy importantes de las que pocos hablan”. El alma me volvió al cuerpo, porque me reafirmé en lo que quiero comunicar y transmitir. 

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Tomando en cuenta los dos mensajes – no quería descartar totalmente las primeras sugerencias -, decidí escribir este artículo para darles gusto a los que prefieren un contenido más fresco e informativo: Consejos para estas vacaciones navideñas. Eso sí, manteniendo mi estilo, pues estos “tips” están basados en las experiencias que pertenecen al top de las pendejadas que he hecho viajando (y que han hecho algunos amigos, como para no echarme toda la responsabilidad). 

Póngale atención a estas anécdotas para que no les pase: 

Ojo co la documentación 

Una hora antes del vuelo hacia Buenos Aires, saliendo de Bogotá, mi compañero de viaje fue retenido en Migración. Yo lo esperaba al otro lado sin tener idea de lo que estaba sucediendo. Me preocupaba que comenzara el abordaje y nosotros no estuviéramos en la puerta. Pasaron varios minutos hasta que finalmente lo dejaron pasar. ¿Qué había sucedido? Había olvidado completamente revisar la fecha de vencimiento de su pasaporte, y faltaban solo dos meses para tal acontecimiento. En muchos países exigen a la entrada que el documento de viaje tenga una fecha de expiración no menor a seis meses, así que estaban dudosos de darle paso para evitarle inconvenientes.

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Finalmente, en el aeropuerto de Buenos Aires no hubo mayor complicación, sin embargo, debió acudir al Consulado de Colombia en Argentina para sacar un nuevo pasaporte que costó la módica suma de 250 dólares, cuando en Colombia el trámite no sobrepasaba los 100.000 pesos en esa época. Él estuvo varios meses en el sur, así que tuvo tiempo para hacer el papeleo, pero si sus vacaciones son cortas, eviten pasar los días haciendo colas o pagando dinero extra por no haber sido cuidadosos con los detalles. 

Desde el primer momento en que decidan el lugar de sus próximas vacaciones, especialmente si son viajes internacionales, infórmense de todos los papeles requeridos en el país de destino y de acuerdo a su nacionalidad: vacunas, visa, pasaporte, seguro de viaje, documentos para viajar con menores, recetas médicas en caso de tomar fármacos especiales, etc.  Les recomiendo hacer una lista de chequeo para no olvidar nada y llevar todos los papeles en una carpeta a la mano para hacer el paso migratorio más ágil. 

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Que no los tumben con el cambio de moneda

Llegamos a Perú desde Ecuador en bus con mi pareja, bajamos en el terminal y en segundos estábamos rodeados de taxistas ofreciendo llevarnos a nuestro destino final. Nos dirigíamos hacia otro terminal de buses para seguir el viaje, estábamos cansados así que sin pensarlo mucho aceptamos una de las ofertas. 

“¿No tenemos soles, recibe dólares?” le preguntamos al taxista. El hombre aprovechó la oportunidad para decirnos que no recibía dólares pero que nos llevaba a una casa de cambio en el camino. Aceptamos el pésimo trato. 

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Nos llevó a una casa de cambio aparentemente legal, y decidimos hacer lo que nunca deben hacer: cambiar todo el efectivo, peor aún, sin haber consultado cuál era el valor del sol con respecto al dólar en internet, o al menos haber comparado los precios en varias casas de cambio. Dimos aproximadamente 100 dólares que se convirtieron en 200 soles. Al llegar al siguiente terminal, nos dimos cuenta que esos 100 dólares costaban 330 soles, no 200. Nos habían robado más o menos 130.000 pesos colombianos con nuestra complicidad.   

¿Qué hacer para que no les suceda? Infórmense siempre acerca del tipo de cambio del país de destino. Intenten no cambiar en los aeropuertos o en las fronteras terrestres porque generalmente van a salir perdiendo, y si es absolutamente necesario hacerlo, solo cambien el monto justo que necesitan para llegar a su alojamiento, después cambian lo demás. 

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Como recomendación alterna: no se dejen apabullar de los vendedores de tours, de alquileres de autos, de taxistas, de cambistas y demás seres que aparecen intentando convencerlos de ser su salvación y tener los mejores precios y calidad. Aléjense, pregunten por su cuenta, comparen y tomen decisiones sin dejarse presionar. Entre más cara de turista y de cansancio tengan, más chulos les van a caer. 

¿Se quedaron sin efectivo? 

