Cuatro artistas, cuatro instrumentos y dieciséis cuerdas podrían resumir los números del Cuarteto Kronos. Las cifras se alterarían al querer contabilizar los estilos musicales que ha abordado este grupo, fundado por el violinista David Harrington en 1973. Autores clásicos, compositores contemporáneos, manifestaciones folclóricas de México, expresiones africanas, ritmos cercanos al jazz, y propuestas vinculadas con el rock de todas las latitudes, han desfilado por esta iniciativa, que en la actualidad es uno de los conjuntos de cámara más influyentes en la escena artística.
Gracias a ese abanico de posibilidades es que el Cuarteto Kronos puede ofrecer en Colombia cinco conciertos con repertorios totalmente distintos dentro de una gira exigente para David Harrington y John Sherba (violines), Hank Dutt (viola) y Sunny Jungin Yang (violonchelo). Este proyecto, multiplicado desde sus primeras notas por cientos de formatos de cámara, es una marca registrada exitosa, que mezcla conquistas comerciales y complejos desarrollos conceptuales.
Antes de su primera presentación en el país, David Harrington reveló algunos secretos del Cuarteto Kronos y simplificó con anécdotas cuatro décadas de actividad musical.
¿En qué momento sintieron que era su responsabilidad salirse de las obras tradicionales para cuarteto de cuerdas y abordar otros repertorios?
Eso fue en 1973. Yo comencé a tocar en cuartetos de cuerda cuando tenía 12 años. Luego me di cuenta de que la música para cuartetos de cuerda que había escuchado era de cuatro personas que vivían en la misma ciudad: Mozart, Haydn, Beethoven y Schubert, así que sentí una gran curiosidad de saber cómo sonaba la música de los demás sitios. Desde entonces he gastado el resto de mi vida averiguándolo.
Después del Cuarteto Kronos aparecieron otros grupos de cámara con intereses similares. ¿Se consideran pioneros de una tendencia?
Creo que nuestro trabajo ha abierto puertas para otros músicos. También es justo decir que nos hemos concentrado en el mundo del cuarteto de cuerdas durante los últimos 40 años. Paralelo a esa concentración nos han llegado oportunidades increíbles de trabajar con compositores como Astor Piazzolla, Terry Riley y Laurie Anderson. Estas cosas no suceden rápidamente, se toman mucho tiempo. Siento que los miembros del Cuarteto de Kronos son parte del gran mundo del pensamiento y la exploración.
¿Cómo fue el salto a la interpretación de los repertorios populares?
Hay una historia de cómo sucedió esto. En 1978 estábamos tocando un concierto en una universidad. Teníamos una versión de La consagración de la primavera, de Stravinsky, y me puse a pensar “qué pasaría si el público pide más”, cuál sería la pieza que podríamos tocar después. Y lo único que se me ocurrió era tocar música de Jimi Hendrix. Desde 1988, el Kronos toca todos sus conciertos amplificados y las posibilidades de añadir todo tipo de sonidos y piezas se amplió inmensamente.
¿Qué tan complicado fue asumir la música popular mexicana de la manera en la que lo hicieron en el álbum ‘Nuevo’?
Fue algo que sucedió naturalmente. Nuevo es el resultado de un viaje que hicimos a México con mi esposa y mi hija en 1995. Todas las notas de ese álbum fueron cosas que escuchamos cuando estuvimos allá. Lo que quería hacer era una carta de agradecimiento para la cultura mexicana por ayudar a mi familia. Me tomó casi siete años hacer esto. Obvio, tuve mucha ayuda en este proyecto, de personas como el productor Gustavo Santaolalla.
¿Cómo lograron alternar con la música electrónica, como ocurrió con el dúo Kluster en el álbum ‘Uniko’?
Samuli Kosminen y Kimmo Pohjonen compusieron este álbum para Kronos. Comenzamos a tocar juntos y eventualmente grabamos. Encontrar el sonido para nuestros instrumentos y los de ellos fue el reto, la emoción del desafío. Nos gusta mucho tocar esto y lo haremos muy pronto.
¿Qué representó Astor Piazzolla para Kronos?
Él es una figura fundamental en nuestro trabajo. Nunca olvidaré el día en que grabamos ‘Five tango sensations’. Él, por la fuerza de su espíritu y su talento, sacó la música de nuestros instrumentos. Algunos años después tocamos en el Teatro Colón de Buenos Aires, después de su muerte. Laura Escalada, su viuda, nos invitó a su casa después del concierto. Fernando Suárez Paz, su gran violinista, también estaba ahí. La esposa de Fernando trató de enseñarme algunos pasos de tango. Lo intenté y Fernando era testigo de mi empeño. Le dije entonces: “Fernando, muéstrame cómo se hace esto”. Él dijo en un tono bajo: “David, los violinistas no bailan”.
¿Existe para ustedes la diferencia entre la música clásica y la música popular?, ¿en dónde está la frontera?
No. No hay alambre de púas para un violín, dos violas y un chelo. No siento que haya manos encima de mis oídos. Es como si uno camina por una calle y de una ventana sale ópera y de otra música country y de otra jazz. Así es como funciona. La verdad es que no tenemos demasiado control en lo que hacemos.