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Cronista de su propia vida

Con anécdotas de su infancia, el panameño dio alegre inicio al encuentro de las letras.

27 de enero de 2011 - 06:22 p. m.
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Rubén Blades entró tímido al teatro Heredia, pero salió cantando. Pocas veces se le ha visto con un instrumento, quizás por ahí en un video refundido con una clave, pero ayer con una guitarra cantó: “El último día en la vida de Adán García/ lo halló como todos los otros de su pasado/ soñando ganarse el ‘Gordo’ en la Lotería,/ los hijos y la mujer durmiendo a su lado”.

En la ceremonia inaugural del Hay Festival, Rubén Blades, el panameño, el ministro, el actor, hizo de cronista de su propia vida. Confesó que lo que siempre intentó realmente fue escribir, “los que escribían canciones no las desarrollaban, en función de eso desde niño empecé a hacer cuentos, lo que pasa es que lo de la música me resolvió el empleo”. Su música, dijo, se convirtió en un comentario urbano, y aunque trataron de encasillarlo como protesta, lo suyo “siempre fue la música propuesta”.

Recordó a su abuela, porque fue ella la que a pesar de la pobreza, de la realidad de una vida de padres que no habían estudiado, fue esa mamá grande la que siempre le dijo que la pobreza estaba en la cabeza. La abuela, contó Blades, también le enseñó la literatura, y siendo una libertaria de su época lo impregnó para siempre con las ganas de libertad. “Y yo, pa vivir con miedo, prefiero morir sonriendo, con el recuerdo vivo”, cantó Rubén Blades ayer recordando a la abuela.

Hizo que el público se muriera de risa cuando dijo que él había sido doblemente pobre, “una vez en español y otra en inglés”, cuando recordó sus andanzas a finales de los 60 en Nueva York, tiempos en los que su familia toda, por diferencias con el general Noriega, tuvo que dejar Panamá. Él llegó a sus 26 años sin papeles a Miami y con un diploma de abogado bajo el brazo. El primer trabajo que consiguió fue en Nueva York, con la Fania. “Logré ese trabajo porque había escrito antes un tema que se llama Guaguancó triste, que cantaron Richie Ray y Bobby Cruz, y fue por eso que me dieron el empleo, no cantando, por supuesto, sino organizando el correo”.

Contó la historia del tema El cantante, que aunque él lo escribió pensando en interpretarlo, se lo dio a Willie Colón y Héctor Lavoe, con la certeza de que “nadie la iba a cantar como ellos”. Recordó también su presentación con El gran varón en un teatro de Berlín, en 1982, la última que harían antes de que se distanciaran irremediablemente.

Hubo tiempo para la política, para expresar arrepentimientos de los errores cuando quiso formar un movimiento político, y cómo se había dado cuenta de que no se podía quedar cantando canciones. “Con canciones no se salva a Haití”. Habló y dio gracias por sus años como ministro.

Rubén Blades acaba de trabajar junto a Catalina Sandino y Peter O’Toole en una película. Nunca, dice, suele hablar de él mismo, pero ayer, con un micrófono en la mano, los asistentes al Hay Festival de Cartagena oyeron la voz preciada del cantante de Pedro navaja contar su propia historia.

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