Tranquilos, que “para todo lo demás existe Master Card”. Mentira, hay tarjetas que no funcionan en todos los lugares del mundo. Cuando estaba en Cuba quise cambiar la fecha de un pasaje por internet para devolverme a Cancún, pero tuve un inconveniente: al ser Master Card una empresa de Estados Unidos, no recibían mi tarjeta en ningún establecimiento comercial y no podía pagar el excedente. Tuve que desistir de la idea para no quedarme sin efectivo y esperar a la fecha programada del vuelo. 

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En La Habana me encontré con una mujer australiana padeciendo por la misma historia, llorando le pedía ayuda a la recepcionista del hotel porque se había quedado sin efectivo y en ningún cajero le permitían sacar dinero con su tarjeta. Otro ejemplo es de una pareja de colombianos que conocí en México, estaban aburridos, varados y sin poder hacer mucho porque habían liberado todo el cupo de su American Express para sobrellevar sus gastos vacacionales, y en muy pocos establecimientos comerciales aceptaban su tarjeta. Se estaban quedando sin efectivo, no podían hacer avances y no tenían otros medios de pago. 

Para que no les suceda, infórmense siempre antes de viajar, esta es la consigna del artículo, y lleven también preparado el plan b por si el a no les funciona. Lleven tarjetas de débito y crédito si las tienen, y por supuesto buen efectivo, bien guardado, pero a la mano. 

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Consejo extra: no olviden avisar a su banco que van a utilizar la tarjeta en el exterior, no hay nada más efectivo para arruinar las vacaciones que una tarjeta bloqueada, hay bancos que por seguridad no la van a desbloquear hasta que no vayan personalmente a una sucursal en su país. También me sucedió, así que es una recomendación con experiencia. 

No pongan todos los huevos en la misma canasta

Eso decía mi abuelo y solo comprendí su consejo siendo una treintañera víctima de un robo de 1000 dólares. Cuando les digo que lleven efectivo no exageren con el monto, yo tuve que aprender a las malas. 

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Estaba en un hotel en El Salvador con dos amigos, nos sentimos seguros y dejamos todas nuestras pertenencias en nuestra habitación privada para salir a almorzar. Siempre llevo el dinero en un canguro que va pegado al cuerpo, pero ese día tomé la pésima decisión de dejarlo “escondido” en mi mochila, no tuve la precaución de ponerlo en un cajón con llave, o al menos de llevar una parte y el resto repartirlo en medias, bolsas y bolsillos secretos.  

Al día siguiente salíamos a conocer el volcán Santa Ana, famoso destino turístico en El Salvador, pues en la boca del volcán hay una laguna verde, todo un espectáculo visual. Tomé el canguro y noté que estaba abierto, revisé el interior y no había ni un solo centavo. Volteé la maleta, escudriñé los bolsillos de toda la ropa, los zapatos, mis escondites, el pasaporte, mis papeles y hasta mis calzones, pero los 1000 dólares jamás aparecieron. A mis amigos les robaron la tarjeta de crédito e hicieron uso de 2000 dólares, que por suerte el banco no les cobró cuando pusieron la denuncia. Lo que sucedió después es una larga historia que tal vez cuente en otro artículo, solo imaginen el frío que me recorrió la médula al ver que estaba lejos de casa con 5 dólares que me habían quedado en el bolsillo del pantalón. 

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Creo que queda claro el consejo: utilicen las cajas de seguridad del hotel, y de no tenerla guarden el dinero con la precaución de no meter todos los huevos en la misma canasta. 

¿Y eso tan lindo en dónde es? 

 “A cinco minutos del lugar donde pasaste tus últimas vacaciones, y te lo perdiste por no buscar información”. ¿Les ha pasado? No les voy a contar una anécdota específica porque me ha sucedido muchas veces, pero si les voy a hacer una recomendación: no se dejen guiar solamente por las agencias de viaje, hay cosas que vale la pena hacer a través de un tour, pero hay otras que no. Si se informan bien pueden ahorrar tiempo, dinero y conocer destinos únicos que no muchos conocen. 

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Saquen un tiempo antes de viajar para leer blogs de viaje, no hay nada mejor que las experiencias personales y no empresariales para guiarse. Si les da pereza leer pues busquen en You Tube, hay millones de videos de viajeros con esa información útil que no les va a dar el vendedor de tours del hotel porque no le conviene. Hablen también con los locales, no solo con la recepcionista sino con los meseros, con los vendedores de chicles, con la señora del mercado, hablen con otros viajeros que se encuentren, eso va a enriquecer la experiencia.

