¿Qué tienen en común un clavecinista que compuso miniaturas a comienzos del siglo XVIII y un músico pionero de la electrónica que murió hace apenas diez años? En principio, nada. Y sin embargo, el concierto que se escuchará esta noche en el Teatro Adolfo Mejía presenta como gran atractivo la alternancia de estos dos compositores: el delicado Scarlatti versus el experimental Berio. No suenan uno primero y el otro después, sino que se intercalan en un ejercicio que, como decía un periodista inglés defendiendo la música contemporánea, “al menos obliga a escuchar”.
En el mundo del disco no son comunes estas combinaciones, pero hay casos dignos de mencionar. El pianista alemán Werner Bartschi mezcló a Mozart con Arvo Part en un álbum del sello ECM. Más extremo fue el laudista Edin Karamazov (quien ha tocado con Sting) en un disco Alpha de 2003, cuando combinó una partitura de Bach con unas piezas más complejas de Benjamin Britten. Lo curioso en ambos casos es que, superada la primera impresión de contraste, queda en el aire una sensación de rara armonía.
Uno suele oír decir que los extremos se tocan, pero no todo el tiempo surgen oportunidades de comprobarlo. El pianista que alternará a Scarlatti con Berio, Andrea Lucchesini, ha estudiado a fondo a ambos compositores para ofrecernos algo más que una mezcolanza arbitraria. Según él, las obras para piano de Berio “se unen muy bien con las sonatas de Scarlatti que escogí, porque cada pieza explota un tipo de técnica en particular como el staccatto, el trino, las partes muy rápidas, alternadas. Hay características técnicas similares”.
El propio Berio trabajaba con el pasado: una parte importante de su oficio consistió en hacer arreglos y transcripciones de obras del siglo XVII (Monteverdi y Purcell, por ejemplo). En ese contexto, afirmó alguna vez que componer era hacer “una transcripción de sí mismo”. Nada sale de la nada, todo es un constante desfile de historias que toman como referencia otras historias anteriores. Quizá el concierto de esta noche nos regale cierta luz sobre uno de esos misterios del arte: que a veces las cosas que están más lejanas terminan por parecerse.