Diana mira escondida por el filo de la cortina los edificios vecinos. Está desvelada y en su curiosidad busca quién puede estar levantado a esta hora también. Ya pasaron los días en que las personas sonaban sus sartenes, colocaban el himno nacional o sencillamente aplaudían sobre las ocho de la noche. Ahora la noche es más larga porque empieza más temprano que antes y, claro que sí, las luces todavía prendidas en el edificio de enfrente y las pantallas de televisión parecen faros abandonados que titilan esperando por fin el tren de su sueño.
Me dice que personas a esa hora también se asoman a la ventana, pero ella se cuida de no ser advertida, observa que algunos fuman, prenden y apagan un momento la luz de sus cuartos, ella quisiera que se corrieran todas las cortinas y pudiera ver lo que hacen a esa hora esas vidas tan parecidas y lejanas de las nuestras. De noche los celulares se vuelven más mudos que esas ventanas, lo que está pasando en otras vidas no nos responde a esta hora, muchos números de amigos todavía están conectados, pero no es hora de escribirles, y la oscuridad es eso, una manera de decir basta a los pensamientos.
En la mañana la perra no ha despertado y todavía tiene pesadillas. Nuestra perra adorada está muy vieja, se acomoda siempre a un lado de la cama, la escucho rezongar, a veces late suavecito, lo que pasa en su sueño se nos vuelve algo incierto, nos hace inventar historias posibles mientras la vemos, como que debe estar soñando en comer rápido pues otro perro que consentimos ayer viene por su comida, de pronto está diciéndonos que ya debemos salir del río donde nos bañamos, o hasta advertir que no podemos regresar sin ella de ese largo viaje por carretera que hacemos en diciembre a los Llanos Orientales.
Esta semana por la noche llovió y Luciana me llamó desde su cuarto porque estaba asustada. Me estaba pidiendo lugar en la cama, y no pude escucharla, para algunos la lluvia ayuda a recogernos, para una niña la lluvia se asoma por las cortinas y es capaz de entrarse en el cuarto y quedarse mirándonos. Yo duermo poco, pero duermo, puedo dormir parado, en una sola pierna, en la fiesta más amena, entre el ruido más ensordecedor, alguna vez hasta caminando. Entonces no me di cuenta de que estuvo en mi cuarto, de que se acomodó como pudo hasta que empezó el amanecer y volvió a su cama.
Hace ya días no preguntamos por qué nadie debe salir de la casa, mi hijo dice que si fuera del ejército podría visitar a su novia en cuarentena. Tampoco se hace cuentas de las fechas que podrían faltar para que acabe esto, ya las noticias cuentan que no acabará tan pronto, y los amigos en Italia, Francia, España, Ecuador y Estados Unidos están también perdiendo la cuenta, mientras un viento de enfermedad asoma por las calles y va soplando sin prisa en la cara.
En estas palabras, las palabras que son mías, las palabras que hablan de seres míos, no escribiré su nombre. En esta casa hace días se detiene el paisaje, ponemos periódicos viejos debajo de la puerta para que no entren ni los zancudos, y se apaga la luz. Bajo la noche de Dosquebradas los ojos quisieran elevarse por encima de las casas y esperar entre muchas calles vacías a que los caballos de la pesebrera cercana vuelvan a escaparse y vengan a caminar por estos lares otra vez. Pero no, según la radio vieja de otra casa, los que caminan a lo lejos pueden ser familias venezolanas buscando algún lugar…
* Poeta. Director de la Revista de Poesía Luna de Locos, el Festival de Poesía de Pereira y la Feria del Libro del Eje Cafetero. Su primer libro, Casa de humo, recibió el Premio Nacional de Poesía María Mercedes Carranza en el 2006. Sus poemas tienen versiones al inglés, francés, italiano, ruso, griego y portugués.
Algunos poemas de Giovanny Gómez:
MAS DEVOLVER LA LUZ ES ENTREGAR DE SOMBRA UNA TRISTE MITAD
Si el sueño está ligado al peso de la sangre
cada sueño se embriaga del lado donde reposa
del origen donde fluye más lento el aire
Si me duermo de un lado orillas del mar vienen hasta los ojos
y se calla el viento húmedo
y están livianas las piedras que vuelven insignificantes
tus pertenencias en el mundo
La visión puede ser el mareo
una corriente en la que llevando tu vida
se deshacen estas ansias jóvenes de dormir en cualquier lado
porque la sensatez es un barco
que no atraca en ninguna parte
INVOCACIÓN AL MAR
El sol que quema
es un presentimiento
de la vida que desequilibra
y no pueden las estrellas
ni el salitre en estos vientos traer
el canto de los marineros
las horas de la primera noche
el silencio de altamar
Lugares donde soy nadie
donde mi alma es la única huida
entre las vertientes que sigue
sin saber de esperanza o de vergüenza
He aprendido el azul insondable
donde la memoria de los libros no sabe
y algo en mí pregunta por las playas nórdicas
las costas de China el encanto de Estambul
por los caminos que siguen los salmones
y los brujos en Costa de Marfil
Sé que despierto cuando la sangre devuelve un hálito de viento
al despliegue de las velas en el amanecer
ya he soñado emborracharme
hasta sentir el resplandor de las montañas de sal
pero los sueños son palabras que se desvanecen en la boca
y libros que rodean un cielo figurado
y una maleta vacía
y dos pies descalzos
buscando correr
NUESTRAS VIDAS
De repente con la mirada
buscamos una manera de contar
qué hicimos con nuestras vidas
Sin promesas que nos dijeran a dónde vamos
nadie sabe cómo su ausencia también nos perdía
Recuerdas una luz polvorienta
que dormía en el suelo
olvidas las piedras que tira el tiempo
cuando los instantes van fuera de su orilla
Algo se queda sin decir
cuando hablamos de nosotros
UNA PALABRA COMO CASA
Señor dame una palabra
que tenga la forma de un barco un barco
de velas inextinguibles
donde pueda ir a conocer el mar
Dame esta palabra por casa
por vestido por amante
deja que ella sea mi soledad mi alimento
y no pueda sobrevivirla
Aquí estoy tan vacío de formas
y silencio…
Toda mi inspiración semeja
el ruido de unas manos atadas
necesito un barco por cuerpo
necesito el amor por mar
Escúchame por estas alucinaciones
y la vastedad de las cosas que vuelven
a su lugar