“¿Quieres una chaqueta? Qué vulgar”

Una chaqueta en Colombia es un abrigo, en México es una chamarra, pues la chaqueta tiene una connotación sexual. Es un ejemplo muy pequeño y trivial de los deslices que pueden cometer si no tienen ni la menor idea de las costumbres del lugar al que están viajando. 

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El tema de la chaqueta puede ser gracioso y seguramente terminará en un chiste tanto para el local como para el viajero. Ahora cambiemos la historia: imaginen que entran a una iglesia atractiva por su arquitectura, comienzan a tomar fotografías como locos para llevar de recuerdo, y sin entender la razón su cámara termina decomisada, o peor aún, destrozada. ¿Por qué? porque no sabían que esto era una ofensa para los locales, pues con cada disparo les estaban robando el alma – es un ejemplo real, busquen acerca de San Juan Chamula en Chiapas -. 

Infórmense acerca del idioma, las costumbres, la comida, el clima, la idiosincrasia de un lugar antes de ir. Hay dos razones fundamentales para hacerlo: la primera es por respeto, la segunda es por ustedes mismos, para que no se hallen en conflictos y disfruten al máximo las vacaciones. Tengo una amiga argentina que ridículamente pensó que Colombia era en su totalidad playa, brisa y mar – este pensamiento es muy típico de los extranjeros -, y llegó a Bogotá a las 2 de la mañana en chanclas y short ¿saben cómo la pasó? … por no leer. 

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Otro ejemplo: si tienen un viaje a Nepal ¿qué ropa llevarían?, probablemente muchos se imaginaron el Himalaya y pensaron en una chaqueta de plumas, así le sucedió a una amiga caleña que tuvo que comprar ropa nueva en Katmandú porque el calor era insoportable. Nuevamente: infórmense antes de viajar. 

“Ni porque me fuera a tirar en paracaídas»

Cualquier cosa puede suceder, tanto cosas positivas como negativas, eso téngalo en cuenta siempre – sin andar paranoicos, no exageremos -. Por eso siempre recomiendo como parte fundamental de las vacaciones un seguro de viaje, esto para los que salen del país. 

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Tal vez están acostumbrados a recibir servicio médico sin un gran costo, pagan salud mensual, si tienen una emergencia pagan un bono en el hospital y listo, asunto solucionado – ojalá fuera tan fácil y efectivo -.  Sin embargo, viajando la situación es otra, si les da una gripa, tienen dolor de oído o se raspan la rodilla, pueden ir a una droguería y sanarse solitos, o tal vez pedir atención médica en un centro de salud sin costo o por un valor muy bajo. Pero aquí les va: ¿cuánto creen que les puede costar un esguince de tobillo?, ¿una apendicitis?, ¿un dolor de muela?, no necesitan tirarse de un avión o andar en un auto a 300 km por hora para necesitar atención médica, de hecho, casi ningún seguro de viaje cubre deportes extremos. 

Hace cuatro meses estando de viaje tuve que ir al hospital por una emergencia, me hicieron una pequeña intervención quirúrgica y estuve solo una noche internada. El chiste me costó 1500 dólares que el seguro de viaje me reembolsó. Así que por favor no piensen que esto es un gasto extra, tómenlo como una compra obligatoria. 

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Nota importante: Cuando tengan una emergencia viajando, de ser posible llamen al seguro antes de hacerse atender en un hospital y dejen que ellos se encarguen de todo. Si lo hacen al contrario, el seguro no va a responder de inmediato sino que los va a dejar en la modalidad de reembolso, lo que quiere decir que al momento de la emergencia ustedes deben poner todo el dinero para pagar los gastos médicos y meses después el seguro se los devuelve. Chévere porque al final tienen esa plata de vuelta en su cuenta, pero la angustia de no tener ese monto durante la emergencia no se las deseo. Otro consejo basado en una experiencia personal. 

Así es como las malas experiencias y el lado b de los viajes pueden ser útiles para otros viajeros. Por esta razón, a pesar de las recriminaciones de algunos lectores, me mantendré sincera aunque tanta verdad a veces apachurre el espíritu de algunos viajeros. Mi recomendación final para ellos es que lean otros artículos donde me desbordo y me quedan pequeñas las hojas hablando de lo maravilloso, hermoso, divino y exótico que es el mundo, así nos mantenemos equilibrados. Y bueno, no se dejen apachurrar tan fácil, eso ya no depende de mí.  

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